El avance no es puntual. Desde el año 2000, cuando los inversores internacionales representaban el 34,7% del capital, su peso se ha incrementado en 15,7 puntos porcentuales, un proceso de internacionalización que el informe atribuye a la mayor apertura del mercado bursátil frente al tejido empresarial no cotizado, donde la presencia extranjera se limita al 24,6%. Es decir, el peso foráneo en las compañías que cotizan duplica ya al que mantiene en las que no lo hacen, una brecha que según el Servicio de Estudios de BME confirma el atractivo diferencial de la Bolsa como puerta de entrada de capital internacional a la economía española.
El detalle de la inversión institucional, con datos a cierre de junio de 2026, revela hasta qué punto se ha concentrado esa presencia extranjera. Un total de 9.226 fondos privados institucionales mantenían posiciones en compañías del Ibex 35 por un valor conjunto de 307.634 millones de euros, un 48,4% más que en marzo de 2025. Europa concentra algo más de la mitad de ese volumen, 156.898 millones de euros (51%), mientras Norteamérica aporta 140.340 millones (45,6%), con Estados Unidos como principal origen individual, con 135.890 millones de euros.
BlackRock, Vanguard y Capital Group lideran
El número de grandes gestoras —aquellas con más de 500 millones de euros invertidos en el índice— pasó de 72 a 106 entre marzo de 2025 y junio de 2026, y las que mantienen posiciones en las 35 compañías del selectivo aumentaron de 11 a 15 en el mismo periodo. BlackRock, Vanguard y Capital Group encabezan el ranking por volumen, con 46.560, 38.295 y 15.227 millones de euros respectivamente, y acumulan entre las tres 100.083 millones de euros, un 43,4% más que quince meses antes.
Frente a ese avance extranjero, la participación de los hogares españoles en el capital de las cotizadas repuntó en 2025 hasta el 16,7%, nueve décimas más que el año anterior y su mejor registro en cuatro ejercicios, tras el mínimo histórico marcado en 2024. Se trata de una recuperación moderada que, sin embargo, deja a las familias muy lejos del 35,1% que llegaron a controlar en 1998, en pleno auge de las privatizaciones de empresas públicas y la popularización de la inversión bursátil minorista en España.
Según la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España, el 12,2% de los hogares españoles, unos 2,4 millones, posee directamente acciones cotizadas. La cifra sitúa a España por debajo de otras economías europeas con mayor tradición de inversión minorista y explica, en parte, el hueco que ha ido ocupando el capital institucional extranjero en las últimas dos décadas.
El Estado, del 4% de la Bolsa
Las Administraciones Públicas mantienen a cierre de 2025 una participación del 4,0% en la Bolsa española, una décima menos que el año anterior, aunque se trata de la segunda cifra más alta de los últimos 28 años, con un valor aproximado de 45.000 millones de euros. Entre las posiciones más destacadas figura la de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) en Indra, del 27,99%, y la del Estado en Telefónica, del 10%, dos participaciones que el Gobierno ha mantenido como instrumento de control sobre sectores considerados estratégicos.
A esa presencia pública se suma la de fondos soberanos y públicos de pensiones extranjeros, con el noruego Norges Bank Investment Management —gestor del mayor fondo soberano del mundo— a la cabeza, con 16.075 millones de euros invertidos en el Ibex. Su presencia ilustra cómo la Bolsa española se ha convertido en destino habitual de la liquidez de los grandes fondos de reserva estatales, en un contexto de búsqueda de rentabilidad y diversificación geográfica por parte de estos vehículos.
El resto de la estructura de propiedad se reparte entre las empresas no financieras, con un 19,4% del capital tras caer 1,2 puntos y marcar su nivel más bajo de la última década; las instituciones de inversión colectiva, seguros y otras entidades financieras no bancarias, con un 5,5%; y los bancos y cajas, con un 4,1%, un punto más que hace tres años. El descenso del peso empresarial contrasta con el ligero repunte bancario, en un momento en que las entidades financieras han recompuesto parte de sus carteras de renta variable tras años de desinversión posteriores a la crisis financiera.
El resultado conjunto configura una fotografía en la que el capital extranjero (50,4%) supera ya con holgura la suma de empresas no financieras (19,4%) y familias (16,7%), mientras instituciones de inversión colectiva y afines (5,5%), bancos (4,1%) y Administraciones Públicas (4,0%) completan el reparto. El propio Servicio de Estudios de BME subraya la necesidad de ampliar y diversificar la base inversora nacional, tanto minorista como institucional, como vía para reforzar la capacidad de financiación de las empresas españolas y europeas a través de los mercados de capitales.
Este proceso de internacionalización del capital bursátil convive con otros movimientos que también redibujan el mapa financiero español, como la operación con la que BNP Paribas abre a CaixaBank e ING las cuentas de Cetelem para venderla en 2026, un ejemplo de cómo el capital internacional también pesa en las decisiones sobre activos financieros de origen español.
La solidez del mercado bursátil español en los últimos meses se refleja igualmente en el reparto de beneficios entre accionistas: la Bolsa española repartió 35.277 millones en dividendos hasta agosto, un 6,2% más que en el mismo periodo del año anterior, un flujo de rentabilidad del que los inversores internacionales, dado su peso mayoritario en el capital, son ya los principales beneficiarios.
El informe del Servicio de Estudios de BME, con datos de cierre de 2025 para la estructura general de propiedad y de junio de 2026 para la inversión institucional, deja constancia de una tendencia consolidada desde el cambio de siglo: la progresiva internacionalización del accionariado de las grandes cotizadas españolas, con Estados Unidos y Europa como principales orígenes del capital, y una base inversora doméstica que, pese al repunte de 2025, sigue lejos de los niveles de participación que llegó a tener a finales de los noventa.


