El uso, sin embargo, se concentra en lo operativo. El 89% de los encuestados emplea la inteligencia artificial para producir contenidos, mientras que apenas el 26% la aplica a la gestión de riesgos y crisis, un desbalance que el propio documento denomina la "trampa de la productividad". La asimetría resulta pertinente para empresas panameñas expuestas a escrutinio regulatorio y mediático, de la banca a la logística portuaria, donde una crisis reputacional acarrea consecuencias económicas directas.
Un segundo hallazgo apunta a la distancia entre convicción y preparación. El 85% de los profesionales cree que la inteligencia artificial transformará la comunicación corporativa, pero solo la mitad se siente preparada para liderar ese cambio y únicamente el 8% mide su impacto de forma sistemática. Según el informe, la madurez en el uso de estas herramientas casi se duplica entre las organizaciones que sí aplican mediciones, lo que sugiere que la ausencia de métricas limita la inversión y la planificación estratégica.
El reporte también examina quién conduce la adopción dentro de las organizaciones. Cuando el área de comunicación queda al margen, la decisión recae mayoritariamente en los equipos de tecnología y, en casi una cuarta parte de los casos, no hay un liderazgo claro. En cambio, cuando comunicación participa de forma activa, el máximo ejecutivo asume un rol protagónico y la herramienta deja de tratarse como un asunto puramente técnico para convertirse en prioridad de la alta dirección.
Ese patrón tiene implicaciones para el tejido empresarial panameño, donde buena parte de las decisiones tecnológicas en compañías medianas y grandes todavía dependen de los departamentos de sistemas, sin involucrar a quienes gestionan la imagen pública o las relaciones institucionales ante entidades como la Autoridad Nacional para la Innovación Gubernamental.
La reputación algorítmica, frente inexplorado
Uno de los hallazgos más novedosos se refiere a lo que el informe denomina "reputación algorítmica": cuando un cliente, un inversionista o un regulador consulta a un asistente de inteligencia artificial sobre una empresa, la respuesta no es la que la compañía redactó, sino la síntesis que el algoritmo construye con las fuentes que considera confiables. El 74% de los encuestados ya explora cómo gestionar esa visibilidad, un porcentaje que contrasta con la escasa medición de impacto detectada en otros apartados del estudio.
La discusión llega a Panamá en un momento de riesgos digitales crecientes para las empresas del país. Los ciberataques a empresas panameñas superaron los 4 mil millones de intentos en un año, una cifra que ilustra la magnitud de la exposición tecnológica de las organizaciones locales, tanto en seguridad informática como en la gestión de su imagen pública en entornos digitales.
El informe cierra con una recomendación a los directores de comunicación: reclamar un lugar en la gobernanza de la inteligencia artificial dentro de sus organizaciones, no para disputar competencias con las áreas legales o de tecnología, sino para aportar la perspectiva que, según el documento, solo ese departamento puede ofrecer sobre el impacto reputacional de estas herramientas.
"La IA aporta la escala; las personas, el criterio", concluye el autor del informe, fundador de la firma Semiotik y experto en comunicación y manejo de crisis.


