El incendio de 2024 calcinó buena parte de la Casa Madre, el núcleo espiritual y administrativo de la comunidad budista asentada en San Amaro, en la Galicia interior. Las imágenes captadas entonces mostraban la estructura arrasada y el interior reducido a escombros, un golpe severo para un centro religioso consolidado durante décadas como uno de los referentes del budismo tibetano en España.
La comunidad, integrada por monjes de origen tibetano y por seguidores gallegos y de otras procedencias, emprendió tras el siniestro los trabajos de reconstrucción. Sus responsables sostienen que el proceso se ha completado en un plazo que califican de récord frente a la duración habitual de este tipo de restauraciones en edificios religiosos, que en España suelen prolongarse varios años cuando intervienen elementos patrimoniales o litúrgicos complejos.
Gueshe Tenzing Tamding, responsable espiritual del centro, ha recibido en estos días a visitantes en las instalaciones renovadas. El lama, monje desde los 12 años, mantiene una rutina cotidiana marcada por el té y la actividad constante. El apoyo a la reconstrucción ha procedido en buena parte de la red de seguidores repartidos por Galicia y el resto de España, que han colaborado con donativos y con trabajo material. Entre esos gestos figura el de un seguidor de una familia panadera de Cangas, en Pontevedra, que continúa llevando pastelería a la comunidad, muestra del vínculo del centro con su entorno pese a no ser una congregación de origen local.
El monasterio de San Amaro forma parte de una red reducida pero activa de centros budistas tibetanos implantados en España desde finales del siglo XX, cuando comunidades de la diáspora tibetana —tras el exilio impulsado por la ocupación china del Tíbet en 1959— comenzaron a establecer centros de retiro y estudio en Europa occidental. En Galicia, el asentamiento de San Amaro se ha mantenido más de tres décadas como un núcleo singular, alejado de los grandes circuitos urbanos y arraigado en el medio rural ourensano.
El incendio de 2024, cuyas causas no han trascendido en detalle a través de fuentes oficiales, se enmarcó en una campaña de incendios forestales especialmente intensa en Galicia durante ese verano, con Ourense entre las provincias más afectadas. El siniestro que alcanzó el monasterio no solo dañó la Casa Madre, sino que puso en riesgo el conjunto del patrimonio material y simbólico acumulado por la comunidad a lo largo de décadas.
La reconstrucción ha exigido, además de recursos económicos, un trabajo de recuperación de elementos religiosos y ornamentales propios de la tradición budista tibetana, cuya elaboración requiere en muchos casos artesanos especializados o materiales importados. La comunidad no ha detallado públicamente el coste total de las obras ni las fuentes concretas de financiación, más allá de las aportaciones de sus seguidores y colaboradores habituales.
Un modelo de reconstrucción sostenido por la propia comunidad
El caso de San Amaro se suma a otros episodios de reconstrucción patrimonial y religiosa tras catástrofes en España, como el de iglesias y ermitas rurales afectadas por incendios o inundaciones en las últimas décadas, procesos que habitualmente combinan financiación privada, aportaciones de las administraciones autonómicas y campañas de micromecenazgo. A diferencia de buena parte de esos precedentes, el monasterio budista ha optado por una reconstrucción impulsada casi en exclusiva por su propia comunidad y su red de apoyo, sin que consten aportaciones públicas relevantes.
La recuperación del edificio llega en un momento en que el monasterio retoma su actividad habitual de retiros, enseñanza y encuentros abiertos al público, una oferta condicionada en los últimos dos años por los daños del incendio y por las obras. El centro no ha anunciado por ahora un calendario detallado de actividades, aunque apunta a una progresiva normalización de los programas de retiro en los próximos meses.
El episodio ilustra también la exposición del patrimonio rural gallego —religioso o cultural— al riesgo de incendios forestales, un fenómeno que las administraciones autonómica y estatal han situado como prioridad en sus planes de prevención tras los sucesivos veranos de alta virulencia registrados en la última década en el noroeste peninsular. La reapertura de la Casa Madre marca el cierre del proceso de reconstrucción, a la espera de que la comunidad concrete el retorno pleno de sus actividades de retiro y enseñanza en los próximos meses.


