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Noja multiplica por casi 40 su población en verano por el turismo

El municipio cántabro de la Trasmiera pasa de 2.600 habitantes a rozar los 100.000 en agosto, con casi la mitad de sus viviendas de uso esporádico.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Noja, un municipio de la comarca cántabra de Trasmiera con unos 2.600 habitantes censados en invierno, llega a alojar a cerca de 100.000 personas en los picos de la temporada estival, según cifras atribuidas al sector turístico local.

El contraste demográfico de Noja no es una anomalía puntual, sino un patrón que se repite cada año entre junio y septiembre. El Instituto Nacional de Estadística (INE) recogió en su censo de 2021 que el 47,7% de las viviendas del municipio son de uso esporádico, es decir, segundas residencias ocupadas solo durante determinados periodos del año. Ese dato, el más reciente disponible con desagregación municipal, sitúa a Noja entre los ayuntamientos cántabros con mayor proporción de vivienda vacacional y explica en buena medida la capacidad de la localidad para absorber semejante volumen de visitantes sin un parque residencial permanente equivalente.

La comparación con Benidorm, que circula entre visitantes y medios especializados, alude al fenómeno de masificación estacional más que a un parecido urbanístico. Mientras la localidad alicantina desarrolló desde los años sesenta un modelo de rascacielos y turismo de sol y playa a gran escala, Noja mantiene una edificación de baja altura y un núcleo histórico reconocible, aunque comparte con aquella el mismo mecanismo de fondo: una población que se multiplica varias veces su tamaño censal en pocas semanas.

La ubicación geográfica resulta determinante. El municipio se encuentra a unos 40 kilómetros de Santander y a unos 80 de Bilbao, lo que lo convierte en un destino de proximidad especialmente atractivo para el turismo procedente del País Vasco, comunidad limítrofe con tradición de veraneo en la costa cántabra desde mediados del siglo XX. Esa cercanía, unida a la existencia de segundas residencias adquiridas por generaciones de familias vascas, alimenta un flujo recurrente que se intensifica los fines de semana y en agosto.

Cantabria ha reforzado en los últimos años su posicionamiento como alternativa a los destinos mediterráneos afectados por el calor extremo del verano. Con más de 280 kilómetros de costa, un clima más templado que el del sur y el levante peninsular y una oferta que combina playa, montaña y patrimonio rural, la comunidad ha visto crecer sus cifras de visitantes hasta alcanzar el récord de 2025 recogido por las estadísticas turísticas regionales.

Dentro de esa oferta, Noja destaca por sus dos playas principales, Trengandín y Ris, ambas de arena fina y aguas limpias, que en los meses centrales del verano registran una ocupación elevada. A ellas se suma un entorno natural protegido, las Marismas de Victoria y Joyel, un humedal declarado espacio protegido y punto de referencia para la observación de aves migratorias, que introduce una tensión adicional entre la conservación ambiental y la presión turística.

Patrimonio histórico que convive con la presión estival

El municipio conserva un patrimonio que trasciende su imagen actual de destino de sol y playa. Entre sus edificaciones más notables figuran el Palacio de Albaicín, adquirido en el siglo XIX por Obdulia Bonifaz y hoy sede de la Casa de Cultura municipal; la Iglesia de San Pedro, de estructura medieval; la ermita de San Juan; la Torre de los Velasco; y el Molino de Victoria, declarado Bien de Interés Cultural. Ese legado convive con la infraestructura hotelera, de apartamentos turísticos y de restauración desarrollada para atender la demanda estival.

El fenómeno de la masificación turística estacional no es exclusivo de Noja ni de Cantabria. Localidades costeras de toda España, desde el propio Benidorm hasta municipios de Baleares o la Costa Brava, afrontan desde hace décadas el reto de dimensionar servicios públicos —sanidad, seguridad, gestión de residuos y abastecimiento de agua— para una población que se multiplica en un periodo muy breve. La figura de la vivienda de uso esporádico que emplea el INE permite medir precisamente ese desfase entre población censal y ocupación real.

Las administraciones locales y regionales no han cuantificado públicamente, según la información disponible, el impacto exacto que este pico poblacional genera sobre los servicios municipales de Noja. El patrón se repite con cada temporada alta y obliga a un despliegue logístico en materia de tráfico, limpieza viaria y atención sanitaria de urgencia, cuestiones que los ayuntamientos suelen abordar mediante refuerzos temporales de personal y presupuestos extraordinarios.

El acceso a Noja se realiza fundamentalmente por carretera. Desde Madrid, el trayecto por la A-1 hasta Burgos, la A-231 hacia Aguilar de Campoo y la A-67 en dirección a Santander, con enlace final por la CA-146 y la CA-141, supone un viaje de aproximadamente cuatro horas y media. En transporte público, la combinación de tren hasta Santander y autobús de la compañía Alsa hasta el municipio, con un trayecto adicional de alrededor de una hora, constituye la alternativa habitual.

De cara a los próximos meses, el reto para Noja y para el conjunto del litoral cántabro pasa por conciliar el atractivo turístico que impulsa su economía local con la sostenibilidad de un modelo que multiplica su población en agosto. La evolución de los datos de pernoctaciones y visitantes al cierre de la temporada 2026 permitirá comprobar si la tendencia al alza registrada en 2025 se consolida o si el propio fenómeno de saturación empieza a generar efectos de contención sobre la afluencia.

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