El ataque más directo de la noche señaló a El Sayed, a quien Trump acusó de haber buscado firmas en una mezquita radical donde, según el presidente, se refería a Estados Unidos como «la casa de Satán». «Nosotros lo llamamos la casa de Dios», respondió ante sus seguidores. Desde esa acusación individual amplió el reproche a toda la oposición, en una escalada retórica que marcó el tono del último acto antes de los comicios.
«Un partido que odia a Estados Unidos no puede gobernar a la gente que construyó nuestro país», afirmó Donald Trump, presidente de Estados Unidos, en su mitin de cierre de campaña en Washington.
Este martes se eligen los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado, además de gobernadores en 36 estados y numerosos cargos estatales y locales. La presidencia no está en juego, pero sí el control del Congreso durante los dos últimos años de mandato: conservar una mayoría que facilite su agenda legislativa o enfrentarse a una oposición con capacidad de bloquear presupuestos, abrir investigaciones y, en el extremo, promover un nuevo 'impeachment'. Las legislativas de mitad de mandato suelen castigar al partido del presidente: en 2018, con Trump ya en la Casa Blanca, los demócratas arrebataron la Cámara a los republicanos.
29 mítines en dos semanas y media
Pese a no concurrir él mismo a las urnas, Trump ha actuado como si la presidencia estuviera en juego. Ha ofrecido 29 mítines en dos semanas y media, con paradas en Texas, Misisipi, Iowa, Kansas y hasta Alaska, pidiendo en cada escenario a quienes le devolvieron a la Casa Blanca que volvieran a votar para respaldarle, aunque su nombre no apareciera en la papeleta.
El acto se celebró junto al estanque reflectante del National Mall, inmortalizado en películas como 'Forrest Gump', que Trump mandó pintar de azul y reabrir el pasado verano antes de que se llenara de algas y suciedad y tuviera que ser vaciado y reparado. Este lunes marcó su reapertura, convertida en escenario de un cierre de campaña que tuvo tanto de inauguración de obra como de defensa de su propia presidencia.
El presidente repasó fuentes reparadas, farolas arregladas, pintadas borradas y césped nuevo en la Casa Blanca, elogió el helipuerto y adelantó un futuro Arco Triunfal y un nuevo campo de golf. El argumento de fondo era siempre el mismo: había encontrado una capital deteriorada y la había arreglado, y pedía dos años más de mayoría republicana en el Congreso para repetir la operación en el resto del país.
La elección del escenario resultó paradójica: la capital federal es terreno demócrata por mayorías superiores al 90% en elecciones recientes. Aun así, Trump dedicó buena parte del discurso a reformas de corte municipal, en una ciudad donde sus políticas cuentan con escaso respaldo electoral, reforzando la imagen de un balance de gestión más que de una arenga partidista convencional.
La inflación frente al relato triunfal
El discurso triunfalista convive con una inflación del 3,7%, la variable económica que más pesa en el ánimo de los votantes. El presidente describió un país «prosperando como nunca» y aseguró que «hemos cumplido todas las promesas», con ingresos personales récord y la pobreza en mínimos históricos, pero no abordó el coste de la cesta de la compra, el alquiler o las facturas médicas, que es donde los hogares perciben con mayor intensidad la subida de precios.
Sobre el encarecimiento del combustible, Trump prometió que el petróleo «va a bajar mucho más» porque Estados Unidos está «ganando fácilmente» la guerra con Irán, un conflicto que se prolonga ya varios meses sin resolución visible. En su relato, los problemas del país están resueltos o a punto de estarlo, y el riesgo que plantea es que una victoria demócrata deshaga ese avance.
A la oposición la calificó como «la lista de candidatos más extremista y peligrosa de la historia estadounidense», a la que atribuyó una agenda de fronteras abiertas, subidas de impuestos, restricciones al acceso a las armas y eliminación de los combustibles fósiles. Añadió que los demócratas buscarían la entrada de millones de inmigrantes para sumar votantes, una acusación que ha repetido en mítines anteriores.
Los dos Dan Sullivan en Alaska
Trump calificó también al Partido Demócrata de «muy, muy corrupto» y denunció como «fraude electoral» la candidatura en Alaska de un segundo Dan Sullivan, nombre idéntico al del senador republicano que busca la reelección. Una investigación del diario 'The New York Times' reveló que fueron los propios demócratas quienes localizaron y animaron a presentarse a ese otro Dan Sullivan como candidato independiente, con el objetivo de dividir el voto conservador y favorecer a la aspirante demócrata, Mary Perolta.
El episodio ilustra el tono de una campaña en la que el presidente ha mezclado gestión municipal, promesas económicas directas —como los 5.000 dólares (4.466 euros) por adulto que ha prometido repetidamente si los republicanos retienen el Congreso— y advertencias sobre amenazas internas que van del comunismo al yihadismo. El pulso por el poder institucional recorre estos meses a varias democracias: en Polonia, una jueza de provincias se autoproclamó presidenta del Constitucional en medio de una batalla entre poderes.
Con el Capitolio al fondo de su último mitin, Trump cerró su alegato con la misma frase con la que había extendido el ataque: «Un partido que odia a Estados Unidos no puede gobernar a la gente que construyó nuestro país». El recuento de este martes determinará si dispone de un Congreso afín para sus dos últimos años de mandato o si deberá gobernar con una o ambas cámaras en manos de la oposición.
