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Los expertos desaconsejan aplastar el 'Sclerodermus domesticus', depredador de la carcoma

Fora Plagues advierte de que eliminar al llamado 'amigo de los anticuarios' deja sin freno natural a las larvas que dañan la madera antigua.

Por Redacción de El Hemiciclo·
3 min de lectura
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Un insecto de entre dos y cinco milímetros, el Sclerodermus domesticus, actúa como depredador natural de la carcoma en hogares con muebles antiguos, por lo que la empresa de control de plagas Fora Plagues desaconseja eliminarlo sin atajar antes la infestación de larvas que lo atrae. Su erradicación indiscriminada, según esos especialistas, deja sin freno biológico a los coleópteros xilófagos que deterioran la madera y erosionan el valor patrimonial de piezas históricas.

Apodado «amigo de los anticuarios», el Sclerodermus domesticus presenta un aspecto similar al de una hormiga pequeña. Las hembras, de color marrón oscuro y carentes de alas, localizan las galerías excavadas por las larvas de carcoma en la madera, las paralizan con un aguijón modificado provisto de glándulas venenosas y depositan sobre ellas sus huevos. Cuando las crías nacen, disponen de alimento inmediato, un mecanismo que perpetúa el ciclo de control biológico sin intervención humana.

Los machos, por el contrario, son alados y rara vez se observan en el interior de las casas, ya que su vida tras la reproducción es muy breve. Son las hembras, sin alas, las que circulan por suelos, rodapiés y muebles, lo que explica que casi siempre sean ellas las avistadas por los residentes de una vivienda afectada por la carcoma.

La distribución de la especie abarca regiones de clima templado en varios continentes, con presencia confirmada en España, Francia, Italia, Alemania, Estados Unidos y Costa Rica. En el exterior, el insecto habita preferentemente troncos y restos de madera en descomposición; dentro del hogar se concentra en muebles antiguos o estructuras deterioradas, allí donde prolifera la carcoma que constituye su fuente de alimento.

Esa dependencia estrecha entre depredador y presa es la que sustenta la recomendación de no combatir al insecto de forma aislada. La actividad del Sclerodermus domesticus se intensifica en primavera y otoño, coincidiendo con los periodos de mayor movimiento de las larvas dentro de la madera. Es en esas estaciones cuando los avistamientos en interiores aumentan y, con ellos, el riesgo de contacto directo con los habitantes de la vivienda.

La convivencia con esta especie no está exenta de inconvenientes. Las picaduras de las hembras resultan dolorosas y pueden provocar inflamación, picor intenso y, en determinados casos, fiebre, dermatitis o malestar general. Las zonas más expuestas —espalda, cuello y brazos— concentran las lesiones, que pueden prolongarse durante dos semanas o más, ya que un solo ejemplar es capaz de picar varias veces.

En los casos más intensos, las reacciones alérgicas asociadas a estas picaduras han llegado a derivar en cuadros de ansiedad o afectaciones al bienestar psicológico de las personas afectadas, según la información difundida por Fora Plagues. Es esa dimensión molesta la que suele empujar a los residentes a aplastar al insecto en cuanto lo avistan, sin reparar en su función.

Tratar la carcoma antes que al insecto

Ante la aparición de picaduras inexplicables o signos de deterioro por carcoma en muebles y estructuras de madera, los especialistas en control de plagas recomiendan acudir a profesionales antes de intentar eliminar al insecto por cuenta propia. El razonamiento es directo: aplastar al Sclerodermus domesticus sin atajar la infestación que lo atrae no resuelve el problema de fondo, sino que suprime al único depredador natural capaz de contenerlo.

El tratamiento considerado efectivo pasa, por tanto, por erradicar primero la carcoma mediante intervenciones específicas sobre la madera afectada. Solo así desaparece también la fuente de alimento del insecto y se reduce de forma natural su presencia en el hogar, sin necesidad de una eliminación directa que podría resultar contraproducente para la conservación de muebles antiguos.

El recurso al control biológico frente a la aplicación de insecticidas no es nuevo en la lucha contra las plagas: la cría y suelta de depredadores o parasitoides para contener especies dañinas se emplea en agricultura y conservación desde el siglo XIX, cuando California introdujo la mariquita australiana Rodolia cardinalis para salvar sus cítricos de una plaga de cochinilla en 1888, uno de los primeros éxitos documentados de esta técnica.

La disyuntiva entre especies beneficiosas y perjudiciales que conviven en un mismo espacio recorre otros ámbitos de la convivencia con el entorno, como ilustra el caso de un niño de 6 años que vende huevos en Brasil para costear su matrícula escolar, donde supervivencia y recursos limitados se entrelazan de otro modo.

El caso del Sclerodermus domesticus recuerda que no todos los insectos hallados en una vivienda representan una amenaza equivalente, y que distinguir entre plaga y depredador de plaga condiciona la respuesta. La recomendación que sostiene Fora Plagues se mantiene: antes de eliminar, identificar; y antes de erradicar al insecto, tratar la carcoma que lo convirtió en huésped del hogar.

Los especialistas insisten en que la presencia de esta especie suele ser síntoma de un problema previo —la madera ya infestada— más que su causa. Suprimir al depredador sin tocar la carcoma, concluyen, puede agravar el deterioro de los muebles antiguos que el insecto, de forma involuntaria, contribuía a proteger.

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Fuentes

  1. OKDiariookdiario.com

Material del que parte esta pieza. El texto es propio; los enlaces llevan al original.

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