El veredicto, conocido esta semana, ha generado el rechazo de todas las partes acusadoras, que lo tachan de incoherente. Según las cuestiones probadas por el propio jurado —una batería de preguntas que ocupaba cerca de siete folios—, la víctima no pudo defenderse ni levantarse del suelo durante la agresión, un extremo que, sostienen las acusaciones, debería haber llevado a apreciar alevosía y a calificar los hechos como asesinato.
Los forenses descartaron la versión del acusado, que defendió que su mujer murió al caer de la cama y quedar encajada entre el mueble y la mesilla de noche. Los informes periciales concluyeron que la muerte fue una asfixia mecánica provocada por una presión intensa y sostenida, incompatible con una caída accidental y ejercida, señalaron, aprovechando la vulnerabilidad de la víctima.
La prueba central del juicio fueron varias grabaciones y fotografías que el propio Dopico realizó con su teléfono móvil la madrugada de los hechos y que entregó voluntariamente a los investigadores. En ellas se ve a Mercedes Ríos tendida en el suelo, incapaz de incorporarse, mientras su marido la insulta y la veja sin mostrar intención de socorrerla. Cuando los primeros agentes llegaron al domicilio, en la avenida de Gran Canaria, les llamó la atención la frialdad del marido, centrado en el coste del entierro y en que los investigadores vieran esas imágenes.
La letrada Mercedes de la Puente Formoso, del despacho coruñés Alonso&Delapuente, que ejerce la acusación en representación de uno de los hijos de la pareja, sostiene que el acusado pretendía utilizar esas grabaciones para exculparse.
«Creyendo que le hacía un bien a su defensa y que lo exculpaban, el acusado quiso mostrarlos, y todos los integrantes del jurado popular pudieron verlos, pero consiguió el efecto contrario», afirma Mercedes de la Puente Formoso, abogada de la acusación particular.
Cuando la defensa percibió que el material perjudicaba a su cliente, Dopico cambió de versión y afirmó que los vídeos correspondían a otro día distinto al de la muerte, extremo que la prueba tecnológica policial desmintió.
Tres hijos declararon contra su padre
Durante el plenario declararon tres de los hijos de la pareja, que acusaron a su padre de agredir físicamente a la madre de forma habitual a lo largo de los 55 años de matrimonio, con moratones que ella «nunca denunció» y que trataba de ocultar. Los hijos se enteraron de la muerte por un mensaje de texto que el propio Dopico les envió esa mañana: «Mamá murió», sin ninguna explicación. Uno de ellos fue expulsado de la sala tras encararse con su padre, a quien describió como un hombre «machista y agresivo» que convirtió la convivencia en «una pesadilla de muchos años». Los vecinos corroboraron que los gritos eran frecuentes y que la noche de la muerte hubo una nueva pelea.
En su turno de última palabra, Dopico reiteró que a su mujer la quería «con locura» y defendió que la caída de la cama fue accidental, pero que ella no le dejó llamar a emergencias, por lo que se marchó a dormir a otra habitación. El jurado no dio por buena esa versión, aunque tampoco reconoció la alevosía que reclamaban las acusaciones. «No supieron ver la alevosía», sostiene la acusación, que recuerda que dos de las cuestiones probadas por los propios jurados confirman que la víctima no pudo defenderse.
El juicio por jurado se regula en España por la Ley Orgánica 5/1995, que reserva a estos tribunales ciudadanos los delitos contra las personas, entre ellos el homicidio y el asesinato; corresponde al magistrado presidente redactar la sentencia conforme al veredicto, que puede recurrirse ante el Tribunal Superior de Justicia por falta de motivación o incongruencia. La figura del jurado popular ha estado en el centro de controversias recientes como la que motivó la concentración en Badajoz en apoyo a la jueza Biedma.
La Fiscalía elevó la voz nada más conocer el veredicto y anunció que recurrirá ante el Tribunal Superior de Justicia de Galicia por entender que contiene «graves» incongruencias, una vía que, de prosperar, podría forzar la repetición del juicio. El resto de acusaciones, una por cada hijo, también estudian recurrir al considerar insuficiente la pena. A la espera de la sentencia que deberá redactar la magistrada de la Audiencia Provincial en las próximas semanas, la defensa plantea que Dopico cumpla condena en reclusión domiciliaria por motivos de salud, petición que las acusaciones rechazan al sostener que el acusado presenta únicamente lesiones «precancerosas» no incapacitantes.

