Koch, nacida en Michigan en 1979 y licenciada en Ingeniería Eléctrica y Física por la Universidad Estatal de Carolina del Norte, viajó a bordo del cohete Space Launch System junto a los estadounidenses Reid Wiseman y Victor Glover y el canadiense Jeremy Hansen. La tripulación alcanzó una región lunar nunca antes habitada por el ser humano. La organización del premio destacó en su página web oficial que su trayectoria es «una inspiración para futuras generaciones —sobre todo de mujeres— y un símbolo de la capacidad humana para superar retos y desafíos a través del trabajo, la colaboración y la empatía».
«Una misión de todos y para todos» fue el lema que la tripulación adoptó durante la preparación del vuelo. Según relató la propia Koch, surgió de las conversaciones internas sobre los valores que debían guiar la expedición y terminó integrado en el logotipo oficial de Artemis II. «Lo repetimos una y otra vez, lo incorporamos al logo de nuestra misión y en nuestras interacciones», explicó la astronauta.
Durante su intervención, Koch recordó una videollamada a su marido desde una distancia de 400.000 kilómetros, un momento que describió como revelador del verdadero propósito de la misión más allá del récord de distancia.
«Escuché con incredulidad, me sequé las lágrimas y dije: ‘Eso es lo que siempre quisimos’», relató Christina Koch, astronauta de la misión Artemis II.
La astronauta extendió esa reflexión personal a una conclusión sobre la condición humana, que presentó como el verdadero legado del viaje por encima de cualquier marca técnica. «Todos los seres humanos compartimos la misma esencia: la necesidad de sentir amor», sostuvo, antes de reclamar que el premio fuera compartido: «Hoy quiero más. Quiero que el mundo entero acepte conmigo este premio».
«Hizo falta enviar a personas alrededor de la Luna para que el mensaje resultara lo suficientemente convincente y que el amor triunfara. No esperen a la próxima misión a la Luna para darse cuenta de que sus semejantes son sus compañeros de tripulación», afirmó Koch en su discurso de recogida del premio.
Los Premios Princesa de Asturias, concedidos por la fundación del mismo nombre desde 1981 —bajo la denominación de Príncipe de Asturias hasta 2015—, distinguen cada otoño en Oviedo ocho categorías, entre ellas la de la Concordia, reservada a instituciones o personas cuya labor ejemplar contribuye al entendimiento entre los pueblos. El galardón se inscribe en la atención renovada hacia la divulgación científica y cultural, terreno en el que también figura un análisis de 10.000 películas que desmonta el mito del crítico desconectado del público, publicado recientemente en esta sección.
Koch cerró su discurso con una mención directa al país anfitrión del galardón, en la que vinculó el reconocimiento institucional con un gesto cotidiano de solidaridad.
«España, este reconocimiento es el segundo regalo que me haces, hoy aquí, en este escenario real. El primero fue, sencillamente, preocuparte por los demás seres humanos y ese regalo tuvo lugar en el escenario más importante: una calle cualquiera del planeta Tierra», finalizó la astronauta.