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3.500 operarios desmontan en 72 horas la mayor instalación efímera del centro de Madrid

La visita de León XIV dejó 1.300 altavoces, 70 torres de sonido y 2.000 baños portátiles en el eje de la Castellana. El plazo para liberar el tráfico: el miércoles.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Menos de 24 horas después de que más de un millón de fieles —cifra facilitada por la organización— abandonaran el paseo del Prado y la Castellana tras la misa pontifical del domingo, los equipos de producción de los dos grandes eventos de la visita de León XIV a Madrid habían retirado ya la práctica totalidad de los elementos que durante días transformaron el eje central de la capital en el mayor recinto litúrgico al aire libre organizado en la ciudad en las últimas décadas.

El perímetro de la operación: de Lima a Neptuno sin salir del centro

La dimensión física del dispositivo explica la magnitud del desafío logístico. La Vigilia del sábado por la noche ocupó un corredor que se extendía desde la plaza de Lima, en pleno corazón del distrito financiero de Azca, hasta las inmediaciones de la plaza de San Juan de la Cruz. Mientras ese evento se desarrollaba, los equipos de producción trabajaban ya de forma simultánea en el tramo comprendido entre la glorieta de Colón y la fuente de Neptuno, así como en la franja transversal que une Gran Vía con la Puerta de Alcalá, espacio donde al día siguiente tendría lugar la misa. Dos operativos de escala metropolitana solapados en el tiempo y en el espacio, con el eje de la Castellana como columna vertebral compartida.

El escenario de la misa superaba los 600 metros cuadrados de superficie construida, según los datos aportados por la dirección de producción. A ese volumen se sumaban 70 torres de sonido con pantallas integradas, 1.300 altavoces distribuidos a lo largo del recorrido, 2.000 baños portátiles, 90 fuentes de agua potable habilitadas exclusivamente para los asistentes y varios kilómetros de vallas de sectorización. Ninguno de estos elementos pertenece al mobiliario urbano permanente: todo fue instalado, utilizado y retirado en un intervalo de días.

La logística del desmontaje: plazos por tramos y cortes nocturnos

El plan de retirada diseñado por el Ayuntamiento de Madrid y la producción del evento divide el desmontaje en fases vinculadas a los condicionantes del tráfico. El lunes, un carril de la calle Alcalá entre Gran Vía y su conexión con la Castellana quedó ocupado entre las 8.00 y las 22.00 horas para retirar las torres aún en pie en esa zona. Durante la noche del lunes al martes, los trabajos se concentraron en el paseo del Prado. El martes por la noche le corresponde el turno al carril bus de Serrano y al tramo de Alcalá comprendido entre Cibeles y la Puerta de Alcalá. El coro situado frente al escenario de la misa, instalado sobre las dársenas y paradas de las líneas nocturnas de la EMT, se desmontó en horario nocturno para minimizar la afección al servicio. Según el Consistorio, esas dársenas quedarán plenamente operativas el sábado siguiente.

En la plaza de Lima, el desmontaje presenta una complicación añadida: las obras del Metro que se ejecutan en la zona limitan la capacidad de maniobra. Los anillos de la glorieta operan en modo restringido —solo sentido norte-sur, sur-norte y giros a la derecha desde General Perón y Concha Espina— hasta que el escenario quede completamente retirado, fecha prevista para el miércoles a las 22.00 horas. La interacción entre dos grandes operaciones de obra e infraestructura en un nudo viario de primer orden obliga a una coordinación milimétrica entre la producción del evento, la concesionaria del Metro y los servicios de movilidad municipales.

Los residuos: 37.900 toneladas que refutan la imagen habitual del gran evento

Uno de los indicadores que la organización subraya como dato diferencial es el volumen de residuos recogidos. Según las cifras facilitadas por la producción, los servicios de limpieza retiraron 19.000 toneladas de basura el día de la Vigilia y 18.900 toneladas el día de la misa, totalizando cerca de 37.900 toneladas en dos jornadas. El propio director de producción y los vecinos consultados coinciden en señalar que el comportamiento de los asistentes fue notablemente ordenado, lo que se tradujo en una limpieza más rápida y en menos incidencias de las habituales en concentraciones de magnitud comparable. Carlos, vecino que presenció la Vigilia desde su balcón, lo describió con una imagen: «El silencio era por momentos sepulcral, nada que ver con otros eventos». La comparación con grandes conciertos o festivales urbanos —donde la recogida de residuos puede prolongarse varios días y genera conflictos vecinales documentados— resulta, en este caso, favorable al evento religioso.

La naturaleza del público explica en parte ese comportamiento. Los peregrinos que acuden a jornadas papales constituyen un segmento con dinámicas propias: organizados en grupos parroquiales o diocesanos, con coordinación interna y un sentido de responsabilidad colectiva distinto al de otros eventos masivos. No es, por tanto, un mérito exclusivo de la producción, sino el resultado de la interacción entre un dispositivo logístico bien dimensionado y un tipo de asistente con pautas de conducta específicas.

Precedentes y escala: qué sitúa esta operación en el mapa logístico europeo

Mariano Rodríguez afirma que «nunca se ha hecho en esta ciudad un montaje tan grande de dos eventos separados por apenas unas horas» y añade que, a partir de ahora, «se compararán con nosotros». La afirmación merece contexto. Las Jornadas Mundiales de la Juventud celebradas en Madrid en agosto de 2011, bajo el pontificado de Benedicto XVI, reunieron a varios millones de peregrinos en Cuatro Vientos y utilizaron el eje de la Castellana para actos previos, pero la superficie ocupada en el centro urbano consolidado fue menor y el dispositivo de escenarios no alcanzó la simultaneidad descrita para los eventos de 2025. En Roma, la plaza de San Pedro y sus aledaños absorben habitualmente grandes concentraciones litúrgicas, pero se trata de un espacio diseñado para esa función; el reto de Madrid reside precisamente en haber convertido una arteria de circulación densa en un recinto de uso temporal sin clausurar el centro durante días.

Fuera del ámbito religioso, los grandes conciertos en el estadio Santiago Bernabéu o en el Metropolitano generan operativos de entre 500 y 1.500 personas para montaje y desmontaje, según estimaciones del sector de producción de eventos. El salto hasta los 3.500 operarios citados para la visita papal sitúa esta operación en una categoría diferente, comparable únicamente a las instalaciones para grandes cumbres internacionales —G-7, G-20— o a las infraestructuras efímeras de ceremonias olímpicas, donde los plazos de desmontaje también se miden en semanas, no en días.

El destino del patrimonio litúrgico: la Archidiócesis asume la custodia

No todos los elementos instalados desaparecerán del mapa. Los elementos ornamentales y litúrgicos creados específicamente para la ocasión —entre ellos la cruz diseñada por el artista madrileño Samuel González, cuya escala la hacía visible desde la plaza de Castilla— quedan en manos de la Archidiócesis de Madrid, según confirmó Rodríguez. El criterio es el habitual en las visitas papales: los objetos litúrgicos de nueva creación pasan a la Iglesia local, que determina su uso futuro —exposición permanente, itinerancia por parroquias, integración en espacios catedralicios—. La Archidiócesis no ha detallado públicamente el destino de cada pieza, pero la práctica consolidada en visitas anteriores —incluida la de Juan Pablo II a Madrid en 1982 y 1993, o la de Benedicto XVI en 2011— indica que estas obras acaban formando parte del patrimonio artístico-devocional de la diócesis receptora.

La decisión de situar ambos eventos en el centro de la ciudad, y no en recintos periféricos de mayor capacidad teórica, respondió a una elección deliberada. «Era algo histórico y teníamos que llevarlo al centro», explicó Rodríguez, descartando además que existiera algún espacio cerrado capaz de albergar a más de un millón de personas. Esta elección maximiza el impacto simbólico pero traslada la presión logística a un tejido urbano denso, con redes de transporte público en funcionamiento, vecinos residentes y comercio activo. El balance, según el Ayuntamiento, arroja incidencias «mínimas», aunque la expresión carece de definición operativa precisa en los comunicados municipales consultados.

El coste invisible: comercio de proximidad y la paradoja del recinto acotado

El relato de recuperación rápida y daños colaterales mínimos encuentra una excepción significativa en el comercio minorista de souvenirs próximo al estadio Santiago Bernabéu. Los puestos ubicados dentro del perímetro acotado sufrieron una caída de ventas que los propios vendedores cifran en una reducción del precio de los recuerdos a la mitad. La razón es estructural: el negocio de los puestos ambulantes depende del flujo espontáneo de personas que circulan libremente, no de una multitud canalizada hacia puntos de acceso controlados. El acotamiento de seguridad, necesario para gestionar aforos de esa magnitud, actúa como barrera para el comercio de impulso. La paradoja es conocida en la gestión de grandes eventos urbanos: cuanto mayor es la concentración de personas en un radio reducido, mayor es el control de accesos y menor la permeabilidad comercial para los establecimientos del entorno inmediato.

Fuentes del Ayuntamiento no han ofrecido datos sobre el impacto económico agregado de los dos días de eventos en el conjunto del comercio y la hostelería del centro. El encuentro de León XIV con la comunidad diocesana celebrado el lunes por la tarde, penúltima parada de la visita, generó una nueva concentración en las inmediaciones del Bernabéu que los comerciantes esperaban que paliara, al menos parcialmente, las pérdidas acumuladas durante los días de acotamiento.

Plazos finales y el retorno a la normalidad

El calendario de desmontaje establece el miércoles a las 22.00 horas como fecha límite para que la plaza de Lima y su entorno queden completamente despejados. Los trabajos nocturnos en el paseo de la Castellana entre San Juan de la Cruz y el puente de Raimundo Fernández Villaverde, así como en el paseo del Prado, completan el cuadro de intervenciones previstas. Una vez retiradas todas las estructuras, el Ayuntamiento deberá ejecutar las tareas de reposición del pavimento y el mobiliario urbano que hayan podido sufrir deterioro por el tránsito intensivo de maquinaria pesada, aunque la organización no ha hecho pública ninguna evaluación de daños en la vía pública. El tráfico en la Castellana ya registraba el lunes una fluidez superior a la habitual, según la dirección de producción, lo que sugiere que el impacto residual sobre la movilidad es decreciente y acotado a los tramos donde aún quedan torres en pie. La capital retorna, torre a torre y valla a valla, a su geometría ordinaria.

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