Durante buena parte del siglo XX, los silos de cereal formaron parte inseparable del paisaje rural español. Levantados en hormigón armado para almacenar cosechas a granel, cumplieron una función logística esencial en la economía agrícola de posguerra y las décadas posteriores, ligada en su origen al Servicio Nacional del Trigo creado en 1937. La modernización de los sistemas de producción y distribución del grano fue dejando muchas de estas estructuras sin uso, y hoy constituyen un patrimonio industrial disperso por el territorio extremeño y portugués, sin función definida más allá de su valor arquitectónico.
THESILO —acrónimo de Thermal Energy Storage in Silos— plantea dar a esas construcciones una segunda vida vinculada a uno de los problemas centrales de la transición energética: qué hacer con los excedentes de generación solar y eólica cuando la producción supera momentáneamente la demanda o la capacidad de absorción de la red eléctrica. Extremadura se ha consolidado como uno de los principales referentes nacionales en generación de energía limpia, lo que la convierte en un territorio especialmente expuesto a los vertidos o limitaciones de producción por saturación de la red.
La solución que propone el consorcio no pasa por construir nuevas infraestructuras de almacenamiento, sino por reutilizar estructuras ya existentes, robustas y bien ubicadas. La tecnología en la que se apoya se conoce como Power-to-Heat (P2H): consiste en transformar la electricidad sobrante de origen renovable en energía térmica, que después se almacena dentro del silo mediante materiales capaces de retener altas temperaturas durante periodos prolongados. Ese calor podría emplearse posteriormente para abastecer procesos industriales cercanos o suministrar calefacción a instalaciones próximas, con el objetivo de reducir el consumo de combustibles fósiles y mejorar el aprovechamiento de una energía que, de otro modo, se perdería.
Por qué un silo de grano
Los antiguos silos reúnen, según los promotores del proyecto, varias características que los hacen aptos para esta función. Fueron diseñados para soportar cargas elevadas durante décadas de uso intensivo, lo que garantiza una resistencia estructural ya probada. Su hormigón armado ofrece, además, una notable inercia térmica, precisamente la propiedad que se necesita para conservar el calor almacenado durante horas o días sin grandes pérdidas. A ello se suma su ubicación: muchos se levantan cerca de núcleos rurales, explotaciones agrícolas o infraestructuras eléctricas ya existentes. Reutilizarlos permitiría, en teoría, reducir costes de obra civil, evitar nuevas construcciones y devolver actividad a edificios que en muchos casos llevan varias décadas cerrados.
El consorcio que impulsa THESILO está formado, junto al CIIAE, por la Agencia Extremeña de la Energía (AGENEX), que aporta su experiencia previa en energías renovables, eficiencia energética y transferencia de conocimiento para facilitar la futura implantación y replicabilidad de estas soluciones, y por el Instituto Tecnológico de Rocas Ornamentales y Materiales de Construcción (INTROMAC), especializado en el comportamiento de materiales de construcción, que estudia cómo adaptar estructuralmente estas construcciones a su nuevo uso sin comprometer su integridad. Las tres entidades están adscritas a la Consejería de Industria de la Junta de Extremadura.
El proyecto se enmarca en el programa Interreg España-Portugal (POCTEP), instrumento de cooperación transfronteriza financiado con fondos del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) que desde hace más de dos décadas cofinancia iniciativas conjuntas entre regiones españolas y portuguesas limítrofes en ámbitos como innovación, medio ambiente o infraestructuras. La cooperación entre Extremadura y las regiones de Alentejo y Centro, agrupadas bajo la denominación EUROACE, tiene precedentes en otros proyectos energéticos y medioambientales financiados por este mismo programa. En el conjunto de la Eurorregión se calcula que existen más de mil silos en desuso.
El almacenamiento térmico a gran escala no es una tecnología nueva en sí misma: existen precedentes en países como Dinamarca o Alemania, donde se emplean depósitos de agua o de rocas para almacenar calor de origen renovable destinado a redes de calefacción urbana. La particularidad de THESILO reside en aplicar ese principio a una infraestructura preexistente y de titularidad muchas veces pública o cooperativa, lo que podría abaratar los costes de despliegue frente a instalaciones construidas ex profeso.
El proyecto se encuentra todavía en fase de investigación y desarrollo tecnológico, sin que por el momento se haya anunciado la selección de silos concretos para una instalación piloto ni un calendario público de ejecución. Es habitual en proyectos cofinanciados por fondos europeos de innovación que se combinen estudios de viabilidad técnica y económica antes de comprometer inversión en infraestructuras físicas. Tampoco se ha detallado si la Junta prevé destinar fondos autonómicos adicionales más allá de la cofinanciación europea comprometida a través de POCTEP, ni si existen conversaciones con propietarios privados de silos —muchos de ellos antiguas cooperativas agrarias— para ceder o adaptar estas estructuras.
De confirmarse la viabilidad técnica y económica del sistema, el siguiente paso sería una instalación demostrativa a menor escala que permita validar el comportamiento real de los materiales de almacenamiento térmico dentro de un silo adaptado, antes de plantear una eventual réplica en el más de un millar de estructuras similares identificadas en la Eurorregión EUROACE.
