Hay algo revelador en que la noticia de un operativo militar con bajas, un menor capturado y un cabecilla herido se conozca primero por un mensaje presidencial coronado con mayúsculas sostenidas y emoji de alarma. La guerra contra las disidencias de Mordisco —la misma que arrastra Colombia desde la ruptura del acuerdo de paz con las extintas FARC en 2016— se libra ahora también en el terreno de la atención digital, y la Casa de Nariño parece haber decidido que el parte militar y el parte de prensa son la misma cosa.
La Tercera División, la Brigada Tercera y el Comando Aéreo de Combate No. 7 ejecutaron una maniobra coordinada en la vereda El Moral, corregimiento de Tenerife, que terminó con la captura de Jaramillo Hoyos, señalado como principal cabecilla de una subestructura dedicada, según los reportes de inteligencia citados por el Ejército, a extorsionar comerciantes y campesinos en el centro del Valle del Cauca. El cabecilla resultó herido en el enfrentamiento y recibió atención médica.
Trece celulares y una antena Starlink
El inventario incautado es, en realidad, el dato que menos espacio ocupó en el anuncio presidencial. Las autoridades hallaron cuatro fusiles, una escopeta, una pistola, dos revólveres, un mortero de fabricación artesanal, 16 granadas adaptadas para uso en drones y siete dispositivos explosivos. A ello se sumaron 13 teléfonos celulares, un computador portátil, cinco radios, una cámara de seguridad y una antena de conexión satelital Starlink: la logística de una estructura que ya no se parece a la guerrilla de hace una década.
Los $11 millones en efectivo y las 12 pancartas alusivas a la organización completan el retrato de una renta de extorsión más que de una insurgencia con proyecto político. El propio balance del Ejército admite el carácter parcial del golpe: las operaciones en la zona rural de El Cerrito continúan con el propósito de impedir el reposicionamiento de otras células armadas. La Tercera División precisó que los combates iniciaron desde las primeras horas del domingo.
La lógica de las disidencias, desde su ruptura del proceso de paz, ha sido fragmentarse y reconstituirse apenas una compañía cae. No es la primera vez que el Gobierno anuncia golpes contundentes contra Mordisco sin que ello implique el fin de la amenaza; la desmovilización masiva de las FARC tras los acuerdos de La Habana no evitó que decenas de frentes se reagruparan bajo nuevos mandos y nuevas economías ilegales en el suroccidente del país.
El anuncio llega, además, en un clima institucional donde la comunicación oficial compite por protagonismo con la gestión misma. Como quedó expuesto en la devolución del nombre de Rtvc y la denuncia de faltantes millonarios, este Gobierno ha hecho de la comunicación directa una seña de identidad. Un operativo con un muerto y un menor capturado exige, sin embargo, la cautela que distingue un parte de combate de una celebración.
Entre los detalles que el anuncio mencionó al paso está la aprehensión del adolescente de 17 años hallado en el lugar de los combates. El procedimiento judicial para menores vinculados a grupos armados está regulado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y por los estándares del derecho internacional humanitario. La judicialización de menores reclutados ha sido, históricamente, uno de los puntos más delicados del conflicto colombiano, desde los desmovilizados de las AUC hasta las denuncias recientes de reclutamiento forzado por las disidencias.
La pregunta no es si el Ejército hizo su trabajo —el balance indica que sí— sino si la narrativa oficial está a la altura de lo que se combate. Un conflicto que ya usa drones, morteros artesanales y antenas satelitales no se resume en un mensaje de X con mayúsculas sostenidas. Las operaciones, según la propia Tercera División, continúan en la zona rural de El Cerrito: ese es el parte que de verdad importa.