El fenómeno proyectado por el Ideam podría generar presiones adicionales sobre el recurso hídrico en algunas regiones del país, un escenario que reaviva el interés por iniciativas de organización comunitaria orientadas a reducir la dependencia de servicios centralizados. Los 'ecobarrios' no constituyen, sin embargo, una solución automática: su funcionamiento depende de la participación sostenida de los habitantes durante años.
La iniciativa surgió en Francia a comienzos de la década de 2000 como parte de una política de ciudades sostenibles bajo el sello 'EcoQuartier'. En Colombia, el modelo comenzó a desarrollarse durante el gobierno de Antanas Mockus, aunque varios proyectos desaparecieron cuando se agotaron los recursos públicos que los sostenían. Actualmente, los barrios San Antonio, en Cali, y La Esmeralda, en Bogotá, cuentan con dos sellos 'EcoQuartier' cada uno, según la información disponible sobre estas experiencias.
Juan Carlos Valencia, investigador de 'ecobarrios' en Colombia, señala que la clave del modelo está en construir relaciones de confianza entre vecinos, promover liderazgos comunitarios y lograr que sean los propios habitantes quienes mantengan las iniciativas sin depender de un impulso institucional permanente. La durabilidad, explica, es uno de los principales indicadores para determinar si un proyecto realmente funciona.
En Cali, el proyecto del barrio San Antonio arrancó en 2018 a partir de una propuesta del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente para replicar el modelo francés allí y en el barrio Aguacatal. La iniciativa contempla agricultura urbana, compostaje, recolección de agua lluvia, energías alternativas, mercados agroecológicos y separación de residuos, además de actividades de comunicación y deporte comunitario con enfoque ambiental.
Uno de los componentes más visibles es la escuela pública Carlos Alberto Sardi, que cuenta con un sistema fotovoltaico, capacidad para recolectar 3.500 litros de agua lluvia, huerta, compostaje, jardín polinizador y aula vivero. Según Mauricio Sánchez, líder del ecobarrio, estas instalaciones benefician a 350 niños. A ello se suma un mercado agroecológico que reúne a 25 familias y les genera sustento mediante esquemas de economía circular.
Pese a estos avances, San Antonio está todavía lejos de consolidarse plenamente como 'ecobarrio'. Sánchez estima que el proceso puede tardar entre 15 y 20 años, y calcula que en la actualidad solo entre el 15 % y el 20 % de los habitantes del sector participa de forma activa en las iniciativas ambientales.
El desafío para Colombia no se limita a replicar el modelo francés, sino a lograr que las comunidades sostengan sus proyectos cuando los apoyos económicos estatales se agoten, como ya ocurrió con experiencias impulsadas durante la administración de Mockus a comienzos de los años 2000. El panorama se suma a otras tensiones locales sobre servicios públicos que han marcado la agenda regional este año, como la denuncia de Barbacoas por cortes de luz reiterados.
Frente a un fenómeno climático que puede presionar el abastecimiento de agua en varias regiones, la organización comunitaria aparece como una herramienta complementaria de adaptación, cuyo alcance dependerá de su continuidad en el tiempo y de su capacidad de expansión más allá de los pilotos actuales en Cali y Bogotá. El Ideam mantiene su proyección de El Niño hasta el primer trimestre de 2027.