La polémica del Museo Nacional llevó a historiadores, políticos, artistas y periodistas a discutir durante días el valor testimonial de afiches, pinturas y fotografías ligadas a décadas de violencia y a la Constitución de 1991. Algunas voces defendieron su retirada al considerarlas apología de grupos ilegales; otras reivindicaron su carácter de memoria histórica. El contraste que señalan quienes exponen en la Feria del Millón es que esa visibilidad momentánea no se traduce en respaldo económico sostenido.
Isabella Portilla, que expondrá desde el jueves 5 de noviembre, explica que su labor combina la postulación a estímulos nacionales y distritales con la circulación en espacios independientes, galerías y ferias. Para ella, el oficio va más allá del taller: implica gestión cultural, pedagogía y construcción de comunidad.
"A veces siento que hay una percepción errónea de que el trabajo cultural o la creación artística son prescindibles. Sin embargo, el arte es un motor fundamental del tejido social, la memoria y la identidad colectiva", enfatiza Isabella Portilla, artista que expondrá en la Feria del Millón.
El maestro en Artes Plásticas y en Cerámica Stiven Vergara describe un escenario de precariedad estructural en los estímulos públicos y de concentración del mercado en pocos circuitos. En su caso, la docencia y el taller funcionan como sostén económico y como espacio para desarrollar su trabajo en cerámica, que entiende como una profesión trascendental para la sociedad.
"Enfrentamos una precariedad profunda en los estímulos públicos, mercados de arte centralizados y una falta de valorización real en los procesos de largo aliento que exigen el desarrollo de la obra", añade Stiven Vergara, maestro en Artes Plásticas y en Cerámica.
Convocatorias como motor de producción
Para los artistas que trabajan con instalaciones o piezas de gran formato, las becas y estímulos distritales y nacionales se convierten en el principal mecanismo para financiar obras que no circulan en el circuito comercial. Carolina Borrero, artista plástica de la Universidad Nacional con una investigación en arte cursada en la Universidad Complutense de Madrid, aplica al menos una vez al año a un estímulo económico que le permite sostener producciones costosas, como instalaciones que requieren renders y equipos técnicos.
Borrero, que vive del arte desde hace unos siete años, describe el oficio como una labor integral: a la investigación creativa se suma volverse "un poco empresario que cuida su nombre", con registros impecables de las obras, un portafolio bien construido, redes sociales adecuadas y la presentación constante a convocatorias. Esa doble exigencia, dice, es la que permite sostener una carrera sin depender de una sola fuente de ingresos.
El arte rara vez ocupa en Colombia el centro de la conversación pública como lo hizo con el episodio del Museo Nacional, que reavivó la vieja tensión entre memoria y censura ya discutida con creadores que documentaron el conflicto armado, desde Doris Salcedo hasta Beatriz González. La coincidencia de ese debate con el inicio de la feria ha servido para que el gremio insista en que el arte no se sostiene con atención mediática esporádica, sino con mecanismos permanentes de financiación y circulación. Es la misma escena que nutre el circuito editorial y creativo del país, como la reciente novela de Ricardo Abuassi sobre un fraude inmobiliario en Florida.
"Habitar este oficio, formando a las nuevas generaciones y apostándole a la producción local, demuestra que es posible un camino digno y riguroso desde nuestras propias coordenadas", concluye Stiven Vergara.