El cambio de sigla no es un detalle menor de papelería. RTVC —Radio Televisión Nacional de Colombia— nació en 2004, durante el gobierno de Álvaro Uribe, cuando Inravisión fue liquidada tras acumular una deuda cercana a los $600.000 millones, producto de la fuga de audiencia del Canal Uno y el Canal A hacia la televisión privada. El nombre que hoy regresa fue, en su origen, la marca de un rescate.
Que la administración de Petro y del entonces gerente Hollman Morris optara, más de veinte años después, por reponer la razón social de la entidad quebrada en lugar de otra cualquiera es el eje de la objeción del actual mandatario. El sistema fue reconocido como RTVC desde el 28 de octubre de 2004 hasta el 1 de abril de 2026, fecha en la que pasó a llamarse de nuevo Inravisión.
«Queridos compatriotas, a partir de hoy, esta casa vuelve a llamarse RTVC. Me alegra profundamente poder hacer este anuncio aquí ante ustedes, porque este nombre pertenece a la historia de los medios públicos de Colombia», dijo el presidente Abelardo de la Espriella desde la sede de la Calle 26.
De la Espriella no se detuvo en lo simbólico. Calificó la ejecución de la gestión anterior como un «festín político» y anunció, según recogió la cuenta de ÚltimaHoraCaracol el 29 de octubre de 2026, faltantes por más de $86.000 millones frente a los ingresos propios presupuestados y compromisos por más de $47.000 millones. Son cifras que, de confirmarse en los términos en que las presentó, apuntan a un desfase presupuestal de mayor calado que la discusión sobre el nombre.
La unidad móvil de $11.924 millones
El presidente puso como ejemplo un contrato de $11.924 millones con el que la administración anterior adquirió una unidad móvil destinada a fortalecer la capacidad técnica del sistema. Según afirmó, el equipo ni siquiera cuenta con la planta eléctrica necesaria para operar. Rebautizar la entidad no recupera un peso de los faltantes denunciados ni suple ese equipamiento: son cuentas que se dirimen en los documentos presupuestales del sistema y, eventualmente, en un debate de control político en el Congreso.
El patrón no es nuevo en la política colombiana: cada administración hereda instituciones y las reviste con el lenguaje de la refundación. Inravisión murió de deuda en 2004; RTVC nació de esa liquidación; el nombre vuelve ahora sobre una gestión que, según el presidente, dejó faltantes de nueve dígitos. La contabilidad del sistema de medios públicos viene marcada por ese vaivén desde hace más de dos décadas.
El episodio se inscribe en la ofensiva de la Casa de Nariño sobre la gestión saliente, que esta sección ya rastreó cuando De la Espriella habló de «cero tolerancia» tras las marchas. El anuncio de la Calle 26 sigue esa misma línea: contraponer la gestión propia a la del gobierno anterior con cifras que ubican la responsabilidad en la administración precedente.
Queda abierta la cuenta que el cambio de sigla no resuelve: quién responde por los $47.000 millones en compromisos y los $86.000 millones en faltantes que el propio jefe de Estado puso sobre la mesa. A diferencia del nombre del edificio, esa cifra no se reescribe con un anuncio.

