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Un estudio detecta 12,3 km² de fondo marino desertizado en el Mar Menor

El IEO-CSIC y la Universidad de Murcia documentan por primera vez el colapso ecológico causado por la mancha blanca, con solo tres especies de peces en el núcleo afectado

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Un estudio conjunto del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y la Universidad de Murcia ha confirmado que la llamada mancha blanca, un fenómeno químico conocido técnicamente como whiting, afecta ya a 12,3 kilómetros cuadrados del Mar Menor, en la Región de Murcia.

El trabajo sitúa el origen del fenómeno en un desequilibrio químico del agua de la laguna. Un aumento del pH favorece la precipitación continua de microcristales de calcita en suspensión, que otorgan al agua ese aspecto lechoso característico y multiplican la turbidez hasta nueve veces por encima de los niveles habituales en las zonas sanas de la laguna.

La consecuencia inmediata es el bloqueo de la luz solar. Según los datos del estudio, apenas un 3,9% de la radiación logra alcanzar el fondo marino en las zonas con mancha blanca, frente al 18,3% que llega en las áreas no afectadas. Esa diferencia explica la muerte progresiva de la vegetación submarina, que en el núcleo de la mancha ya ha perdido cerca de 7 kilómetros cuadrados de praderas marinas.

Un desierto biológico bajo el agua

Las praderas marinas cumplen una función central en el ecosistema lagunar: sirven de zona de reproducción, cría y refugio para buena parte de la fauna. Su desaparición tiene un efecto de arrastre inmediato sobre la biodiversidad. Los investigadores han contabilizado 21 especies de peces en las zonas sanas de la laguna, una cifra que cae a 10 en el perímetro de la mancha y a solo 3 en su núcleo, donde el fondo se comporta ya como un desierto biológico. Un estudio de la Universidad de Murcia detectó que en las zonas más degradadas el 86% de las especies de peces se han extinguido localmente.

Entre las víctimas figura el caballito de mar, considerado un símbolo de la laguna, que al carecer de vegetación donde anclarse queda completamente desprotegido frente a corrientes y depredadores. Los peces pipa, que dependen del camuflaje entre las algas para sobrevivir, mueren por la falta de hábitat; la aguja de río, vinculada a fondos con vegetación densa, ha visto colapsar sus poblaciones de forma casi total en el área afectada, y el tordo, que se alimenta exclusivamente de la vegetación de las praderas, ha desaparecido por completo del núcleo de la mancha.

El deterioro alcanza también a especies de interés comercial y pesquero. La dorada pierde sus zonas naturales de cría, el mújol sufre episodios de mortandad masiva cada vez que el agua se queda sin oxígeno disuelto, y la anguila, que utiliza la laguna como zona de maduración antes de migrar al mar abierto, ve reducido el espacio disponible para completar ese ciclo vital. En el vacío que dejan las especies que desaparecen, según el estudio, solo prosperan tres organismos generalistas: el más destacado es el gobio negro, un pez pequeño y muy resistente que vive enterrado en el fango, no depende de la vegetación y ocupa progresivamente el territorio abandonado por el resto.

Impacto económico, sanitario y respuesta institucional

El fenómeno trasciende lo estrictamente ambiental. La turbidez del agua y la pérdida de biodiversidad repercuten en el turismo de la zona, con impacto directo sobre hoteles y comercios de los municipios ribereños, mientras que el deterioro del entorno se asocia a una depreciación de los inmuebles en primera línea de playa. A ello se suma el golpe a las cofradías de pescadores, cuyo sustento depende de especies como el langostino, la dorada o el mújol, todas mencionadas en el estudio entre las más perjudicadas por la pérdida de hábitat.

En el terreno sanitario, el exceso de nutrientes en el agua —vinculado históricamente a la actividad agrícola en la cuenca vertiente del Campo de Cartagena— provoca episodios de proliferación masiva de algas que, al morir y descomponerse, agotan el oxígeno disponible y generan mortandades de peces, un patrón ya documentado en las crisis de 2019 y 2021 que situaron al Mar Menor en el centro del debate ambiental español. La descomposición de materia orgánica en las orillas genera además ácido sulfhídrico, responsable de los malos olores que en episodios anteriores han derivado en quejas vecinales por problemas respiratorios e irritaciones.

El precedente más directo de una crisis de esta magnitud es el episodio de anoxia de octubre de 2019, cuando la falta de oxígeno provocó la aparición de varias toneladas de peces y crustáceos muertos en las orillas, un suceso que generó una notable repercusión social y política. Aquella crisis aceleró la tramitación de una respuesta jurídica singular: en 2022 el Congreso reconoció al Mar Menor personalidad jurídica propia mediante una ley impulsada por una iniciativa legislativa popular respaldada por más de medio millón de firmas, que lo convirtió en el primer ecosistema de Europa con derechos propios. Esa norma obliga a las administraciones a garantizar su recuperación.

La Confederación Hidrográfica del Segura, la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia y el Ministerio para la Transición Ecológica han impulsado en los últimos años planes de vertido cero y de reducción de nutrientes agrícolas en la cuenca, en un contexto de tensión recurrente entre la protección ambiental de la laguna y los intereses del regadío intensivo. Los propios investigadores del IEO-CSIC y la Universidad de Murcia constatan ahora que las medidas aplicadas hasta la fecha no han logrado frenar el avance de la mancha blanca. Ninguna de estas administraciones se ha pronunciado todavía sobre las conclusiones concretas del estudio.

Los autores no han planteado, según la información disponible, un calendario cerrado de actuaciones inmediatas, aunque subrayan la necesidad de nuevas medidas de reducción de nutrientes y de seguimiento continuado del fenómeno. La superficie afectada por la mancha blanca seguirá siendo objeto de vigilancia científica en los próximos meses, en un ecosistema cuyo estado de conservación permanece bajo escrutinio público y académico.

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