La última encuesta del Centro de Estudios Andaluces (CENTRA), publicada el jueves antes de la tragedia de Huelva, sitúa al PP de Juanma Moreno en el 43,1% del voto estimado, lo que se traduciría en una horquilla de entre 55 y 59 escaños en el Parlamento andaluz, cuya mayoría absoluta se fija en 55. El dato revela que Moreno llega como claro favorito pero sin la certeza de poder gobernar en solitario, una diferencia crucial que determinará si el próximo presidente de Andalucía necesita o no el apoyo de Vox para investir.
El PSOE de Juan Espadas registra un 20,1% del voto estimado, equivalente a entre 25 y 27 escaños, lo que constituiría el peor resultado de los socialistas en Andalucía desde la restauración democrática. Ni siquiera en las elecciones de 2018, cuando Susana Díaz perdió el poder tras treinta y seis años de hegemonía socialista, el PSOE-A bajó del 27%. La cifra del CENTRA refleja el desgaste acumulado por el partido a nivel nacional, agravado por el caso Koldo y la ausencia de un liderazgo andaluz capaz de competir con el carisma institucional de Moreno.
Vox es el partido que más crece según la encuesta, con un 14,4% del voto estimado que se traduciría en entre 17 y 19 escaños, un incremento significativo respecto a los 14 que obtuvo en 2022. El crecimiento de la formación de Santiago Abascal se nutre de tres factores: la preocupación por la inmigración irregular en el litoral andaluz, la percepción de inseguridad vinculada al narcotráfico, especialmente en las provincias de Cádiz y Huelva, y el efecto arrastre de las coaliciones PP-Vox que gobiernan en Extremadura, Aragón y la Comunitat Valenciana. La tragedia de Huelva podría reforzar el discurso securitario de Vox, aunque el partido ha tenido la prudencia de suspender sus actos y evitar la tentación de capitalizar el dolor.
A la izquierda del PSOE, la fragmentación sigue siendo el principal obstáculo. Adelante Andalucía, liderada por Teresa Rodríguez, oscila entre el 5% y el 7% en las encuestas, mientras que Por Andalucía, la confluencia de Sumar con IU y Podemos, se mueve en una horquilla similar. Juntas podrían superar los 15 escaños, pero divididas apenas rozan los 8 cada una, un ejemplo de manual de cómo la desunión castiga a las fuerzas que compiten por el mismo electorado.
La suspensión de la campaña plantea un dilema estratégico para todos los partidos. El PP, que lideraba cómodamente las encuestas, pierde dos días de exposición mediática en los que tenía previstos actos de alto impacto en Sevilla, Málaga y Granada. Sin embargo, la imagen de Moreno visitando la capilla ardiente, emocionado junto a las familias de los agentes, tiene un poder comunicativo que ningún mitin puede igualar. Los estrategas del PP son conscientes de que el luto puede reforzar el perfil institucional de Moreno, siempre que el presidente de la Junta no cometa el error de utilizar políticamente la tragedia.
Para el PSOE, la suspensión es un alivio a medias. Espadas necesitaba estos dos días para intentar recortar la distancia con Moreno, pero también evita la exposición a preguntas sobre el caso Koldo que habrían dominado cualquier acto de campaña. La paradoja es que el PSOE-A llega al 17-M lastrado por un juicio en Madrid y una crisis interna en Ferraz que tienen poco que ver con Andalucía pero que contaminan inevitablemente la marca socialista en la comunidad. Espadas lo sabe y ha centrado sus últimas intervenciones en temas estrictamente andaluces: sanidad, educación y empleo. Pero las encuestas sugieren que el mensaje no está calando.
El factor Huelva podría tener un efecto electoral difícil de cuantificar. La provincia, históricamente socialista, ha experimentado un giro hacia el PP en los últimos años, impulsado por la gestión de la Junta en materia de inversión agrícola y turismo. La tragedia del viernes ha puesto el foco en una cuestión que afecta directamente a la provincia: la lucha contra el narcotráfico en la costa atlántica, una competencia estatal que sin embargo se percibe localmente como un problema que la Junta también debería abordar. Si los votantes onubenses asocian la muerte de los dos agentes con una falta de inversión del Gobierno central, el PSOE podría perder terreno adicional en una provincia que necesita desesperadamente.
A nivel nacional, la campaña del 17-M se sigue con particular interés en Moncloa y Génova. Para Sánchez, un resultado catastrófico del PSOE en Andalucía reforzaría las voces internas que piden un congreso extraordinario en julio y un cambio de rumbo. Para Feijóo, una mayoría absoluta de Moreno sería la prueba de que el modelo PP funciona cuando se gobierna bien, un argumento que rentabilizaría en clave nacional de cara a las próximas generales. Las elecciones andaluzas, como siempre, trascienden las fronteras de la comunidad.
Mientras la campaña permanece congelada, los partidos han activado sus maquinarias de movilización digital. Las redes sociales se han convertido en el único campo de batalla disponible durante el fin de semana, y tanto el PP como el PSOE y Vox han publicado vídeos y mensajes que, sin hacer referencia directa al luto, intentan mantener el vínculo emocional con sus votantes. Es un ejercicio de equilibrismo entre el respeto al duelo y la necesidad de no perder impulso, una línea que en política electoral siempre es más fina de lo que parece.
El lunes, cuando la campaña se reanude, quedarán solo seis días hasta las urnas. Seis días para que Moreno confirme su favoritismo, para que Espadas intente un milagro, para que Vox consolide su crecimiento y para que la izquierda fragmentada busque razones para existir por separado. Seis días en los que el fantasma de Koldo, la sombra del Hondius y el eco de los disparos en la costa onubense acompañarán a cada candidato en cada acto, en cada debate, en cada apretón de manos. Andalucía decide el 17-M, pero lo que decida reverberará mucho más allá de sus fronteras.


