"Quiero confirmar la creación de la primera academia de turismo de la Unión Europea. Y esto también beneficiará a las pymes, y al ecosistema turístico de los países del bloque", declaró Apostolos Tzitzikostas, comisario europeo de Turismo.
La iniciativa se integrará en la primera estrategia turística de la Unión Europea, cuya presentación avanzó el comisario para el próximo mes. El Gobierno español sigue el proceso desde que la academia apareció en los primeros borradores del documento comunitario y no oculta su intención de postularse como sede: el pasado febrero el ministro de Turismo, Jordi Hereu, se reunió con su homólogo europeo para trasladarle esa posibilidad, en un movimiento que anticipa la pugna por acoger una institución que concentrará fondos de formación y prestigio para el país elegido.
El problema que pretende atajar la academia tiene, según la Comisión, una dimensión estructural. "Los puestos vacantes y la falta de competencias son uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta hoy el sector", apuntó el comisario griego. Las cifras del WTTC citadas durante la cumbre elevan a 780.000 los puestos que podrían quedar sin cubrir en el turismo español en la próxima década si las tendencias actuales persisten sin intervención.
Pymes, el 95% de cinco millones de empresas
La magnitud del reto se agrava por la estructura empresarial del sector: las pymes representan alrededor del 95% de los cinco millones de empresas turísticas que operan en la Unión Europea, según los datos manejados por Tzitzikostas. Son estas compañías, de plantillas reducidas y escasa capacidad de inversión en formación propia, las que más dificultades encuentran para competir por el talento frente a sectores con mejores condiciones salariales.
La academia aspira a tender puentes entre los centros educativos y las empresas, un vínculo que hasta ahora ha funcionado de forma fragmentada entre los Estados miembros. La Comisión plantea un modelo formativo paneuropeo que podría homogeneizar competencias y facilitar la movilidad de trabajadores, aunque los detalles de gobernanza, financiación y ubicación quedan pendientes de la estrategia que se presentará el próximo mes.
Más allá de la formación, Bruselas quiere acelerar la incorporación de tecnología. Tzitzikostas anunció que la Comisión ayudará a empresas y destinos a adoptar inteligencia artificial, datos y otras herramientas digitales para mejorar la planificación y desarrollar servicios más innovadores. En este ámbito se enmarca la creación de un espacio europeo de datos turísticos, pensado para dotar a los destinos de información más precisa con la que gestionar sus flujos de visitantes.
Esta apuesta conecta con otro de los ejes de la estrategia: la desestacionalización. "Queremos un mejor equilibrio de las visitas entre lugares y a lo largo del año", afirmó el comisario, que alertó de la concentración de los desplazamientos en determinados periodos. Según las cifras de su intervención, el 31% de los viajes turísticos dentro de la UE en 2025 se concentró en julio y agosto, un patrón que satura infraestructuras en temporada alta y deja capacidad ociosa el resto del año.
Destinos menos conocidos y fuera de temporada
Para corregir ese desequilibrio, Tzitzikostas defendió promover destinos menos conocidos, incentivar los viajes fuera de temporada y favorecer estancias más prolongadas frente al modelo de escapadas cortas y masificadas. El diagnóstico coincide con las políticas de gestión de flujos que varios destinos europeos, entre ellos España, han ensayado ante la saturación de ciudades como Barcelona o Venecia en los meses estivales.
El comisario puso en contexto la magnitud económica del sector. Europa concentró aproximadamente un tercio del gasto turístico mundial en 2025, según los datos citados durante su intervención, una posición de liderazgo que la Comisión considera necesario blindar frente a una competencia internacional creciente y a riesgos que, advirtió Tzitzikostas, van más allá de la falta de personal.
El comisario enumeró entre esas amenazas las tensiones geopolíticas, el cambio climático, la incertidumbre comercial y la escasez de profesionales cualificados. La reflexión se produce cuando la Comisión ha alertado en otros frentes sobre la fragilidad del contexto económico continental, como ilustra la reciente admisión de Bruselas de una «crisis mundial» de precios de la energía sin problemas de suministro, un factor que encarece la operativa de hoteles, transporte y restauración en toda la Unión.
La idea de una política turística común no es nueva en Bruselas: el Tratado de Lisboa, en vigor desde 2009, incorporó por primera vez el turismo como competencia de apoyo de la Unión, aunque hasta ahora no se había traducido en una estrategia formal ni en instituciones propias como la academia ahora anunciada. El sector representa una porción sustancial del PIB de varios Estados del sur de Europa, incluida España, y reclama un respaldo institucional equivalente al de otros frentes industriales, como la modernización de infraestructuras donde la inversión europea en redes eléctricas llegaría a 48.000 millones en 2027, según Eurelectric.
"La resiliencia no consiste únicamente en recuperarse rápidamente de los impactos o las crisis. También consiste en ser capaces de absorberlos", sentenció Apostolos Tzitzikostas, comisario europeo de Turismo.
La Comisión sitúa en el próximo mes la presentación de la primera estrategia turística de la Unión Europea, el documento donde quedarán fijados los detalles sobre la academia, su financiación y los criterios para elegir sede entre los países candidatos. Hasta entonces, la candidatura española se mueve en el terreno diplomático abierto en la reunión de febrero entre Hereu y Tzitzikostas.
