Los restos recuperados —vértebras de la zona media y posterior de la cola, junto a chevrones bifurcados— presentan amplias cavidades neumáticas y centros vertebrales alargados, rasgos que hasta ahora solo se habían descrito en formaciones geológicas de Estados Unidos. Esa combinación permitió a los investigadores atribuir el ejemplar al género Diplodocus con un alto grado de seguridad, pese a que el material fósil sea fragmentario. El animal vivió hace unos 150 millones de años, en el Jurásico Superior, y alcanzaba unos 25 metros de longitud.
La pregunta que abre el hallazgo es cómo un dinosaurio propio de yacimientos estadounidenses pudo aparecer en la península ibérica. Durante el Jurásico Superior, el océano Atlántico apenas comenzaba a abrirse y era mucho más estrecho que en la actualidad, lo que habría facilitado el paso ocasional de estos gigantes entre ambos continentes a través de puentes terrestres temporales o cadenas de islas.
«Pruebas paleontológicas sólidas de episodios de dispersión e intercambio faunístico entre continentes», Sergio Sánchez Fenollosa, paleontólogo firmante del estudio.
El diplodocus turolense no es un caso aislado. Géneros como Allosaurus, Stegosaurus, Ceratosaurus y Torvosaurus ya se habían documentado a ambos lados del océano, lo que refuerza la hipótesis de una fauna compartida durante ese periodo. El paleontólogo Francisco Ortega, de la UNED, definió el fósil como «un importante ladrillo más» para entender cómo el proto-Atlántico facilitaba desplazamientos puntuales de dinosaurios entre Norteamérica y la península ibérica.
Los expertos precisan que no se trataría de migraciones masivas, sino de episodios aislados de dispersión que dejaron huella en el registro fósil de ambos continentes. El director de Dinópolis, Alberto Cobos, describió el proceso de identificación como un trabajo apasionante en el que las piezas del rompecabezas fueron encajando hasta confirmar la especie.
La provincia turolense ya había aportado a la ciencia otros saurópodos propios, como el Turiasaurus y el Losillasaurus, y suma ahora uno de los diplodócidos más completos hallados hasta la fecha en Europa. Sánchez Fenollosa subrayó que el hallazgo permite comprender mejor los ecosistemas mesozoicos ibéricos y la diversidad de los saurópodos que poblaron la región durante el Jurásico Superior.
Este tipo de hallazgos convive con otras líneas de investigación que recurren a la ciudadanía o a la tecnología para avanzar en el conocimiento científico, como la petición de la Nasa para recibir fotografías de nubes tomadas con el móvil de cara al satélite Pace.
Los responsables del proyecto en La Tejería ya preparan nuevas campañas de excavación con el objetivo de recuperar más huesos del mismo ejemplar, entre ellos el cráneo o las extremidades, piezas que permitirían completar el esqueleto y despejar algunas de las dudas que aún rodean al hallazgo.

