El satélite PACE —cuyas siglas en inglés remiten a Plancton, Aerosoles, Nubes y Ecosistemas Oceánicos— completará durante el próximo mes unas 15 órbitas diarias alrededor de la Tierra recopilando datos atmosféricos. Cada píxel de sus imágenes cubre aproximadamente 1,2 kilómetros de ancho, una resolución que dificulta distinguir con precisión los contornos de nubes fragmentadas o dispersas, según la agencia espacial.
Para resolver esa limitación, la NASA recurre al programa GLOBE, la iniciativa patrocinada por la agencia que recopila datos aportados por voluntarios. Andy Sayer, científico responsable de las investigaciones atmosféricas de PACE, ha detallado el objetivo del cruce de información entre el satélite y los participantes, que interesa cuando las observaciones se realizan dentro de un intervalo de cinco minutos respecto al sobrevuelo.
«Queremos poder identificar si cada píxel de una imagen satelital corresponde o no a una nube, porque, si está nublado, queremos determinar las propiedades de esa nube y, si no lo está, queremos determinar las propiedades de la atmósfera y de la superficie que se encuentran debajo de la nube», ha explicado Andy Sayer, científico responsable de las investigaciones atmosféricas de PACE.
Sayer ha añadido que la dificultad se concentra especialmente en los bordes de las formaciones nubosas y en los cielos parcialmente cubiertos, donde las técnicas automáticas pierden fiabilidad. «Es difícil determinar de manera objetiva qué tan bien funcionan las técnicas de detección de nubes», ha señalado, motivo por el cual la validación desde tierra se convierte en un complemento del análisis satelital.
La participación exige precisión horaria. Los voluntarios deben descargar la aplicación GLOBE Observer, configurar una alerta que avise del paso del satélite sobre su ubicación y salir al exterior cinco minutos antes del sobrevuelo. Solo entonces pueden activar la herramienta Nubes y tomar las seis fotografías requeridas, siempre dentro de ese margen y nunca durante la noche. GLOBE recomienda además anotar en el pie de foto el modelo de dispositivo, un dato que ayuda a calcular qué proporción de cielo capta cada imagen.
Quienes completen correctamente el proceso reciben un correo confirmando que su observación coincide con los datos del satélite, y un certificado si logran las seis fotografías exigidas. La NASA también prevé insignias adicionales para los voluntarios que mantengan una serie continua de observaciones diarias durante el mes que dura el reto. La recopilación de datos por parte de aficionados tiene antecedentes consolidados: el propio programa GLOBE, creado en 1995 por la NASA y otras agencias, lleva tres décadas incorporando mediciones ambientales tomadas por estudiantes y ciudadanos de todo el mundo.
Aerosoles, fitoplancton y clima marino
La utilidad científica del proyecto trasciende la validación técnica del satélite. PACE estudia cómo interactúan los aerosoles —polvo, humo y otras partículas atmosféricas— con las nubes y la radiación solar, procesos que condicionan los modelos climáticos y que, según la NASA, resultan útiles para pronosticar el tiempo, la visibilidad y la calidad del aire. Es la misma lógica de vigilancia que aplican otros proyectos ciudadanos de la sección, como el que documentó cómo una polilla argentina frenó en Australia una plaga de chumbera de 300.000 km².
El satélite mide también la intensidad del color de la superficie oceánica para localizar concentraciones de fitoplancton, la base de la cadena alimentaria marina y un actor clave en el ciclo del carbono. Esa capacidad permite identificar tanto poblaciones beneficiosas para la pesca como floraciones de algas nocivas que pueden afectar al turismo y a la industria pesquera.
Existe, además, una relación de doble sentido entre océano y atmósfera que PACE trata de documentar: los aerosoles depositados en el mar por la lluvia pueden estimular el crecimiento del fitoplancton, mientras que este libera gases capaces de transformarse en aerosoles y favorecer la formación de nubes. Comprender ese ciclo, sostiene la agencia, resulta esencial para perfeccionar los modelos que explican el comportamiento del clima terrestre. El reto permanecerá abierto hasta el 15 de octubre.

