La nutria gigante es uno de los mamíferos acuáticos de mayor tamaño del continente americano: los ejemplares adultos pueden superar el metro y medio de longitud —hasta 1,80 metros según los datos aportados por el proyecto— y alcanzar los 33 kilos de peso. Su desaparición de los esteros correntinos hacia mediados de la década de 1980 se atribuye históricamente a la caza por su piel y a la degradación de su hábitat.
La familia liberada tiene sello europeo. La hembra, bautizada como Nima, procede del Zoológico de Madrid, mientras que el macho, Coco, fue trasladado desde un centro en Dinamarca. La pareja tuvo además dos crías nacidas ya en suelo argentino, en noviembre de 2024, dentro de las instalaciones del propio parque, en una primera fase de adaptación previa a la liberación en el ecosistema abierto.
El proceso comenzó a gestarse en 2017 con la búsqueda de parejas reproductoras compatibles en distintos centros de conservación. A esa fase le siguieron años de entrenamiento con peces vivos para restituir en los animales el comportamiento de caza natural, el diseño de recintos de cuarentena y un sistema de monitoreo mediante arneses fabricados a medida para el seguimiento tras la liberación.
Sebastián Di Martino, director de conservación de Rewilding Argentina, defendió el papel ecológico de la especie: «La nutria gigante es el principal depredador acuático de estos humedales y su dieta, casi totalmente compuesta por peces, aporta significativamente a mantener los ecosistemas saludables». Según su planteamiento, la reintroducción de un depredador de vértice contribuye a reequilibrar las poblaciones piscícolas y la salud general del humedal.
Un modelo con antecedentes: del lince ibérico al yaguareté
El caso guarda paralelismos con los programas de reintroducción del lince ibérico desarrollados en España desde comienzos de la década de 2000, que partieron de una población al borde de la desaparición y aplicaron la misma lógica de cría en cautividad, entrenamiento conductual y liberación monitorizada en hábitats históricos de la especie. El propio material del proyecto establece esa comparación entre ambos procesos.
El Parque Nacional Iberá se ha convertido en los últimos años en un laboratorio de reintroducción de fauna sudamericana. Antes de la nutria gigante, el programa ya había trabajado con el yaguareté, ausente de la provincia de Corrientes durante décadas, y con el guacamayo rojo, desaparecido de la región durante más de un siglo. La iniciativa se enmarca en un esfuerzo más amplio de recuperación de especies que se extiende también a la región del Chaco.
Kristine Tompkins, presidenta de Tompkins Conservation, subrayó la urgencia del contexto global en el que se inscribe la iniciativa: «Ante la crisis de extinción masiva que este planeta está viviendo, nuestra tarea más urgente es ayudar a la naturaleza a sanar».
El gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés, vinculó el hito conservacionista con el desarrollo económico regional: «El regreso de la nutria gigante no sólo viene a ocupar el lugar que le corresponde en el ecosistema acuático, sino que atraerá más turistas deseosos de observarla, lo que genera más trabajo y desarrollo para los correntinos», señaló. El ecoturismo en los esteros se ha convertido en uno de los ejes de promoción de la provincia.
La experiencia de Iberá se suma a otros episodios recientes de recuperación de fauna nativa en la región, como la reaparición documentada de un ciervo autóctono en Chile. Distintas organizaciones conservacionistas sudamericanas apuntan a un cambio de tendencia impulsado por la combinación de fondos privados, cooperación internacional y presión creciente sobre la caza furtiva y la deforestación.
El seguimiento de los cuatro ejemplares liberados en Corrientes se prolongará durante los próximos meses mediante los dispositivos de monitoreo instalados antes de la liberación, con el objetivo de evaluar su adaptación al medio, su comportamiento reproductivo y su interacción con otras especies del humedal. De los resultados de ese seguimiento dependerá la decisión de ampliar el programa con nuevas parejas reproductoras procedentes de otros centros de conservación.
