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La lana merina española busca su relanzamiento con una plataforma en Palencia

La Mesa Nacional de la Lana agrupa a ganaderos, administraciones y empresas para revertir una crisis que exporta el 60% de la producción sin transformar.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Paredes de Nava (Palencia) acogió a finales de septiembre de 2025 la constitución de la Mesa Nacional de la Lana, una plataforma que reúne a una veintena de entidades —desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico hasta la Junta de Castilla y León, la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Merino o la consultora IFEDES Desarrollo Sostenible— con el propósito de coordinar a todos los actores de la cadena lanera.

La lana de oveja merina no siempre fue un producto secundario del sector ovino. Entre los siglos XV y XVIII articuló buena parte de la prosperidad castellana, con una red de cañadas reales que conectaba los rebaños trasterminantes con las ferias comerciales y los puertos de exportación hacia los centros textiles de Flandes e Italia. Aquella infraestructura, regulada por instituciones como el Concejo de la Mesta —creado en 1273 por Alfonso X y disuelto definitivamente en el siglo XIX—, convirtió a España en referencia mundial de la producción lanera durante buena parte de la Edad Moderna.

De ese legado apenas queda memoria administrativa y patrimonial. Según describen desde la propia Mesa Nacional de la Lana, la cadena de valor se ha roto en varios de sus eslabones: ha caído la cabaña de ganado ovino, han desaparecido oficios tradicionales como el esquilador o el clasificador de vellones, y la demanda interna se ha reducido hasta el punto de que alrededor del 60% de la producción española termina exportándose sin transformación añadida en origen.

A esta pérdida de tejido productivo se suma la competencia de fibras sintéticas y de lanas importadas de menor calidad pero con precios sensiblemente más bajos, lo que ha desincentivado la inversión en esquilado, lavado y procesado dentro del territorio nacional. El resultado es que buena parte de la lana esquilada en España acaba considerándose, a efectos prácticos, un subproducto de escaso valor comercial para el ganadero, cuando no directamente un residuo que hay que gestionar.

Frente a ese diagnóstico, la Mesa Nacional de la Lana defiende una lectura distinta: la fibra «no es un residuo, es un recurso estratégico», según ha trasladado la plataforma, que enumera varias líneas de oportunidad. Entre ellas figuran la reindustrialización de procesos desde el ámbito local, la generación de valor añadido en origen, la conexión entre sectores tan dispares como la agricultura, la construcción o la moda, y la contribución a la sostenibilidad desde un recurso natural, renovable y disponible en el territorio. La plataforma sostiene que España vive un «momento clave» en el que «la lana, por sus características y por su presencia en el territorio, puede desempeñar un papel relevante».

Un lavadero entre tres en toda España

Paredes de Nava no es un enclave elegido al azar. La localidad palentina alberga uno de los tres únicos lavaderos de lana que quedan operativos en España, una instalación clave porque el lavado es el paso previo imprescindible para cualquier proceso textil posterior. La escasez de esta infraestructura ilustra por sí sola el grado de desmantelamiento sufrido por la cadena productiva en las últimas décadas. La Mesa se inserta además en el proyecto Cañadas de Futuro para la Tierra de Campos Palentina, una iniciativa de desarrollo rural centrada en la innovación sostenible dentro de la cadena de valor del ovino y su vínculo con el Camino de Santiago, que contempla la creación de una empresa de servicios ganaderos orientada a dignificar las condiciones laborales de los pastores.

Ese déficit de mano de obra especializada explica el auge de escuelas de pastores como Campo Adentro, activa en la cornisa Cantábrica y la Sierra Norte de Madrid; la Escuela de Pastores de Andalucía o La Estiva, en Aragón. Todas comparten un enfoque común: recuperar oficios tradicionales en riesgo de desaparición, facilitar el relevo generacional en explotaciones envejecidas y profesionalizar la ganadería extensiva mediante formación práctica sobre el terreno. Estas escuelas impulsan además el asociacionismo y el cooperativismo como base de nuevos modelos económicos rurales que permitan negociar en mejores condiciones frente a intermediarios e industria.

El mantenimiento de la ganadería extensiva trasciende lo puramente económico. Los rebaños que pastan en régimen extensivo contribuyen a la limpieza del monte y a la reducción de biomasa combustible, una función preventiva frente a incendios forestales que gana peso en el debate público tras los grandes fuegos registrados en la península ibérica en los últimos veranos.

El marco institucional en el que se mueve la Mesa conecta con las líneas estratégicas del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que desde hace varias legislaturas incluye la despoblación rural y la diversificación económica del campo entre sus prioridades. La participación de la Junta de Castilla y León, comunidad que concentra buena parte de la cabaña ovina merina española, refuerza el carácter territorial de la iniciativa.

No es la primera vez que se intenta revertir la crisis lanera desde el ámbito público. A lo largo de las últimas décadas se han sucedido proyectos de aislamiento térmico con lana, líneas de subvención autonómicas para el esquilado y campañas de promoción del consumo de fibra natural, con resultados desiguales y, en la mayoría de los casos, sin continuidad suficiente para transformar la estructura del sector a escala nacional.

La Asociación Nacional de Criadores de Ganado Merino, uno de los actores presentes en la Mesa, defiende mecanismos que permitan a los ganaderos rentabilizar el esquilado, una operación que en muchas explotaciones genera hoy más coste que ingreso. Sin una revalorización efectiva de la fibra, el incentivo económico para mantener razas laneras como la merina se debilita frente a razas orientadas exclusivamente a la producción de carne.

La consultora IFEDES Desarrollo Sostenible, también integrada en la plataforma, aporta una perspectiva de diseño de proyectos de desarrollo territorial, un ámbito en el que la Unión Europea ha canalizado fondos a través de sus programas de desarrollo rural, con los que España ha cofinanciado iniciativas de diversificación económica en zonas de baja densidad de población desde su adhesión a la entonces Comunidad Económica Europea en 1986.

El horizonte inmediato de la Mesa Nacional de la Lana pasa por consolidar la coordinación entre administraciones, empresas y ganaderos antes de que puedan materializarse proyectos concretos de reindustrialización, cuyos plazos y financiación no se han detallado públicamente hasta la fecha. El éxito de la iniciativa dependerá, en última instancia, de si logra traducir el discurso sobre la lana como recurso estratégico en una demanda real que sostenga precios dignos para el ganadero.

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