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PP y Vox abren negociaciones para la Junta de Andalucía entre cordialidad y líneas rojas

Los partidos se reúnen en el Parlamento andaluz y fijan nuevos contactos en los próximos días, mientras Moreno excluye a Vox del Ejecutivo.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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El Partido Popular y Vox iniciaron este martes en el Parlamento de Andalucía las negociaciones formales para investir a Juanma Moreno como presidente de la Junta. El encuentro, celebrado en Sevilla entre representantes de ambas formaciones, transcurrió en lo que las partes describieron como un 'clima de cordialidad', aunque sin acuerdo visible.

PP busca apoyo sin precio de gobierno

La posición del PP andaluz al arrancar estas negociaciones reproduce el esquema que el propio partido ha defendido como fórmula de gobernabilidad desde que perdió la mayoría absoluta que obtuvo en las elecciones autonómicas de junio de 2022. En aquellos comicios, el PP logró 58 escaños —su mejor resultado histórico en Andalucía—, pero la aritmética de la cámara andaluza, con 109 escaños necesarios para la mayoría absoluta, obliga a un acuerdo externo. Vox, con 14 diputados, es la llave matemática más directa para garantizar la estabilidad de una investidura.

Moreno ha insistido en que la participación de Vox en el Ejecutivo no está sobre la mesa. La diferencia entre apoyo externo —a través de un pacto de legislatura o de investidura— y la integración en el gobierno es, desde el punto de vista de la imagen institucional del PP nacional, una línea que el presidente andaluz no quiere traspasar. La dirección nacional del partido, bajo la presidencia de Alberto Núñez Feijóo, ha marcado esa misma pauta en sus comunicaciones públicas, aunque sin ordenar expresamente a los barones autonómicos cómo articular sus gobiernos.

El espejo sevillano: el precedente de 2021 y sus cláusulas

El acuerdo al que sirve de referencia es el que PP y Vox firmaron en Sevilla en 2021 para sostener el anterior mandato de Moreno. Aquel pacto —conocido como el 'acuerdo de gobernabilidad'— estableció compromisos programáticos concretos sin otorgar a Vox consejerías ni presencia institucional en el Ejecutivo. El modelo fue cuestionado internamente por sectores de Vox que reclamaban una participación más visible, pero se mantuvo operativo durante toda la legislatura, lo que convirtió a Andalucía en el laboratorio de convivencia PP-Vox más longevo de España hasta la fecha.

Ese antecedente marca ahora las expectativas de ambas partes. Vox sabe que el PP tiene experiencia gestionando esa fórmula y que tiene incentivos para replicarla. El PP, por su parte, conoce los límites que Vox impuso en 2021 —vetos a determinadas políticas de igualdad, exigencias sobre inmigración y rechazo a la agenda climática— y sabe que negociar programas de gobierno con Vox implica ceder terreno en áreas donde el partido de Moreno ha intentado construir una imagen de centro moderado.

El procedimiento: plazos y mecánica de investidura en Andalucía

El marco normativo que regula este proceso es el Estatuto de Autonomía para Andalucía (Ley Orgánica 2/2007) y el Reglamento del Parlamento de Andalucía. Una vez constituida la cámara, el presidente del Parlamento inicia consultas con los grupos parlamentarios y propone un candidato a la presidencia de la Junta. El candidato propuesto deberá obtener la mayoría absoluta en primera votación o la mayoría simple en segunda, transcurridas 48 horas. Si en el plazo de dos meses desde la primera votación de investidura ningún candidato obtiene la confianza, la cámara se disuelve automáticamente y se convocan nuevas elecciones.

Ese reloj institucional es el verdadero fondo sobre el que se desarrollan las negociaciones. Los partidos tienen incentivos para cerrar un acuerdo con agilidad: una disolución automática implicaría nueva campaña, nuevo gasto electoral y una incertidumbre que ninguna de las partes, en principio, desea. La expresión 'los próximos días' con la que ambas formaciones zanjaron la primera reunión sugiere que el proceso no está maduro pero tampoco bloqueado.

Las posiciones de cada actor: distancia real bajo la cordialidad

Desde Vox, la dirección nacional —con Santiago Abascal al frente— lleva semanas enviando señales de que no aceptará indefinidamente el papel de socio externo sin compensación institucional visible. La experiencia de otros territorios donde Vox ha apoyado gobiernos del PP —Castilla y León, Extremadura, Aragón o la Comunidad Valenciana— muestra un patrón diferente al andaluz: en esos casos, Vox sí obtuvo vicepresidencias o consejerías. Esa comparación interna es un argumento que los negociadores de Vox utilizan para elevar su precio.

El PP, por su parte, maneja un argumento de peso político nacional: las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno han situado a los partidos conservadores en una posición de oposición total a los pactos con fuerzas que cuestionan el orden constitucional o la unidad territorial. En ese contexto, cualquier imagen de Vox gobernando en Andalucía —el feudo histórico del conservadurismo español— es interpretada por la dirección nacional del PP como un coste de marca que prefiere evitar.

Andalucía como laboratorio: peso económico y político de lo que se negocia

Conviene no perder de vista la dimensión de lo que está en juego. Andalucía es la comunidad autónoma más poblada de España, con más de 8,5 millones de habitantes según el Padrón Municipal del INE a 1 de enero de 2023, y la que mayor peso tiene en términos de producto interior bruto regional —aunque su renta per cápita se sitúa sistemáticamente por debajo de la media nacional, según los datos de Contabilidad Regional del INE correspondientes a 2022—. El presupuesto de la Junta de Andalucía ronda los 40.000 millones de euros anuales, lo que convierte a su Ejecutivo en uno de los mayores empleadores y contratistas públicos del país.

Esa escala hace que los acuerdos programáticos que se alcancen en Sevilla tengan consecuencias directas sobre políticas de sanidad, educación, vivienda y empleo para millones de ciudadanos. Las negociaciones no son, por tanto, un ejercicio de cálculo electoral abstracto: cada cláusula que se introduzca en un eventual pacto de gobernabilidad tiene traducción en normativa autonómica, en el despliegue de recursos y en las prioridades del gasto. En este sentido, el análisis de lo que se cedió y lo que no en el pacto de 2021 —publicado en el Boletín Oficial del Parlamento de Andalucía— es la referencia documental más útil para anticipar el perímetro de lo negociable.

Precedente histórico: la Transición andaluza y la cultura del pacto

Andalucía tiene una historia propia de pactos que vale la pena recuperar. Desde la aprobación de su Estatuto de Autonomía en 1981 —tras el referéndum del 28 de febrero de 1980, cuya participación y resultado condicionaron la vía de acceso a la autonomía plena—, la comunidad estuvo gobernada de forma ininterrumpida por el PSOE durante casi cuatro décadas. La alternancia llegó en 2018, cuando PP, Ciudadanos y Vox articularon el primer gobierno no socialista desde la restauración de la democracia. Aquel tripartito implícito —con Ciudadanos en el Ejecutivo y Vox como apoyo externo— fue también una novedad sin precedente directo en la España autonómica.

Ese giro de 2018 demostró que la cultura del pacto en Andalucía puede producir coaliciones imprevistas y que los grandes bloques ideológicos son más permeables de lo que los programas electorales sugieren. La actual negociación entre PP y Vox se inscribe en esa misma lógica de pragmatismo institucional, aunque ahora sin la presencia de Ciudadanos —partido que desapareció prácticamente del mapa andaluz en 2022— y con un PP que ha absorbido buena parte de su electorado.

Qué pasa a partir de aquí: hitos y plazos concretos

El calendario político marca que las negociaciones deberán concretarse antes de que el Parlamento de Andalucía fije la sesión de investidura. La presidencia de la cámara tiene la facultad de proponer ese plazo una vez completadas las rondas de consulta. Si los contactos entre PP y Vox avanzan 'en los próximos días', como anunciaron ambas partes, el escenario más probable es que se alcance un acuerdo de apoyo externo —con o sin documento programático público— antes de que se active el contador de dos meses que podría llevar a nuevas elecciones.

El nudo político seguirá siendo la diferencia entre lo que Vox considera un acuerdo digno —con presencia institucional o compromisos programáticos de alto impacto— y lo que el PP está dispuesto a ofrecer sin comprometer su posicionamiento de cara a las elecciones generales. Esa tensión, visible bajo la 'cordialidad' de la primera reunión, es la que determinará si Andalucía cierra legislatura con un gobierno estable o si el laboratorio del sur vuelve a las urnas antes de lo previsto.

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