Rodríguez ocupó uno de los cargos de mayor cercanía protocolaria con la Presidencia durante la administración Petro. Construyó su testimonio desde la autocrítica de haber pertenecido al proyecto político que hoy cuestiona, y explicó el proceso de desencanto apelando a su propia identidad. Dijo haber sido, como "muchos colombianos", una admiradora acrítica del entonces mandatario, a quien atribuía una capacidad de conexión emocional que vivió de cerca: confesó que se "ponía a llorar con sus discursos" porque Petro "engancha cuando habla".
"De ingenua, al igual que muchos colombianos. No queríamos aceptar que nuestro héroe, y hablo como una mujer progresista que viene de ese proyecto político… Cuando a mí me tocan a mi mesías —que después entendí que yo lo tenía como un mesías, como un dios— y posteriormente dije: 'Perdóneme, nos está engañando con su relato y su narrativa'", declaró Angie Rodríguez, exdirectora del Dapre.
Rodríguez describió el contraste entre la figura pública del expresidente y lo que, según su relato, presenció en privado. Esa disonancia, dijo, fue el origen de un temor que describió como creciente a medida que se acercaba el final de su gestión.
"Pero después empecé a decir: 'Uy, no, es un mentiroso'. O sea… Cuando yo veía el monstruo en privado, yo me empecé a desencantar, a tener miedo. O sea, era horrible. Llegó a un punto en el que decía: 'Nadie me va a creer'", afirmó la exdirectora del Dapre.
La exfuncionaria llegó a plantear que pudo haber sido víctima de lo que denominó un "crimen de Estado", y aseguró haber sentido que la iban a matar al final de su paso por el gobierno Petro. En lo recogido no precisó si ese señalamiento derivó en una denuncia formal ante la Fiscalía General de la Nación o ante otra autoridad, de modo que el episodio permanece, por ahora, en el terreno del relato personal y no de una actuación judicial en curso.
Rodríguez respaldó además las versiones de Eva Ferrer, otra figura que había ofrecido previamente un testimonio sobre presuntas irregularidades en el entorno cercano al expresidente. Según la exdirectora del Dapre, esas versiones son coherentes con lo que ella misma habría percibido: la existencia de un presunto "pacto criminal" entre Petro y la exprimera dama Verónica Alcocer.
Del relato al proceso penal
Ninguno de los señalamientos recogidos en la entrevista se ha traducido en una imputación formal de cargos contra Petro o Alcocer ante la justicia colombiana por los hechos descritos. Corresponde mantener la distinción entre una acusación pública y un proceso penal abierto bajo la Ley 906 de 2004, que exige la condición de indiciado y una eventual audiencia de imputación antes de hablar de responsabilidad penal. Por su investidura, un expresidente aforado estaría sujeto además al fuero que la Constitución reserva a la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara y a la Corte Suprema de Justicia.
El relato de Rodríguez se suma a episodios recientes que han puesto bajo escrutinio distintas esferas del entorno del Gobierno Petro y de la seguridad de figuras públicas en Colombia. En un frente distinto, un abogado pidió a la Fiscalía investigar presuntos seguimientos a Miguel Uribe Turbay, un asunto judicial separado que alimenta el mismo clima de desconfianza sobre el manejo de información sensible desde el ejecutivo.
También se reportó el giro de más de $20.000 millones del Ministerio del Interior hacia el municipio de Soledad 28 días antes de la salida de Petro, un episodio de naturaleza administrativa que ha sido objeto de preguntas sobre el uso de recursos del Presupuesto General de la Nación en los tramos finales de la gestión.
Estos episodios, sumados al testimonio de Rodríguez, configuran un mapa de denuncias que aún no ha derivado en actuaciones formales de la Fiscalía, la Procuraduría o la Contraloría contra los señalados por la exdirectora del Dapre. El propio relato carece, por el momento, de corroboración documental o judicial adicional que permita calificar sus afirmaciones como hechos probados, por lo que la versión queda bajo su responsabilidad testimonial.
La historia política colombiana registra episodios de exfuncionarios que, tras salir de cargos de confianza en la Casa de Nariño, ofrecen versiones contrapuestas a la narrativa oficial del gobierno que integraron. El excónsul en Miami Andrés Felipe Arias y, más recientemente, las denuncias cruzadas en torno al escándalo de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres durante el propio gobierno Petro ilustran cómo estos testimonios suelen abrir disputas que terminan en manos de la Fiscalía o de las altas cortes cuando los señalamientos adquieren entidad penal.
"Llegó a un punto en el que decía: 'Nadie me va a creer'", resumió Rodríguez el estado de ánimo con el que, según su relato, abandonó el Dapre.


