“¡Una exploración masiva de petróleo, gas y minerales se está preparando para comenzar en nuestra nueva y hermosa Groenlandia!”, escribió Trump en un mensaje publicado en su red Truth Social. El mandatario citó a expertos no identificados para asegurar que “la cantidad de petróleo fácilmente disponible es mucho mayor que la de casi cualquier lugar del mundo”, aunque no ofreció detalles sobre la eventual participación de empresas estadounidenses ni sobre plazos concretos.
El anuncio llega semanas después de que trascendieran operaciones preparatorias de una petrolera estadounidense en una remota región del este de Groenlandia, hecho que, según informaciones de los medios en agosto, generó inquietud entre los habitantes y las autoridades de la isla, que depende administrativamente de Dinamarca pero goza de autogobierno.
Trump también resaltó el papel de Groenlandia dentro del sistema de defensa antimisiles que impulsa su gobierno, conocido como “Escudo de la Cúpula Dorada”. La isla se ubica en la ruta más corta para misiles entre Rusia y Estados Unidos, una posición que el mandatario calificó de “insuperable” para la seguridad de ambos lados del Atlántico.
“Cualquier futuro ataque contra Estados Unidos tendrá que atravesar Groenlandia, donde nuestra defensa derribará de forma rutinaria drones, misiles o cualquier otra forma de arma aún no concebida”, afirmó Donald Trump, presidente de EE. UU., en Truth Social.
El trasfondo del anuncio se remonta a las amenazas que el propio Trump lanzó en los meses previos sobre la posibilidad de tomar Groenlandia por la fuerza, dada su importancia estratégica dentro del Círculo Ártico. La tensión derivó en septiembre en la firma de un acuerdo de seguridad entre Washington y los líderes de Groenlandia y Dinamarca, un pacto de diez páginas que contempla la construcción de dos nuevas bases militares estadounidenses en el territorio.
Las instalaciones se levantarán en Narsarsuaq, en el sur de la isla, y en Mestersvig, en el este, y se sumarán a la base de Pituffik, ya operativa en el norte. El refuerzo militar estadounidense corre en paralelo al interés de Washington por los yacimientos de tierras raras sin explotar que posee Groenlandia, minerales considerados críticos para la industria tecnológica y de defensa a escala global.
El pulso por la isla no es nuevo: en 2019, durante su primer mandato, Trump propuso comprar Groenlandia a Dinamarca, oferta que la entonces primera ministra Mette Frederiksen rechazó como “absurda”, lo que llevó al mandatario a cancelar una visita oficial a Copenhague. La reciente presión arancelaria de Washington sobre terceros países —como el debate sobre el arancel del 12,5% a Colombia— ilustra el estilo transaccional con que la Casa Blanca negocia sus intereses estratégicos.
El deshielo polar, que abre nuevas rutas marítimas en el Ártico, añade otra capa de disputa geopolítica a la región, donde Rusia y China también han mostrado interés por ampliar su presencia. Para Dinamarca, miembro de la Unión Europea y de la OTAN, el episodio tensiona el equilibrio entre la soberanía sobre su territorio autónomo y la presión de su principal aliado militar.
“¡Nos brinda tiempo, ubicación y línea de visión, como en ningún otro lugar del mundo!”, agregó Trump en el mismo mensaje en el que anunció la exploración energética.


