La atención sobre la temperatura del motor suele centrarse en el sobrecalentamiento, el escenario que todo conductor identifica como peligroso porque puede derivar en una avería grave e inmediata. El problema inverso —un motor que nunca llega a calentarse lo suficiente— recibe mucha menos atención pese a tener consecuencias similares sobre los componentes internos del vehículo a medio y largo plazo.
En la mayoría de los motores de combustión, la temperatura óptima de funcionamiento se sitúa en torno a los 90 grados, aunque el valor exacto varía según el modelo y el tipo de motor. Cuando el vehículo circula de forma habitual sin alcanzar ese umbral, el sistema de refrigeración puede tener un fallo que impide la correcta regulación térmica.
El termostato es la pieza encargada de controlar el paso del líquido refrigerante para que el motor alcance y mantenga su temperatura de trabajo. Cuando el motor está frío, permanece cerrado para favorecer un calentamiento rápido; una vez alcanzada la temperatura adecuada, se abre para permitir la circulación del refrigerante y evitar el sobrecalentamiento.
El fallo más común, según la explicación del mecánico, es que el termostato quede abierto de forma permanente. En ese caso, el líquido refrigerante circula de manera continua incluso cuando el motor todavía está frío, lo que impide que alcance su temperatura óptima y mantiene al conjunto mecánico funcionando por debajo de sus condiciones de diseño durante trayectos enteros.
«Si el motor del coche no está a suficiente temperatura, el aceite tampoco y hace que se desgaste muchísimo, pero prevenir la avería cuesta solo 35 euros», explica Alex Amilibia, mecánico y divulgador en su canal de Instagram Amiliibia.
Por qué afecta también al aceite
El problema no se limita a que la aguja del cuadro marque una temperatura inferior a la habitual. El aceite del motor está formulado para trabajar dentro de un rango térmico concreto, en el que alcanza la viscosidad adecuada para lubricar correctamente las piezas móviles. Cuando el motor funciona frío de manera prolongada, el aceite no llega a esas condiciones óptimas y pierde parte de su capacidad protectora.
Esa circunstancia puede traducirse en un mayor desgaste de componentes internos, especialmente si el vehículo acumula muchos kilómetros en esas condiciones sin que el conductor detecte el problema. A diferencia de una avería que provoca una parada inmediata, el deterioro asociado a un motor frío es progresivo y puede pasar inadvertido durante meses antes de manifestarse en forma de una reparación mayor.
En el caso mostrado por Amilibia, el vehículo analizado no llegaba a alcanzar los 90 grados habituales, lo que apuntaba directamente al termostato como origen del fallo. La sustitución de esta pieza, según su explicación, puede resultar una intervención relativamente económica, si bien el procedimiento exacto varía en función del modelo y la disposición del motor.
El proceso que describe requiere, en primer lugar, dejar enfriar completamente el motor antes de manipular el circuito de refrigeración, dado que este contiene líquido anticongelante. Durante el desmontaje es necesario recoger el refrigerante que se libera y sustituir las juntas asociadas a la pieza, para evitar fugas posteriores. Una vez instalado el nuevo termostato, el circuito debe rellenarse con el líquido adecuado y purgarse siguiendo las indicaciones específicas del fabricante, un paso que el mecánico subraya como crítico.
Entre los síntomas que, según su explicación, pueden alertar de este fallo se encuentran una temperatura que nunca llega a su nivel habitual, un descenso brusco de la aguja durante la circulación o un tiempo de calentamiento notablemente superior al normal. Cualquiera de estas señales, de confirmarse de forma recurrente, apunta a una revisión del sistema de refrigeración antes de que el desgaste se extienda a otros componentes del motor.
El propio divulgador matiza que no todos los problemas de temperatura comparten el mismo origen, por lo que recomienda contrastar cualquier anomalía con el manual del vehículo o acudir a un profesional antes de intervenir. La revisión del termostato, con todo, se presenta como uno de los puntos de control más sencillos y económicos del mantenimiento preventivo de un motor de combustión, frente a reparaciones de mayor coste derivadas de un desgaste prolongado y no detectado a tiempo.

