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Un adolescente con una mutación rara del gen SCN2A camina tras una terapia génica a medida

Connor, diagnosticado en 2014 de una epilepsia grave causada por una alteración única, logró caminar sin ayuda tras un tratamiento diseñado solo para su caso.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Un adolescente con una mutación rara del gen SCN2A camina tras una terapia génica a medida

Un adolescente estadounidense identificado como Connor, diagnosticado en 2014 de una mutación en el gen SCN2A causante de epilepsia grave y rasgos de autismo, ha conseguido caminar sin apoyo por primera vez tras someterse a una terapia genética diseñada específicamente para su alteración, según relató este martes.

Connor, segundo de tres hermanos, comenzó a sufrir convulsiones a los ocho meses de vida. Durante años sus padres recorrieron consultas sin obtener un diagnóstico certero, hasta que en 2014 los análisis genéticos identificaron la causa: una mutación en el gen SCN2A, que regula los canales de sodio encargados de transmitir los impulsos eléctricos entre neuronas. Cuando ese gen se altera, los impulsos que deberían encender y apagar la actividad neuronal se distorsionan, lo que interfiere en el desarrollo motor y cognitivo. Los médicos que le atendieron no esperaban que superara los cinco años de edad, según el relato publicado.

Las mutaciones en SCN2A, pese a clasificarse dentro del grupo de enfermedades raras, se cuentan entre las causas genéticas más frecuentes de epilepsia infantil grave y de autismo de origen monogénico, es decir, causado por la alteración de un solo gen. La normativa europea considera enfermedad rara aquella que afecta a menos de 5 personas por cada 10.000 habitantes, umbral fijado por el Reglamento (CE) 141/2000 sobre medicamentos huérfanos y empleado por las agencias sanitarias para catalogar y financiar la investigación en este ámbito.

La solución que ha permitido a Connor caminar sin ayuda es una terapia genética personalizada, diseñada exclusivamente para su mutación concreta. Este tipo de tratamientos, conocidos en la literatura científica como terapias N=1 —en referencia al tamaño de la muestra: un solo paciente—, representan una de las fronteras más recientes de la medicina genómica y suponen un cambio de paradigma respecto a los ensayos clínicos tradicionales, pensados para poblaciones amplias de pacientes con la misma patología. La tecnología habitual en estos casos son los fármacos antisentido, fragmentos sintéticos de ADN o ARN que corrigen o bloquean la expresión de un gen defectuoso.

Un precedente que abrió el debate: el caso milasen

El concepto de terapia N=1 ganó notoriedad internacional en 2019, cuando un equipo del Boston Children's Hospital desarrolló milasen, un fármaco diseñado en pocos meses para una niña con la enfermedad de Batten, otra dolencia neurodegenerativa rara. Aquel caso, documentado en publicaciones científicas, marcó un precedente sobre la viabilidad técnica y ética de tratamientos hechos a medida para mutaciones únicas, y abrió un debate regulatorio sobre cómo aprobar fármacos que, por definición, solo beneficiarán a un paciente.

El coste económico constituye otro obstáculo para su generalización. El desarrollo de un fármaco antisentido puede requerir una inversión muy elevada por paciente, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de los sistemas sanitarios públicos si estos tratamientos llegaran a extenderse. A diferencia de un medicamento convencional, cuyo coste de desarrollo se reparte entre miles de enfermos, el de una terapia N=1 recae sobre un único caso.

En España, la autorización de terapias avanzadas y medicamentos huérfanos está regulada por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), en coordinación con la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), que dispone de un procedimiento específico de designación de medicamento huérfano desde el citado Reglamento (CE) 141/2000. Las terapias personalizadas para un único paciente, sin embargo, chocan con los circuitos habituales de aprobación, que exigen ensayos clínicos con cohortes de pacientes, algo inviable cuando la mutación es exclusiva de una sola persona.

El Instituto de Salud Carlos III, a través del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (CIBERER), mantiene desde hace años programas de diagnóstico genético para pacientes sin filiación clara, aunque el desarrollo de fármacos a medida como el aplicado a Connor continúa siendo excepcional y se concentra sobre todo en centros de investigación de Estados Unidos y de algunos países europeos con financiación específica.

La Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) ha reclamado en distintas ocasiones ante el Ministerio de Sanidad una mayor inversión en diagnóstico genético precoz, con el argumento de que identificar cuanto antes la mutación causante amplía las opciones terapéuticas, incluida la posibilidad —todavía remota para la inmensa mayoría de los casos— de acceder a un tratamiento personalizado como el que ha beneficiado a Connor.

El caso, procedente por ahora de una única fuente periodística, no ha sido corroborado por publicaciones científicas revisadas por pares ni por las instituciones sanitarias que habrían intervenido en el tratamiento, por lo que debe interpretarse con la cautela habitual en la comunicación de avances médicos individuales. La comunidad científica suele exigir la publicación de resultados en revistas especializadas y su reproducción en otros pacientes con mutaciones similares antes de considerar consolidada una vía terapéutica.

De confirmarse los detalles, la cuestión que se abre para médicos y reguladores, tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea, es si existe un camino viable para escalar este tipo de soluciones desde un único paciente hacia protocolos aplicables a otros niños con mutaciones distintas pero mecanismos patológicos comparables dentro del espectro de enfermedades causadas por alteraciones en canales de sodio neuronales.

Los próximos hitos, según la trayectoria habitual de estas terapias experimentales, serían la publicación de los resultados clínicos completos en una revista revisada por pares, el seguimiento a medio plazo de la evolución motora y neurológica de Connor, y la eventual apertura de líneas de financiación pública o privada para replicar el modelo en otros pacientes con mutaciones raras del gen SCN2A.

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