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Una neuróloga advierte de los límites de los fármacos contra el insomnio frente a la causa real

La especialista sostiene que las benzodiacepinas no proporcionan un sueño natural y reclama tratar el origen del problema.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
2 min de lectura
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Una neuróloga ha repasado los límites de los tratamientos farmacológicos para el insomnio y ha advertido de que «las benzodiacepinas no dan un sueño natural». La especialista defiende que el abordaje correcto pasa por determinar la causa concreta de cada caso para actuar «desde la raíz» y resolver el problema, en lugar de limitarse a paliar los síntomas con medicación. El planteamiento desplaza el foco del fármaco a la causa.

Una neuróloga ha advertido de que las benzodiacepinas, fármacos ampliamente prescritos para el insomnio, no generan un sueño equiparable al fisiológico y no resuelven la causa subyacente del trastorno. La especialista defiende que el abordaje clínico debe orientarse a identificar y tratar el origen del problema, en lugar de limitarse a suprimir el síntoma mediante medicación.

Mecanismo farmacológico y distorsión de la arquitectura del sueño

Las benzodiacepinas actúan sobre el sistema nervioso central potenciando la acción del ácido gamma-aminobutírico (GABA), principal neurotransmisor inhibidor del cerebro, lo que induce sedación y reduce la latencia de inicio del sueño. Sin embargo, la neuróloga subraya que el sueño obtenido bajo su efecto difiere cualitativamente del fisiológico: la arquitectura de las fases queda alterada, afectando en particular al sueño de ondas lentas y al sueño REM, ambos esenciales para la consolidación de la memoria y la restauración celular. El paciente duerme, pero no descansa de la misma manera que lo haría sin mediación farmacológica.

El insomnio figura entre los trastornos más prevalentes en las consultas de atención primaria y neurología. Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), entre el 20 % y el 48 % de la población adulta española presenta dificultad para iniciar o mantener el sueño en algún momento de su vida, y entre el 10 % y el 15 % lo padece de forma crónica, porcentajes que se sitúan en la franja alta de las estimaciones europeas recogidas por el European Sleep Research Society. Su impacto se extiende al rendimiento cognitivo, la salud cardiovascular, el sistema inmunitario y la salud mental.

Insomnio como síntoma, no como diagnóstico

La neuróloga advierte de que el insomnio no constituye un diagnóstico en sí mismo en la mayoría de los casos, sino la manifestación de otro proceso: ansiedad, depresión, apnea obstructiva del sueño, dolor crónico, hábitos inadecuados o factores ambientales, entre otros. Tratar únicamente el síntoma con fármacos puede enmascarar una patología subyacente que, sin intervención específica, progresa. Este enfoque sintomático prolonga además el tiempo hasta un diagnóstico correcto, con las consecuencias clínicas y personales que ello acarrea.

Tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia

La especialista señala que las benzodiacepinas generan tolerancia —el organismo requiere dosis progresivamente mayores para obtener el mismo efecto— y dependencia física y psicológica. Su retirada brusca puede desencadenar un síndrome de abstinencia con rebote del insomnio, ansiedad e incluso convulsiones en casos de uso prolongado. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) establece en sus fichas técnicas que la duración del tratamiento con benzodiacepinas no debe superar, en general, las cuatro semanas, criterio que la práctica clínica habitual supera con frecuencia según los propios registros de prescripción del Sistema Nacional de Salud.

El precedente regulatorio más relevante en Europa data de 1988, cuando la Organización Mundial de la Salud advirtió formalmente sobre el riesgo de dependencia de este grupo farmacológico y recomendó limitar su prescripción a ciclos breves, advertencia que fue seguida de restricciones de prescripción en el Reino Unido y que, décadas después, sigue siendo objeto de revisión en los sistemas sanitarios de la UE ante la persistencia de pautas de prescripción prolongada.

TCC-I como primera línea terapéutica según guías clínicas

Frente al recurso farmacológico, la neuróloga defiende que el primer paso debe ser una evaluación clínica orientada a determinar la causa del insomnio. Las guías de práctica clínica de la European Sleep Research Society y de la American Academy of Sleep Medicine sitúan la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) como tratamiento de primera línea en el insomnio crónico, por encima de la farmacoterapia, al ofrecer resultados sostenidos sin los riesgos asociados a la medicación. La TCC-I trabaja sobre los patrones de pensamiento y conducta que perpetúan el trastorno, así como sobre la higiene del sueño y el control de estímulos.

El marco normativo aplicable en España combina la Ley 29/2006, de garantías y uso racional de los medicamentos, y la cartera de servicios del SNS. La TCC-I no está incluida de forma homogénea en la cartera básica de servicios de salud mental en todas las comunidades autónomas, lo que genera una disponibilidad desigual según el territorio. La especialista sostiene que esta asimetría en el acceso contribuye a que el fármaco siga siendo, en la práctica, la respuesta más frecuente y rápida ante el insomnio en atención primaria.

Prescripción prolongada y presión asistencial

La facilidad con la que las benzodiacepinas resuelven el síntoma a corto plazo, combinada con la presión asistencial que limita el tiempo de consulta, explica en parte la tendencia a la prescripción prolongada que la neuróloga cuestiona. El Informe Anual del SNS 2022, publicado por el Ministerio de Sanidad, registra las benzodiacepinas entre los grupos farmacológicos con mayor volumen de envases dispensados con receta del sistema público, una magnitud que se ha mantenido estable en la última década sin descensos significativos respecto a los datos de 2013.

Debate clínico abierto y plazos institucionales

La advertencia de la especialista se inscribe en un debate más amplio dentro de la medicina del sueño sobre los criterios de prescripción, la formación en terapias no farmacológicas en atención primaria y el acceso real de los pacientes a la TCC-I. La Estrategia de Salud Mental del SNS 2022-2026, aprobada por el Consejo Interterritorial, contempla la expansión de intervenciones psicológicas en atención primaria, aunque sin un calendario vinculante ni dotación presupuestaria específica para la TCC-I como tratamiento del insomnio. La pregunta que subyace al planteamiento de la neuróloga es si el sistema sanitario estará en condiciones de ofrecer, de forma sistemática antes del horizonte de 2026, un abordaje que vaya más allá del fármaco cuando el paciente llega a consulta con dificultad para dormir.

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