El cierre no partió de un comunicado de NEC, sino de una información publicada por Diamond Online el 4 de septiembre que añadía un dato: investigadores del proyecto se habían marchado a Fujitsu, su principal competidor japonés. La agencia Jiji Press lo confirmó dos días después citando a «personas familiarizadas con el asunto», que atribuían la decisión a que seguir con el hardware «no producirá los beneficios esperados, dados los numerosos obstáculos que hay que superar para el uso práctico, como la falta de un enfoque de hardware dominante».
Preguntada por Diamond, la empresa no confirmó el cierre. Su departamento de relaciones públicas respondió que «nos abstendremos de hacer comentarios», según recogió el medio especializado XenoSpectrum, aunque matizó que la compañía seguía avanzando en «la evaluación técnica de cara a su aplicación práctica y en los esfuerzos hacia su industrialización». A la agencia Kyodo le trasladó que «seguirá trabajando» en tecnologías relacionadas con lo cuántico, una fórmula que deja abierta la continuidad de otras líneas mientras cierra la de hardware.
El recocido cuántico como salida
Según The Quantum Insider, que cita a Nikkei, NEC mantendrá su trabajo en recocido cuántico, un método orientado a resolver problemas de optimización —como el orden de las paradas de un reparto o los turnos de una fábrica— eligiendo la mejor combinación entre millones de posibilidades. La compañía ampliaría además los servicios que imitan esos cálculos mediante ordenadores convencionales, sin chip cuántico físico, aunque no se ha aclarado si eso incluye seguir fabricando máquinas de recocido propias.
El recorrido técnico de NEC había sido constante pero lento. Un cúbit es la unidad básica de información de un ordenador cuántico: a diferencia del bit clásico, que vale 0 o 1, puede estar en una mezcla de ambos estados, algo que en los cúbits superconductores solo se mantiene a temperaturas cercanas al cero absoluto. En 2014 la empresa desarrolló junto al instituto RIKEN el parametrón superconductor, un circuito resonante capaz de funcionar como cúbit.
En marzo de 2022 NEC puso en marcha una celda de 4 cúbits, y en junio de 2023 presentó, junto al Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada (AIST), una máquina de recocido de 8 cúbits que describió como «la primera máquina de recocido cuántico de fabricación japonesa accesible desde el exterior a través de Internet». La Universidad de Tohoku fue la primera institución en utilizarla, y el chip seguía una arquitectura desarrollada por ParityQC, una empresa surgida de la Universidad de Innsbruck.
Wolfgang Lechner y Magdalena Hauser, codirectores de ParityQC, celebraron entonces la colaboración en una nota de la universidad austríaca: «NEC fue la primera empresa que presentó un cúbit superconductor en los años noventa. Estamos muy orgullosos de que su procesador cuántico, que ahora estará disponible por primera vez para uso externo, se base en nuestra arquitectura».
Pese a ese hito, el propio equipo de NEC reconocía las limitaciones del sistema. Tomohiro Yamaji, investigador de la empresa a cargo del recocido cuántico, explicó en una entrevista publicada por la compañía en 2023 el estado real del desarrollo, muy lejos de los objetivos que la dirección había fijado meses antes ante el Gobierno japonés.
«En recocido cuántico todavía estamos repitiendo experimentos básicos con 8 bits. Como el número de bits es insuficiente para avanzar hacia la aplicación práctica, queremos ampliar nuestro sistema actual de 8 bits a 100 bits o más. Puede llevar algo de tiempo», explicó Tomohiro Yamaji, investigador de NEC a cargo del recocido cuántico.
Yamaji también señaló dónde estaba el obstáculo técnico central. «El cableado y los instrumentos de medida, que aumentan en proporción al número de bits, son un cuello de botella», afirmó, y subrayó que el problema «no se limita a NEC». Los cúbits superconductores deben operar dentro de un refrigerador de dilución que enfría el chip a unos 10 milikelvin, unos -273,14 °C, y el coste de ese sistema de medida y refrigeración constituye, según el investigador, la principal barrera para escalar cualquier procesador cuántico. «No basta con gastar dinero sin límite para construir un dispositivo gigantesco», advirtió.
La hoja de ruta de 2022 hablaba de 1.000 cúbits
El contraste entre la ambición declarada y el resultado final queda reflejado en un documento presentado el 6 de diciembre de 2022 por Motoo Nishihara, entonces consejero y director de tecnología de NEC, ante un grupo de trabajo de la Oficina del Gabinete de Japón. La hoja de ruta ascendía desde la celda de 4 cúbits hasta «más de 1.000 cúbits», sin fijar fecha para esa meta final. El texto describía el recocido como «lo más cercano a la comercialización» dentro de lo cuántico y afirmaba que su desarrollo «está madurando», con la puesta en práctica y la comercialización ya «en marcha». El documento terminaba con una petición directa: «Es importante el apoyo continuado del Estado a la inversión necesaria para superar la fase de desarrollo», escribió la compañía.
Tres años y tres meses después de esa presentación, NEC detuvo el desarrollo de su máquina física. Según Kyodo, mientras los grupos de investigación de Estados Unidos y Europa trabajan ya con cientos de cúbits, la cifra pública de NEC se había quedado en 8, y alcanzar un uso práctico habría exigido «seguir invirtiendo durante más de una década», un horizonte que la compañía consideró inasumible frente al retorno esperado.
Un problema de toda la industria
El caso de NEC no es aislado en la carrera cuántica global. La dificultad de escalar cúbits superconductores manteniendo la coherencia y gestionando el cableado criogénico la comparten gigantes como Google e IBM, cuyos procesadores actuales descienden precisamente de aquel circuito de estado sólido firmado en 1999 por Yasunobu Nakamura, Yuri Pashkin y Jaw-Shen Tsai en los laboratorios de NEC en Tsukuba. La diferencia está en la escala de la inversión sostenida: esas compañías estadounidenses han mantenido el ritmo de financiación durante más de una década; NEC optó por frenar antes de alcanzar un umbral de utilidad comercial.
El episodio ilustra la distancia entre la innovación pionera y la rentabilidad industrial. El trabajo original de Tsukuba sentó una base que terminó beneficiando a competidores con mayor capacidad de inversión, en un sector donde Japón mantiene otras apuestas: en septiembre, un sondeo de Insa situaba a AfD en el 30% en Alemania mientras Europa y Asia pugnan por el liderazgo tecnológico. La petición de apoyo estatal formulada en 2022 por Nishihara no obtuvo la continuidad que la compañía reclamaba, y el desenlace llegó a finales de marzo de 2026, cuando NEC cerró la máquina física en la que había trabajado durante 27 años.

