La investigación se centró en Bettongia lesueur (betong excavador) y Bettongia ogilbyi (betong de cola cepillada), dos marsupiales del tamaño de un conejo clasificados como especies en riesgo en Australia. En el betong de cola cepillada la diversidad de hongos consumidos aumenta en los lugares más secos, mientras que en el betong excavador ocurre lo contrario: su dieta se diversifica en los enclaves menos áridos.
Para llegar a esa conclusión, los científicos emplearon una técnica de identificación del ADN presente en los excrementos, que permite reconstruir el menú de cada animal sin observarlo de forma directa. El análisis detectó 379 variantes de hongos, de las que 82 correspondían a macrohongos consumidos de forma deliberada. La familia Pezizaceae domina el menú en todos los sitios estudiados, con un tipo de trufa del género Ruhlandiella como recurso principal.
Los autores advierten de que la relación entre clima y dieta no puede aislarse por completo: factores propios de cada sitio y del momento de la recolección influyen en los resultados, de modo que el patrón detectado puede reflejar la variación ambiental de cada zona más que una preferencia fija de cada especie.
Tanto el betong excavador como el betong de cola cepillada son micófagos, es decir, se alimentan sobre todo de hongos hipogeos, variedades que fructifican bajo tierra y recuerdan a las trufas. Para el betong de cola cepillada estos hongos llegan a suponer entre el 54% y el 76% de su dieta según la zona, pese a que su menú resultó menos diverso que el del betong excavador, en teoría menos especializado.
Estos hongos mantienen una relación de beneficio mutuo con las plantas: mejoran la absorción de agua y nutrientes de las raíces a cambio de recibir carbono, un intercambio que sostiene buena parte de la vegetación en los ecosistemas áridos. Al excavar en busca de ellos, los betongs remueven la tierra y transportan las esporas, lo que las dispersa por el terreno.
«Los mamíferos que se alimentan de hongos son ingenieros del ecosistema, ya que excavan en busca de hongos, lo que ayuda a la remoción del suelo, y actúan como vectores para la dispersión de las esporas fúngicas», explicó Rebecca Quah, autora principal del estudio, en declaraciones recogidas por ScienceDaily.
Australia registra la mayor tasa de extinción de mamíferos del mundo, con los gatos y zorros introducidos como principales responsables del declive de las especies nativas. El estudio respalda un proyecto para reintroducir ambos betongs en la isla Dirk Hartog, un espacio de 63.000 hectáreas en Australia Occidental. La estrategia de reservas libres de depredadores invasores enlaza con otros trabajos recientes sobre fauna y recursos naturales, como la extracción de litio y níquel del agua del mar sin minería.
Según la investigación, las diferencias en el consumo de hongos secundarios permiten que ambas especies convivan sin competir del todo por el alimento. Aun así, los autores recomiendan liberar a los animales tras las lluvias y vigilar los ciclos de sequía, porque el betong de cola cepillada, más dependiente de los hongos hipogeos, sufriría la escasez de precipitaciones en la isla.

