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Fabricantes de EEUU ultiman el panel solar tándem para romper el dominio chino

«Los fabricantes chinos venden sus paneles solares a precios muy bajos», advierte Andrés Gluski, consejero delegado de la eléctrica AES.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Varios fabricantes estadounidenses ultiman la comercialización de paneles solares tándem, una tecnología basada en perovskita que supera el 29% de eficiencia en laboratorio frente al 21–23% de los módulos convencionales de silicio, según informó The New York Times. China controla alrededor del 80% del mercado mundial de paneles, según la Agencia Internacional de la Energía, y Estados Unidos ve en esta tecnología su mejor baza para recuperar terreno industrial.

La apuesta se concentra en empresas como Tandem PV, First Solar y Hanwha Qcells, que han superado ya pruebas técnicas y certificaciones del sector antes de su llegada al mercado en los próximos meses. El salto consiste en apilar una capa de perovskita —un mineral derivado del titanato de calcio, más barato y fácil de producir que el silicio— sobre las células de silicio tradicionales, lo que permite capturar un espectro más amplio de luz solar y elevar el rendimiento de cada placa.

Los directivos del sector sostienen que estos módulos pueden alcanzar factores de capacidad superiores al 31%, es decir, generar electricidad durante más horas al día que los paneles actuales. Es una mejora considerable para una industria que basa buena parte de su competitividad en la eficiencia por metro cuadrado instalado, en un momento en que la energía solar se ha convertido en la fuente de electricidad más barata del planeta.

La compañía californiana Tandem PV, con sede en San José, ejemplifica el recorrido de esta apuesta: tras diez años de investigación y 50 millones de dólares captados —unos 46 millones de euros—, su consejero delegado, Scott Wharton, prevé tener listos los primeros paneles para clientes a gran escala durante este año. Hanwha Qcells, por su parte, prueba sus propios módulos tándem en un laboratorio situado en Alemania, en paralelo a los desarrollos estadounidenses.

El obstáculo principal no es técnico sino económico. Estos paneles podrían costar entre tres y tres veces y media más que los convencionales de una sola capa de silicio, un sobrecoste que condicionará su adopción en un mercado donde el precio ha sido históricamente la variable decisiva.

"Los fabricantes chinos venden sus paneles solares a precios muy bajos", advierte Andrés Gluski, consejero delegado de la eléctrica AES.

Para Gluski, el coste final decidirá si la nueva tecnología logra abrirse hueco: puede ser superior en rendimiento y seguir siendo inviable comercialmente si el diferencial de precio con los módulos chinos no se reduce de forma sustancial.

Quince años de ventaja china

La urgencia estadounidense responde a una pérdida de posición fraguada en apenas década y media. Hace quince años, Estados Unidos, Alemania y otros países desarrollados controlaban una parte relevante de la fabricación solar mundial; hoy esa industria se reparte casi por completo desde China, que según la Agencia Internacional de la Energía controla en torno al 80% del mercado global, ya sea suministrando placas terminadas o componentes con los que se ensamblan.

Ese peso resulta aún mayor en el arranque de la cadena: China se acerca al 95% de la producción mundial de polisilicio, lingotes y obleas, y solo la región de Xinjiang concentra en torno al 40% del polisilicio de todo el planeta. Esa concentración otorga a Pekín una ventaja de costes difícil de igualar: fabricar en China sale un 35% más barato que en Europa y un 20% más que en Estados Unidos. En una década, además, ha abaratado la energía solar más de un 80%.

First Solar, uno de los pocos gigantes occidentales que resisten en la fabricación a gran escala, apuesta por producir en suelo norteamericano apoyándose en los incentivos fiscales aprobados en los últimos años, con el objetivo de levantar una cadena de suministro que no dependa de un único país. Las eléctricas, sin embargo, se muestran reacias a comprar los nuevos módulos tándem mientras no quede demostrado que no se degradan más rápido que los paneles actuales, un temor que puede frenar su adopción pese al mayor rendimiento prometido.

El pulso, además, no es solo occidental. El fabricante chino Trina Solar ha batido el récord mundial de eficiencia con una célula tándem que alcanza el 29,2% y 907 vatios de potencia, prueba de que la carrera de la perovskita se libra también en los laboratorios asiáticos. A ese liderazgo se suma un problema de sobrecapacidad: las fábricas chinas producen muchos más paneles de los que el mundo instala, lo que hunde los precios internacionales y les permite inundar los mercados exteriores con un excedente que ningún competidor iguala en coste.

Europa, el eslabón más débil

Ese torrente de placas baratas tiene en Europa a su principal comprador y al bloque más expuesto de los tres grandes actores globales. Alrededor del 90% de los paneles solares instalados en la Unión Europea procede de China; en Alemania, el principal mercado del continente, el 88% de las placas importadas en 2025 llegó desde el país asiático. Solo en 2024 Europa importó cerca de 83 gigavatios en módulos chinos, y en la primera mitad de 2025 el 40% de las exportaciones solares de China tuvo como destino el mercado europeo. La razón es puramente económica: un panel chino puede resultar hasta dos tercios más barato que uno europeo.

El desfase entre lo comprado y lo instalado resulta considerable: unos 40 gigavatios en placas, valorados en cerca de 7.000 millones de euros, se amontonan sin montar en almacenes de Países Bajos, España, Alemania o Polonia, a la espera de mano de obra y permisos administrativos. Mientras tanto, la fabricación europea se apaga de forma gradual: el suizo Meyer Burger, mayor productor de módulos del continente, cerró su planta alemana de Freiberg y trasladó su actividad a Estados Unidos.

El propio continente que aloja los laboratorios de Hanwha Qcells importa nueve de cada diez placas que instala, un contraste que resume la fragilidad europea frente a la pugna tecnológica entre Washington y Pekín. El desenlace, como sostiene Gluski, dependerá menos del rendimiento de la perovskita que de si su coste final logra acercarse al de los módulos chinos que hoy dominan el mercado.

Fuentes

  1. OKDiariookdiario.com

Material del que parte esta pieza. El texto es propio; los enlaces llevan al original.

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