El trabajo, descrito por sus autores como una suerte de radiografía del Tenerife profundo, representa un salto en el conocimiento geológico de la isla. Hasta ahora, los modelos del subsuelo tinerfeño se apoyaban en datos indirectos y en extrapolaciones de otros sistemas volcánicos; este estudio ofrece por primera vez una imagen construida a partir de mediciones sísmicas propias de la isla, con un nivel de detalle inédito en la vigilancia geofísica canaria, según ha destacado Involcán.
La metodología consiste en registrar cómo se comportan las ondas sísmicas procedentes de seísmos ocurridos a miles de kilómetros de distancia cuando atraviesan las capas rocosas de Tenerife. «Las ondas sísmicas que generan estos terremotos, subiendo hacia la superficie, sufren unos cambios que dependen de la velocidad sísmica de las rocas que han cruzado», ha explicado D'Auria. El análisis de esas variaciones permite inferir la densidad y el estado físico del material que hay a cada profundidad, de forma análoga a como una tomografía médica revela estructuras internas del cuerpo.
Los resultados muestran velocidades sísmicas anómalamente bajas en una amplia zona bajo el noroeste de la isla, que comienza a unos 10 kilómetros de profundidad y se prolonga hasta los 15-20 kilómetros. «Esta velocidad tan baja solo se puede explicar si hay un porcentaje de roca en estado fundido», ha señalado D'Auria, quien ha adelantado que el volumen podría alcanzar varios kilómetros cúbicos de material magmático, aunque ha evitado ofrecer una cifra cerrada dada la incertidumbre inherente a este tipo de estimaciones indirectas.
El propio investigador ha matizado qué tipo de estructura describe el estudio, porque el término «bolsa de magma» puede inducir a una imagen equivocada. No se trataría de una cámara magmática única, al estilo de una gran cavidad subterránea llena de líquido incandescente: «No es una cámara magmática, podrían ser varias bolsas pequeñas de magma interconectadas entre sí», ha explicado, o bien una estructura más dispersa formada por una mezcla de roca sólida y material fundido en distintas proporciones. La distinción es relevante para la peligrosidad, ya que una estructura fragmentada y profunda se comporta de forma distinta a una cámara somera y compacta.
Sismicidad ligada a gases, no a un ascenso de magma
Uno de los aportes centrales del estudio es la interpretación que ofrece sobre las series sísmicas registradas en Tenerife en los últimos años. D'Auria ha señalado que la investigación aporta «más certezas» de que dicha actividad tendría un origen hidrotermal: gases que se separan del material fundido en profundidad y cuyo movimiento a través de las rocas generaría los terremotos, sin que ello implique un ascenso de magma hacia la superficie. «No está relacionado con el movimiento del magma, sino con el movimiento de gases», ha resumido el investigador.
Esta distinción tiene una traducción directa en la evaluación del riesgo: la sismicidad reciente no se interpretaría, según este análisis, como un precursor de actividad eruptiva a corto plazo. Se trata de un matiz técnico con implicaciones para los protocolos de vigilancia, que en España combinan el seguimiento sismovolcánico del Instituto Geográfico Nacional (IGN), organismo oficial en la materia, con la labor de Involcán y la coordinación de la Dirección General de Seguridad y Emergencias del Gobierno de Canarias.
El precedente más inmediato para calibrar la importancia de esta vigilancia se encuentra en La Palma, donde la erupción del volcán de Tajogaite, en Cumbre Vieja, entre septiembre y diciembre de 2021, obligó a evacuar a miles de personas y arrasó miles de edificaciones, según el balance del Gobierno de Canarias. Aquel episodio, precedido por semanas de intensa actividad sísmica asociada a un ascenso efectivo de magma, marcó un antes y un después en la percepción social del riesgo volcánico en el archipiélago y aceleró la inversión en redes de monitorización geofísica.
Tenerife, sin embargo, no ha registrado una erupción desde la del volcán Chinyero en 1909, en el noroeste de la isla, precisamente la zona bajo la que ahora se ha detectado la acumulación de material fundido. Ese largo periodo de reposo no es en sí mismo tranquilizador: los grandes sistemas volcánicos insulares pueden acumular presión y material fundido durante siglos antes de una nueva fase eruptiva, como reflejan los registros geológicos del complejo Teide-Pico Viejo.
D'Auria ha insistido en que el hallazgo no debe leerse en clave alarmista. «Todas las islas volcánicas tienen magma en su interior», ha recordado, subrayando que la estructura detectada «lleva formándose seguramente miles de años» y que su existencia es compatible con la actividad ordinaria de un sistema volcánico activo. Esa lectura coincide con la aplicada de forma habitual por los organismos de protección civil, que distinguen entre la existencia de magma en profundidad —una condición estructural de largo plazo— y los indicadores de su movilización hacia la superficie, que son los que activan protocolos de alerta.
El marco de respuesta ante estos fenómenos en Canarias es el Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico (Pevolca), que establece niveles de alerta —del verde al rojo— en función de parámetros como la sismicidad, la deformación del terreno y la emisión de gases. Un estudio como el presentado por Involcán no modifica por sí solo el semáforo vigente en la isla, pero sí proporciona una base de referencia más sólida para interpretar cualquier cambio futuro en esos indicadores.
La utilidad principal del trabajo, según su autor, será servir como punto de comparación. «El hecho de haber localizado estas zonas nos permite interpretar los precursores de una posible erupción futura», ha explicado D'Auria: cualquier episodio sísmico posterior podrá contrastarse con el mapa profundo ahora disponible para determinar si responde a una intrusión magmática o a un proceso distinto, como el de origen hidrotermal descrito. Si en el futuro se produjera un cambio brusco en la actividad sísmica, los investigadores dispondrían por primera vez de una referencia estructural detallada con la que contrastarlo.
De cara a los próximos meses, Involcán prevé perfeccionar el modelo con más estaciones sismológicas y series de datos más largas, con el objetivo de precisar los límites de la zona de acumulación magmática y confirmar o descartar estructuras similares en otras áreas de la isla. La técnica de tomografía sísmica con terremotos telesísmicos empleada en Tenerife es replicable en otros sistemas insulares con redes de monitorización comparables, lo que abre la puerta a ampliar el conocimiento de la estructura profunda de volcanes activos más allá del archipiélago canario.

