El estudio, uno de los seguimientos más prolongados realizados sobre un programa de cribado poblacional de este tumor, sitúa el descenso sostenido de la mortalidad a partir de 2012, tres años después del arranque del cribado. Ese desfase resulta coherente con el tiempo que un programa de detección precoz necesita para traducirse en beneficios poblacionales medibles, ya que exige varios ciclos de invitación, participación y seguimiento clínico de los casos detectados.
El método empleado es la prueba inmunoquímica fecal (FIT), un test de heces que detecta restos de sangre no visibles y que se ofrece de forma bienal a la población diana. A diferencia de la colonoscopia, que requiere preparación intestinal y sedación, el FIT es una prueba doméstica y no invasiva, que solo deriva a colonoscopia diagnóstica a quienes obtienen un resultado positivo.
Una participación muy por encima de la media estatal
Uno de los factores que el propio estudio señala como determinante es la tasa de participación: el 70% de la población invitada se sometió al menos una vez a la prueba, con una adherencia continuada del 77% entre quienes entraron en el circuito. Esa cifra contrasta con la media estatal de adherencia a los programas de cribado colorrectal, situada en el 43% según los datos recogidos en la investigación, una diferencia que los autores relacionan con la magnitud del impacto observado en Euskadi.
El cribado también modificó el perfil de los diagnósticos: más del 70% de los tumores detectados mediante el programa se identificaron en estadios iniciales, cuando las opciones de tratamiento curativo son sustancialmente mayores que en fases avanzadas. Detectar el cáncer en fase temprana mejora la supervivencia y, por lo general, reduce la agresividad y el coste de los tratamientos necesarios.
El Gobierno Vasco amplió la edad de cribado hasta los 74 años, lo que convierte a Euskadi en la primera comunidad autónoma en extender el programa a la franja de 70 a 74 años, un grupo en el que la incidencia sigue siendo elevada pero que tradicionalmente ha quedado fuera de unos protocolos centrados de forma mayoritaria en la población de 50 a 69 años.
El consejero vasco de Salud, Alberto Martínez, sostuvo que el estudio confirma que el cribado colorrectal es "una política pública eficaz, equitativa y de enorme impacto en la salud de la población", y reivindicó el papel pionero de la comunidad. "Euskadi fue pionera en su implantación y hoy vemos que la apuesta ha sido acertada. Estamos salvando vidas", declaró, según trasladó el Gobierno Vasco.
La directora general de Osakidetza, Lore Bilbao, puso el acento en los factores organizativos: "La calidad del proceso, la accesibilidad y la confianza de la ciudadanía son fundamentales", señaló, y añadió que el estudio "demuestra que el esfuerzo de nuestros profesionales tiene resultados reales y medibles para la salud de la población vasca". El Ejecutivo autonómico enmarcó el trabajo dentro del Pacto Vasco de Salud, que sitúa la prevención como uno de sus ejes prioritarios, y destacó que la publicación en JAMA Network Open valida tanto el impacto clínico como la planificación, la continuidad presupuestaria y la coordinación del sistema sanitario a lo largo de casi dos décadas.
Del cribado de mama a la cartera común de servicios
El antecedente más directo de este tipo de programas en España se remonta a las campañas de cribado de cáncer de mama implantadas a partir de los años noventa, que sirvieron de modelo organizativo para extender después la lógica del diagnóstico precoz poblacional a otros tumores, entre ellos el colorrectal, cuyo cribado sistemático comenzó a generalizarse en distintas comunidades ya avanzada la primera década de los 2000.
El Sistema Nacional de Salud incluye el cribado de cáncer colorrectal en la cartera común de servicios y recomienda su implantación en todas las comunidades autónomas, si bien la ejecución, la financiación y las tasas de participación varían de forma notable entre territorios, una heterogeneidad que se ha señalado como uno de los principales retos pendientes en materia de prevención oncológica.
El estudio no aborda los costes económicos comparados del programa ni su rentabilidad frente a otras intervenciones sanitarias, un análisis que suele acompañar a este tipo de investigaciones en fases posteriores y que resultará relevante para valorar la posible extensión de modelos similares al resto del Estado.
El reto que apuntan los responsables sanitarios vascos pasa por mantener las tasas de participación y adherencia alcanzadas, desplegar de forma efectiva el cribado en el nuevo tramo de 70 a 74 años y evaluar en los próximos años si el descenso de la mortalidad se estabiliza o continúa profundizándose a medida que el programa acumula más ciclos sobre la población.

