Si completa su recorrido, MMX se convertirá en la primera nave en posarse en una luna de Marte y regresar con muestras, un hito nunca logrado en ese entorno. La misión la dirige la JAXA junto a la NASA, la agencia francesa CNES, el centro aeroespacial alemán DLR y la Agencia Espacial Europea (ESA), que participa como socio en lo que denomina una «misión de oportunidad» liderada por otro país.
La directora de Ciencia de la ESA, Carole Mundell, felicitó el mismo día «a la JAXA y a todo el equipo de MMX», según la nota de la agencia europea. La ESA ha aportado el transpondedor y el amplificador con los que la sonda se comunica con la Tierra a través de su red de estaciones Estrack, encargada de enviar órdenes y recibir los datos durante el trayecto.
Tres módulos y 4.200 kilos de nave
Con el combustible cargado, MMX pesa unos 4.200 kilos, según la ficha técnica de la ESA, y se divide en tres módulos: uno de propulsión que la lleva hasta Marte con motores químicos, otro de retorno con antena principal, alas solares y un motor de 500 newtons, y un módulo de exploración con cuatro patas que se posará sobre Fobos. Antes del descenso principal, la sonda soltará sobre la superficie un rover de 25 kilos llamado Idefix, construido por el CNES y el DLR.
La gravedad de Fobos es tan débil que, según la ESA, Idefix pesará allí el equivalente a 15 gramos terrestres, lo que convierte el aterrizaje y el desplazamiento en uno de los mayores desafíos técnicos. Resolver el origen de la luna es el objetivo central: Fobos y Deimos, bautizadas con los nombres de los hijos de Ares, siguen siendo casi un misterio, porque todo lo conocido procede de unos pocos sobrevuelos.
Tom Statler, científico del programa MMX en la sede de la NASA, resume la incógnita en la nota de la agencia: Fobos puede ser un resto de un impacto masivo en Marte o un asteroide antiguo que el planeta capturó. Para despejar la duda, la NASA ha incorporado el espectrómetro MEGANE —gafas, en japonés—, que medirá neutrones y rayos gamma de la superficie para determinar su composición elemental.
La JAXA extraerá material hasta 2 centímetros de profundidad con un sacatestigos, mientras que el P-Sampler de la NASA levanta polvo con chorros de nitrógeno a presión; la agencia estadounidense se reservará cerca del 15% de la muestra en el Centro Espacial Johnson, en Houston. Japón ya demostró capacidad para estas operaciones con la sonda Hayabusa2, que completó un viaje de ida y vuelta con muestras de un asteroide. Estados Unidos, en cambio, canceló su propia misión para traer muestras de Marte, lo que deja a MMX como la referencia más próxima a ese objetivo. China prepara en paralelo la nave Tianwen-3, que aspira a traer 500 gramos de material marciano en 2031.
Según el calendario de la ESA, la nave llegará a Marte en agosto de 2027 y entrará en órbita de Fobos en septiembre, para permanecer junto a la luna unos tres años antes de regresar con la muestra en el año fiscal japonés 2031.
«Ahora están aún más motivados para preparar la llegada a Marte el próximo verano», explicó Elliot Sefton-Nash, científico del proyecto en la ESA.
Ninguna de las agencias ha fijado todavía la fecha exacta de la toma de muestras ni el punto concreto de Fobos donde se posará la nave, aunque la NASA ha actualizado su calendario para situar esa operación no antes de 2028. Nicky Fox, responsable de las misiones científicas de la NASA, confía en que el material recogido aporte «una ciencia que cambiará paradigmas», según la nota de la agencia. La cápsula de retorno, de unos 60 centímetros y con escudo térmico, caerá en Australia y viajará al instituto ISAS de la JAXA, en Sagamihara, cerca de Tokio, donde se analizará el material que confirme o descarte el origen de Fobos. El sector vive semanas intensas de reconocimiento científico, como el reciente Nobel de Medicina 2026 por la optogenética.