El documento, titulado "The impact of tropical cyclones on food prices: evidence from Mexico", llega mientras el país transita una temporada de lluvias y tormentas y a dos semanas de que la Junta de Gobierno de Banxico tome su próxima decisión de política monetaria. El trabajo no mide el efecto de los ciclones que afectan actualmente al territorio nacional, pero ofrece un marco para evaluar cómo los choques climáticos pueden trasladarse a la trayectoria de precios que vigila el banco central.
Los autores —Jesús Arellano González, Anna Karina Pérez Peña, Mauricio Iván Acosta García y Miriam Juárez Torres— estiman que un ciclón con vientos sostenidos de 100 kilómetros por hora se relaciona con un aumento inmediato de 0.6% en los precios agregados de los alimentos, con presiones que, según sus proyecciones, pueden persistir alrededor de cuatro meses antes de disiparse por completo.
Al desagregar por subcategorías, el estudio identifica a las hortalizas frescas y las legumbres secas como los productos más sensibles al impacto de un fenómeno hidrometeorológico extremo en el corto plazo. El efecto no solo es inmediato: también muestra persistencia durante las semanas posteriores al paso del ciclón.
"Los precios de hortalizas frescas aumentan 3.1% de forma inmediata y se mantienen 2.1% por encima de su nivel original un mes después (.) son aumentos económicamente significativos que superan ampliamente la inflación mensual promedio de esta subcategoría", señalan los investigadores en el documento.
Los autores atribuyen el fenómeno principalmente a daños en la producción agrícola local y a interrupciones en las cadenas de suministro y transporte que siguen a los ciclones, un mecanismo que calificaron de congruente con una contracción de oferta más que con un choque de demanda. Esa distinción resulta relevante para el diseño de política pública, ya que apunta a intervenciones del lado de la producción y la logística antes que a medidas de control de precios al consumidor.
El estudio también documenta una asimetría geográfica: el impacto en los precios tiende a ser mayor en ciudades con infraestructura menos desarrollada, donde las cadenas de distribución tienen menor capacidad de absorber interrupciones. Las regiones del sureste y las costas del Pacífico, históricamente más expuestas tanto a ciclones del Atlántico como del Pacífico, enfrentarían presiones más pronunciadas que las zonas metropolitanas con mercados de abasto más diversificados.
Advertencia sobre el cambio climático
Los investigadores advierten que el cambio climático podría incrementar la severidad de los ciclones tropicales, particularmente de los huracanes mayores, lo que elevaría las presiones sobre los precios de los alimentos en los años próximos.
"Se deduce que los huracanes más intensos podrían provocar mayores aumentos en los precios", apuntan los autores del documento de investigación.
Banxico cita de forma constante al cambio climático como un factor de riesgo que puede complicar el cumplimiento de su objetivo de inflación, fijado en 3% con un rango de variabilidad de más menos un punto porcentual. La vulnerabilidad estructural del país no es nueva: huracanes como Gilberto, que en septiembre de 1988 devastó la península de Yucatán, o Wilma, que en octubre de 2005 golpeó la costa de Quintana Roo, mostraron cómo un solo fenómeno puede dañar simultáneamente la producción agrícola del sureste y la infraestructura portuaria y carretera necesaria para mover alimentos entre regiones.
El hallazgo se suma a un conjunto de riesgos inflacionarios que la autoridad monetaria monitorea en paralelo a la evolución del tipo de cambio, los precios energéticos y las presiones de origen externo. Mientras el sector agropecuario enfrenta estos riesgos climáticos, otros segmentos de la economía muestran dinámicas distintas: las automotrices redirigen producción al mercado interno ante la caída de exportaciones a EU, en un reacomodo que ilustra la sensibilidad de distintas cadenas productivas a choques externos de naturaleza muy diferente a la climática.
Los autores concluyen que sus resultados pueden servir a los responsables de la formulación de políticas públicas al diseñar medidas destinadas a estabilizar los precios de los alimentos, especialmente en las zonas afectadas por fenómenos hidrometeorológicos. El documento no propone medidas concretas, pero sienta una base cuantitativa para que tanto Banxico como las dependencias de abasto y protección civil dimensionen el componente climático de la inflación alimentaria.
"México es un país que es constantemente azotado por fenómenos hidrometeorológicos", subrayan los investigadores en el documento publicado en septiembre, una constatación que, según el estudio, convierte a los ciclones tropicales en un factor estructural y no coyuntural en la formación de precios de los alimentos en el país.
