La campaña de perforación avanzó con 10 de los 24 pozos previstos ya intervenidos y la instalación del primer árbol de producción submarino. Además, se entregaron en territorio mexicano los equipos submarinos y la boya de amarre con torreta desconectable, conocida por sus siglas en inglés como DTM, y comenzaron las actividades de instalación en alta mar, informó la firma australiana.
"El Proyecto Trion registra actualmente un avance del 71% y mantiene el objetivo de iniciar la producción de petróleo en 2028. La fabricación de la FPU está muy avanzada, y ya se encuentran en marcha las actividades de integración y precomisionamiento", reiteró la directora ejecutiva de Woodside, Liz Westcott.
El yacimiento se localiza a unos 180 kilómetros de la costa de Tamaulipas, en aguas ultraprofundas del Golfo de México, y contempla una capacidad de producción cercana a los 100 mil barriles diarios de petróleo crudo. El desarrollo representa una de las principales apuestas para incorporar nueva producción al país ante la declinación de los campos maduros y las limitaciones financieras y operativas de Pemex.
El proyecto requiere una inversión de capital estimada en 7,200 mdd. Woodside Energy posee 60% de la participación y opera el desarrollo, mientras Pemex conserva el 40% restante, un esquema que distribuye los riesgos financieros y tecnológicos de explotar un yacimiento que exige perforación especializada, infraestructura submarina y una unidad flotante de producción.
Según las estimaciones de Woodside, Trion podría generar más de 10 mil mdd en impuestos y regalías para México durante la vida útil del proyecto. Esa cifra corresponde a una proyección de ingresos públicos acumulados, no a recursos que recibirá directamente Pemex ni a ingresos garantizados, pues su magnitud dependerá de la producción efectiva, los precios internacionales del crudo y los costos de explotación.
El desarrollo también representa una prueba para la política energética del gobierno federal, que busca fortalecer a Pemex y elevar la producción nacional mediante esquemas de colaboración con empresas privadas. El reto será traducir la inversión y el potencial del yacimiento en barriles efectivamente producidos, ingresos verificables para el Estado y capacidades técnicas para la industria mexicana. Los contratos de utilidad y producción compartida que hicieron posible esta asociación surgieron de la reforma energética de 2013, que abrió la explotación de hidrocarburos a empresas privadas por primera vez desde la expropiación petrolera de 1938.
Pemex enfrenta retos operativos y financieros, con una deuda cercana a los 100 mil mdd si se cuentan sus compromisos con proveedores. La calificadora HR Ratings recortó recientemente la calificación global de la petrolera tras el ajuste a la nota soberana de México, aunque mantuvo la máxima puntuación en escala nacional.
En ese contexto, Trion se perfila como una de las piezas con las que la petrolera estatal busca sostener su plataforma de producción sin asumir en solitario el costo ni el riesgo de la explotación en aguas ultraprofundas, con la meta de iniciar operaciones en 2028.

