El muestreo, de tres semanas de duración, combinó cuatro cámaras trampa colocadas a distintas alturas del dosel amazónico. El perezoso de dos dedos de Linneo (Choloepus didactylus), conocido localmente como pelejo colorado, fue la especie con más registros: 14 avistamientos, todos sobre las cuerdas del puente. Le siguió el puercoespín de cola larga (Coendou l. longicaudatus), o cashacushillo, con diez apariciones repartidas entre cuerdas y vigas de madera.
Entre los datos del estudio destaca el registro del puercoespín enano rayado (Coendou ichillus), una especie clasificada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y descrita formalmente hace poco más de dos décadas, lo que ilustra lo reciente que es aún el conocimiento científico sobre buena parte de la fauna arbórea amazónica.
Los investigadores midieron temperatura, humedad y viento en tres niveles del bosque. La mayoría de los animales concentró su actividad en la franja media del dosel, a unos 21 metros de altura, donde el viento y la temperatura resultan menos intensos que en la copa alta. La actividad se dio sobre todo entre las 19 y las 22 horas, coincidiendo con el pico de humedad nocturna.
La franja media del dosel, la preferida
Los autores del estudio sostienen que esa preferencia por alturas intermedias, con condiciones climáticas más estables, debería tenerse en cuenta en el diseño de futuros corredores artificiales en bosques fragmentados. También constataron que los puentes de cuerda registraron más uso que las vigas de madera entre los mamíferos observados, un dato con implicaciones directas para quienes diseñen estructuras similares.
La mayoría de los animales empleó los puentes únicamente para desplazarse de un punto a otro del bosque, con escasa evidencia de que los usaran para buscar alimento. La excepción fueron los puercoespines, que mordisquearon algunas vigas durante sus cruces, según el registro de las cámaras trampa.
Este tipo de infraestructura no es exclusiva de Perú. En el Parque Estatal Fuentes del Ipiranga, en São Paulo, se registraron monos aulladores cruzando un puente artificial instalado entre fragmentos de bosque, de acuerdo con Mongabay Latam.
El problema que intentan resolver estos puentes tiene una dimensión distinta en Costa Rica, donde la fragmentación del bosque por carreteras y tendidos eléctricos se ha convertido en una de las principales causas de mortalidad para los primates. En 2024, el 60% de los accidentes sufridos por monos estuvo relacionado con electrocuciones en cables eléctricos, y se estima que cerca de mil ejemplares mueren cada año por esta causa, según Mongabay Latam.
Costa Rica y la electrocución de los monos
Para frenar esa mortalidad, distintas organizaciones ambientales costarricenses han instalado pequeños pasos de fauna aéreos sobre las carreteras, dimensionados para que las cuatro especies de monos presentes en el país puedan cruzarlos con estabilidad y sin riesgo de caída. Costa Rica combina estos pasos elevados con pasos inferiores en los tramos donde las vías atraviesan corredores biológicos y áreas protegidas.
Un estudio realizado durante seis meses en dos carreteras del país registró 36 especies distintas utilizando los pasos de fauna, frente a 74 especies atropelladas en el mismo periodo. La comparación entre ambas cifras ilustra tanto la magnitud del problema como el margen de mejora que todavía existe en la cobertura de estas infraestructuras.
Ese informe dio origen a los primeros protocolos de monitoreo y mantenimiento del sistema costarricense, una metodología que, según se ha planteado, podría replicarse en otros países de la región con problemas similares de fragmentación forestal y mortalidad de fauna arbórea.
La fragmentación de hábitats por infraestructura humana —carreteras, tendidos eléctricos, zonas agrícolas— es uno de los principales factores de presión sobre la fauna arbórea en los trópicos, junto a la deforestación directa. Los puentes colgantes y los pasos aéreos no sustituyen la conservación del bosque continuo, pero ofrecen una herramienta de mitigación de coste relativamente bajo. La tensión entre fauna silvestre e infraestructura también atraviesa otros episodios recientes en el continente, desde la gestión de incendios forestales hasta disputas sobre áreas protegidas recogidas en la cobertura internacional del día.
El contraste entre los dos casos documentados —la investigación científica sobre comportamiento animal en la Amazonía peruana y la respuesta de gestión de infraestructura en Costa Rica— muestra dos enfoques complementarios ante un mismo problema: mantener conectados los fragmentos de bosque que las carreteras y los tendidos eléctricos han ido separando en buena parte de Latinoamérica.
Los propios autores del estudio peruano advierten de que todavía falta investigación sobre el impacto de estos puentes a largo plazo en las poblaciones de fauna arbórea, tanto en la Amazonía como en otros bosques fragmentados de la región. Las 35 observaciones registradas en tres semanas ofrecen una fotografía inicial, no una evaluación poblacional completa.
