El estudio encontró que ocho de cada cien personas nacidas entre marzo y junio habían desarrollado anorexia nerviosa, frente al siete por ciento registrado en quienes no la padecían, lo que supone un incremento relativo del 15% en el riesgo asociado a esos meses de primavera, según los datos recogidos por Live Science.
«Encontramos un exceso de nacimientos de anorexia en los meses de primavera en comparación con la población general. La idea es que hay algún tipo de factor de riesgo que varía estacionalmente con la anorexia», afirmó Lahiru Handunnetthi, investigador del Wellcome Trust Centre for Human Genetics.
El hallazgo se inscribe en la llamada estacionalidad del nacimiento, un área que estudia cómo factores ambientales ligados a la época del año —exposición solar, temperatura o infecciones de la madre durante la gestación— podrían dejar huella en el desarrollo del feto y, por extensión, en la salud del adulto. El propio Handunnetthi subraya que la correlación no implica una causalidad conocida y que aún no se ha aislado el mecanismo.
Para el investigador, el reto no es detectar las correlaciones estadísticas, observables en grandes bases de datos, sino identificar la variable concreta que las produce. Distingue entre los factores genéticos, inamovibles, y los ambientales, sobre los que sí cabría intervenir.
«Cuando miramos las enfermedades, necesitamos identificar el factor de riesgo que las llevó. En general, los factores de riesgo podrían ser ambientales o genéticos. Si identificas factores ambientales, puedes mediarlos para llevar a cabo estudios de prevención», explicó Handunnetthi.
El mes de nacimiento también se ha relacionado con la longevidad. Estudios realizados en Austria y Dinamarca —países con registros demográficos y sanitarios de largo recorrido que facilitan los análisis poblacionales— han constatado que las personas nacidas en otoño tienden a vivir más que las nacidas en primavera, un hallazgo que sus autores consideran preliminar. Handunnetthi reconoce que esas causas ambientales concretas siguen sin determinarse y que podría existir un mecanismo común a varias de estas condiciones, todavía no identificado.
Paralelamente a la investigación académica han proliferado listados virales elaborados con herramientas de inteligencia artificial que ordenan los doce meses según el supuesto nivel de felicidad de quienes nacen en ellos. Esos rankings, sin metodología propia más allá de recopilar estudios previos, sitúan a octubre, septiembre y noviembre a la cabeza por longevidad, rendimiento académico y resiliencia, y relegan a enero y marzo a las últimas posiciones por mayor riesgo de aislamiento o trastornos emocionales.
La discrepancia entre la prudencia de los estudios revisados y la rotundidad de los contenidos generados por inteligencia artificial recuerda a otros casos de divulgación reciente, como la polémica entre Aemet y el pronosticador Jorge Rey sobre las lluvias en Canarias. Las listas atribuyen rasgos de personalidad o niveles de felicidad a cada mes mezclando estudios reales con generalizaciones sin respaldo científico verificable, mientras los investigadores insisten en que el factor de riesgo estacional, de existir, aún no ha sido identificado.
