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Treinta años del que rompió el matrimonio de Estefanía de Mónaco

En agosto de 1996 salieron a la luz unas fotos de Daniel Ducruet con una bailarina belga que precipitaron el divorcio del guardaespaldas y la princesa

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Este mes de agosto se cumplen tres décadas de uno de los episodios más comentados de la familia Grimaldi: la publicación en 1996 de unas fotografías que mostraban a Daniel Ducruet, entonces esposo de Estefanía de Mónaco, con una bailarina belga en una villa cercana al Principado. El escándalo, difundido por la prensa del corazón europea, precipitó la ruptura de un matrimonio que apenas llevaba un año de vida oficial y que había costado años de tensiones familiares antes de celebrarse.

Daniel Ducruet, nacido en Francia en 1964, había trabajado de joven como pescadero y dependiente en una tienda de animales antes de llegar al entorno de los Grimaldi a finales de los años ochenta como empleado de una empresa de seguridad encargada de proteger al entonces príncipe Alberto. Poco después pasó a custodiar a su hermana pequeña, Estefanía, en un momento en que la princesa era una de las figuras más fotografiadas de la prensa rosa europea por su vida sentimental y su exposición mediática.

La relación entre ambos derivó en un vínculo sentimental que, según se relata en el libro 'Negocios del corazón', coincidió con otra faceta de la vida de Ducruet. En el mismo año, 1992, tuvo un hijo con su entonces amante, Martine Malbouvier —por la que había dejado a su esposa, Sandra Nakache, con quien se había casado cuatro años antes— y, meses después, otro con la propia Estefanía, Luis Roberto Pablo Ducruet, nacido el 26 de noviembre de ese año. «En esas fechas, el guardaespaldas no solo mantenía relaciones con Estefanía, sino que la compaginaba desde octubre de 1991, que se sepa, con su amante embarazada», señala esa misma obra.

El padre de Estefanía, el príncipe Rainiero III, nunca ocultó su rechazo a la relación. Llegó a distanciarse de su hija, a retirarle temporalmente la asignación económica y a mantenerla alejada de los actos oficiales del Principado, según recogen distintas crónicas sobre la vida de la familia Grimaldi durante aquellos años.

La llegada de una segunda hija, Pauline, en 1994, allanó el camino hacia el matrimonio. La boda se celebró de forma civil y discreta en el verano de 1995, en un ambiente de cautela tras años de fricciones familiares. Durante los primeros meses, la propia Estefanía llegó a declarar públicamente que Ducruet era el único hombre que le había aportado «calma, seguridad, madurez y amor».

El verano que lo cambió todo

El giro se produjo en agosto de 1996, cuando salieron a la luz unas fotografías de Ducruet en actitud íntima con Fili Houtteman, una 'stripper' belga, en la piscina de una villa de Villefranche-sur-Mer, a unos 16 kilómetros de Mónaco. La revista italiana 'Eva Tremila' pagó una importante suma por la exclusiva de las imágenes para Francia e Italia. Al mes siguiente, el semanario español 'Interviú' abrió con un reportaje titulado 'Estefanía de Mónaco, traicionada. Las 60 fotos del adulterio', y compró en exclusiva el vídeo del encuentro, que comercializó junto a la revista.

Según recuerda el periodista Luismi Montero en su libro 'De Lola Flores a los papeles de ETA', 'Interviú' pagó por todo el material 300.000 francos —unos 45.700 euros— y vendía la revista y el vídeo juntos por 975 pesetas, unos 5,8 euros. El episodio tuvo una repercusión mediática notable en un momento en que la prensa del corazón europea vivía uno de sus periodos de mayor expansión comercial.

Ducruet reconoció la infidelidad ante Estefanía, quien, según se dijo, estuvo dispuesta en un primer momento a mantener el matrimonio. La reconciliación se truncó, según esas mismas versiones, tras una riña en la que él le propinó un golpe. El divorcio se formalizó en octubre de 1996, apenas un año después de la boda civil.

Una trampa urdida por tres personas

Con el tiempo se conoció que el episodio de la piscina no fue fruto del azar, sino de una trampa planeada por Houtteman en connivencia con dos fotógrafos para hacer caja con las imágenes. Ducruet demandó a los tres responsables y la Justicia francesa falló a su favor en el año 2000: el fotógrafo Stéphane de Lisiecki, de 39 años, fue condenado a un año de cárcel, mientras que la propia Muriel Fili Mol Houtteman y Yves Hoogewys, autor del vídeo y novio de la bailarina, de 28 años, recibieron seis meses de prisión cada uno. Ducruet obtuvo además una indemnización de 200.000 francos, según el fallo citado en 'Negocios del corazón'.

El episodio se enmarca en una tradición de escándalos mediáticos que han acompañado a la Casa de Grimaldi desde la popularización global de la familia tras la boda de Grace Kelly y Rainiero III en 1956. La combinación de un Estado diminuto, con apenas dos kilómetros cuadrados de superficie, y una familia reinante sometida a un escrutinio permanente convirtió a Mónaco en un escaparate recurrente de la prensa del corazón durante la segunda mitad del siglo XX.

El matrimonio entre Estefanía y Ducruet, aunque breve, dejó una huella duradera en la crónica social europea por la magnitud de la cobertura y por el reguero de consecuencias legales que generó. El propio Alberto de Mónaco, hoy soberano del Principado tras suceder a su padre en 2005, vivió de cerca aquellos años como hermano mayor y heredero de la Corona.

Tres décadas después, el episodio se recuerda como uno de los capítulos que consolidaron el papel de las revistas del corazón como actores con capacidad de influir en la vida privada de las casas reales europeas, en una época previa a la fragmentación mediática que trajeron internet y las redes sociales. La disputa judicial que siguió al escándalo sirvió también como referencia sobre los límites legales de la obtención de imágenes privadas con fines comerciales.

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