El presidente de la Junta, Juanma Moreno, había resumido la naturaleza del pacto en el acto de toma de posesión de su Ejecutivo con una frase que desde entonces se repite como síntesis del modelo.
«Es un acuerdo de dos fuerzas políticas, pero es un solo gobierno», afirmó Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, en la toma de posesión de su Ejecutivo.
Según el relato que trasladan ambas formaciones, los cien primeros días se han saldado sin roces públicos entre las consejerías gestionadas por el PP y las asignadas a Vox, con la percepción compartida de un cumplimiento literal del pacto programático suscrito antes de la investidura, sin reinterpretaciones posteriores que hayan generado fricción.
Andalucía no es la primera comunidad en la que PP y Vox comparten gobierno, pero sí una de las de mayor peso demográfico y presupuestario, lo que multiplica su valor simbólico como ensayo. Experiencias previas en otras autonomías han mostrado tensiones en materias como igualdad, memoria democrática o políticas migratorias, áreas en las que las posiciones de ambos partidos suelen distanciarse más. Que el Ejecutivo andaluz presente sus primeros cien días sin incidentes de ese tipo alimenta el relato de estabilidad que ambas formaciones buscan proyectar.
El trasfondo de este balance no es ajeno al calendario electoral. Con la cita del 29 de noviembre en el horizonte, el funcionamiento de la coalición andaluza se ha convertido en referencia para analizar la viabilidad de un gobierno conjunto a escala estatal, un escenario que ninguna de las dos formaciones ha descartado y que ambas observan con atención desde Sevilla.
El clima de entendimiento interno entre PP y Vox contrasta con otros frentes en los que las posiciones de Vox han marcado distancia respecto al Gobierno central en asuntos territoriales. Es el caso de Ceuta y Melilla, donde el diputado de Vox José Antonio de la Corte sostuvo que «Marruecos no reconoce la españolidad de Ceuta y Melilla, y no la va a reconocer nunca», en un contexto marcado por las tensiones fronterizas con Rabat y por las denuncias de militares destinados en la ciudad autónoma, cuya carta sobre agresiones fue trasladada por la Casa Real al Ministerio de Defensa.
En ese mismo escenario bilateral con Marruecos se enmarca la decisión de mantener el suministro de gas pese a las restricciones de diésel aplicadas por Rabat, un episodio sin reflejo directo en la gestión autonómica andaluza, donde el acuerdo PP-Vox se presenta por ahora como una excepción de consenso dentro de un mapa político más fragmentado.
La clave del entendimiento, según sostienen ambas partes, reside en el respeto a los compromisos del pacto de investidura, sin que ninguna de las dos haya reclamado públicamente cambios sobre lo firmado. Esa continuidad, cien días después de la toma de posesión, es el dato que las dos formaciones sitúan en el centro de su balance conjunto de cara al 29-N.