En el listado de inscritos para las nueve modalidades figuran 14 países y, además, Euskadi, miembro de la FIPV desde el 28 de diciembre de 2024. Su admisión se votó en una asamblea celebrada en el hotel Iruña Park de Pamplona en la que, según este relato, no se permitió votar a los representantes de España y Cuba. No era el primer intento vasco de integrarse en el organismo internacional, pero sí el primero respaldado por un marco legal favorable.
El acuerdo de investidura de 2019 entre PSOE y PNV ya recogía el reconocimiento de la selección vasca, y la Ley del Deporte de 2022 incorporó en su artículo 48.2 una excepción para que las federaciones autonómicas se integren directamente en organismos internacionales en deportes de arraigo histórico, siempre con aval previo del Consejo Superior de Deportes. Ahí estuvo la clave: mientras la Federación Española reclamaba amparo, el CSD, presidido por José Manuel Rodríguez Uribes, se mantuvo al margen y creó una mesa de diálogo de escaso recorrido.
El tiempo corrió lo suficiente para que Euskadi debutase en la Liga de Naciones de Guernica y en el Mundial sub-23 de trinquete, ambos en 2025. El coste del proceso superó los 50.000 euros en gastos jurídicos, además de la pérdida de clubes, la cancelación de campeonatos y el riesgo sobre patrocinadores. Incluso estuvo en duda la participación española en este Mundial como represalia. «Las cuestiones políticas, para los políticos», resume ahora la Federación Española ante un escenario que da por cerrado.
División de 98 pelotaris españoles
De los 98 pelotaris españoles desplazados a Argentina y Uruguay, 57 compiten con la selección española y 41 con la vasca. La expedición española incluye a ocho vascos, siete jugadores y un técnico, entre ellos Erika Mugartegui y Arai Lejardi, de Marquina (Vizcaya), la mejor pareja del mundo en su disciplina pese a no haber cumplido los veinte años. El año pasado fueron pitadas mientras escuchaban el himno español en el podio tras proclamarse campeonas en la Liga de Naciones de Guernica.
Óscar Insausti, director deportivo de la Federación Española y responsable de la convocatoria, reconoce el impacto deportivo de la escisión y defiende que la decisión recae en cada jugador.
«Es cierto que se ha perdido potencial. Estamos hablando de jugadores muy importantes, deportistas que antes jugaron con nosotros y que ahora lo hacen por Euskadi. En el caso de los vascos, es el jugador quien decide con qué selección acudir. Nosotros no presionamos a nadie, no sé si otros pueden decir lo mismo», Óscar Insausti, director deportivo de la Federación Española.
La fractura tiene también rostro individual. Carlos Baeza e Imanol Ibáñez, campeones del mundo juntos en 2022, no podrán repetir título como pareja al convertirse en rivales: el primero, nacido en el segoviano Vallelado, competirá junto al catalán Emiliano Skufca después de que Ibáñez, bilbaíno, decidiera cambiar de bandera. El cruce entre selecciones llega pronto: la paleta goma femenina abre el enfrentamiento en la jornada inaugural de este jueves, y la cesta punta masculina, uno de los platos fuertes, los enfrenta el viernes.
El trato institucional ha marcado diferencias visibles. La vicelehendakari Ibone Bengoetxea recibió el martes a la selección vasca en el trinquete del centro Laurak Bat, en Buenos Aires, junto al presidente de la Federación Vasca, Joxemari Mitxelena, y al de la Internacional, Xavier Cazaubon. El Gobierno vasco ha aprovechado la cita para celebrar la Semana Nacional Vasca de Argentina, con actos institucionales y cooperación cultural. La delegación española acude con mayoría de navarros, pero también con riojanos, castellanos y leoneses, valencianos, catalanes, madrileños y canarios.
El conflicto reabre un viejo pulso identitario en el deporte, el mismo que planea sobre instituciones como el FC Barcelona en episodios como la advertencia de Joan Gaspart a Messi de que «El Barça está por encima de su persona». Insausti cierra con un mensaje de continuidad: «Nosotros estamos contentos con la selección que tenemos hoy en día. Vamos a competir en todas las modalidades menos en deporte adaptado, y el objetivo es pelear e intentar hacerlo lo mejor posible».


