Qué dice el veterinario sobre la ingesta de heces
Arija describe la coprofagia como un comportamiento heredado del repertorio oportunista de los cánidos. «A veces hay perros que se comen los excrementos humanos; es un comportamiento relativamente normal para ellos, que, claro, para nosotros es horrible», afirma en las declaraciones El profesor de la Complutense vincula la conducta al entorno del animal: «Siempre se le echa la culpa a los perros, pero normalmente tiene que ver con el estrés general que tiene dentro de la familia; es una forma de expresar ese estrés».
La coprofagia es una conducta ampliamente documentada en la etología canina. Desde el punto de vista biológico no siempre indica enfermedad: los excrementos humanos contienen restos de nutrientes no digeridos por completo —proteínas y grasas— que los hacen parcialmente aprovechables, especialmente en situaciones de escasez alimentaria. Esa persistencia ha llevado a plantear un origen evolutivo ligado a la supervivencia, cuando los antepasados salvajes de los perros aprovechaban cualquier fuente de alimento disponible.
El error extendido de culpar a la alimentación
En los perros que viven en hogares y reciben una dieta equilibrada, la explicación suele ser conductual: aburrimiento, falta de estimulación, estrés o hábitos aprendidos. Arija es contundente al desmontar el prejuicio nutricional aplicado a conductas afines, como morder paredes: «Muchas veces se relaciona también comerse las paredes con deficiencias y es mentira; son temas de estrés». Según el material, no aporta cifras ni porcentajes de prevalencia, sino una valoración clínica basada en su experiencia.
La receta que deriva de ese diagnóstico es conductual, no dietética. «Esos perros necesitan más paseo, gastar mucha energía, motivarlos porque están estresados y los debería tratar un etólogo», señala el veterinario. La derivación al etólogo —el profesional especializado en comportamiento animal— aparece como la vía recomendada cuando la conducta persiste.
Por qué desaconseja regañar al animal
El titular del reportaje se apoya en la recomendación de no reprender al perro que practica coprofagia. La lógica que se desprende de las explicaciones del veterinario es que, si la causa de fondo es el estrés, el castigo no corrige el origen del problema y puede añadir tensión al animal. Esta línea es coherente con las corrientes de adiestramiento en positivo, que han ganado peso frente a métodos correctivos tradicionales, aunque el material no cita estudios concretos que cuantifiquen la eficacia de no intervenir.
Comer hierba: causas heterogéneas y un riesgo asociado
Sobre otra conducta frecuente en los paseos, el consumo de hierba, Arija apunta a causas dispares: «Pues hay de todo un poco. Muchas veces se relaciona con temas patológicos, tienen una mala digestión, han comido algo, pero otras veces no tiene nada que ver». Desde el punto de vista nutritivo, matiza, «no tiene ninguna importancia».
El especialista sitúa el riesgo real no en la hierba, sino en lo que puede ir mezclado con ella. «En el fondo, no la digieren muy bien y no es recomendable porque, también, con la hierba pueden comer palos; eso sí es preocupante», advierte. La ingesta de objetos hallados en la calle —el veterinario menciona ropa, basura y carroña como los más habituales— puede acarrear obstrucciones o problemas digestivos.
El marco: qué es un etólogo y a quién acudir
La recomendación de derivar estos casos a un etólogo remite a una distinción profesional relevante en el ámbito veterinario español. El veterinario diagnostica y descarta causas médicas; el etólogo, especializado en comportamiento, aborda las causas conductuales una vez excluida la patología. El propio Arija ordena así el proceso: descartar problema físico y, si se confirma el diagnóstico conductual, tratar el estrés con más ejercicio, motivación y estimulación.
La información procede de una entrevista a un único experto, sin que en el material conste el respaldo de una sociedad veterinaria oficial ni de un protocolo clínico consensuado. Las valoraciones deben entenderse, por tanto, como opinión experta individual y no como pauta institucional. El texto no recoge la posición de otras entidades del sector, como los colegios profesionales, sobre estas recomendaciones.
Qué hacer ante estas conductas
La pauta que se desprende de las declaraciones es preventiva: supervisión durante los paseos, enriquecimiento ambiental en casa y ejercicio regular. Cuando la conducta sea recurrente, la recomendación es acudir primero al veterinario para descartar causas médicas y valorar después la intervención de un etólogo. La prevención y el control durante los paseos siguen siendo la prioridad, aun cuando el origen del comportamiento sea, según Arija, más emocional que nutricional.

