El insomnio como bucle mental que se retroalimenta
, Santandreu sostiene que el problema del descanso en España no reside principalmente en los hábitos —pantallas, cafeína o temperatura del dormitorio— sino en un patrón de pensamiento. El psicólogo, divulgador de terapia cognitiva, defiende que buena parte de quienes no duermen entran en un «bucle obsesivo»: rumian la idea de no poder descansar, y ese propio miedo se convierte en el obstáculo. «Una de las causas del insomnio es el propio miedo a no dormir y podemos transmitirnos ese temor», advierte sobre lo que describe como un efecto cascada.
El dato del 50%, sin fuente estadística en la entrevista
La afirmación de que la mitad de los adultos duerme mal se atribuye directamente al entrevistado, que no cita en el material la fuente epidemiológica de la cifra. En España, la prevalencia de los trastornos del sueño la monitorizan habitualmente sociedades científicas como la Sociedad Española de Neurología y las encuestas de salud del Ministerio de Sanidad, que distinguen entre insomnio crónico y ocasional. Este periódico no ha podido corroborar de forma independiente el porcentaje citado por Santandreu, por lo que se recoge como afirmación de la fuente y no como dato oficial contrastado.
La tesis: el miedo como causa y como contagio
El argumento nuclear de Santandreu, tal y como lo expone otro medio, es que el insomnio se alimenta del temor a no dormir más que de una disfunción biológica. El psicólogo compara el fenómeno con el mito de Sísifo: la persona insomne carga cada noche con la misma piedra —la obligación de dormir— que vuelve a caer. «El peor insomnio es el de las personas que le cogen miedo a no dormir», afirma, porque «se van a la cama anticipando lo mal que lo van a pasar dando vueltas». Esa tensión de «debo dormir como sea», sostiene, es lo que impide conciliar el sueño.
La crítica frontal al discurso de la higiene del sueño
Uno de los puntos más marcados por el psicólogo es su discrepancia con el consenso divulgativo sobre la «higiene del sueño». «Muchos expertos dicen que es un problema de falta de higiene del sueño y eso es falso», considera, y sostiene que «la gente tiene insomnio por cómo funciona su cabeza y, aunque tenga las mejores condiciones para dormir, no lo consigue». Es más, atribuye a ese discurso un efecto contraproducente: «Tanto hincapié en la higiene del sueño está agravando todavía más el insomnio de muchas personas porque les produce más miedo a no dormir». Y propone relativizar: «Si no duermo, no pasa nada».
El contraste clínico que la entrevista no incluye
Se trata de una posición personal del autor, no de un consenso médico. Conviene señalar que las guías clínicas de referencia, como las de la Academia Americana de Medicina del Sueño, sitúan la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) como tratamiento de primera línea, por delante de los fármacos, lo que coincide en parte con el argumento de Santandreu. Sin embargo, esas mismas guías no descartan la higiene del sueño, sino que la integran junto con el control de estímulos, la restricción del tiempo en cama y la reestructuración cognitiva, en un marco más amplio y menos dicotómico que el que plantea el psicólogo.
Los fármacos, en el centro de la controversia
La entrevista pone el foco en el recurso a la medicación como solución rápida. Santandreu subraya que buscar «la pastilla mágica» no resuelve el fondo si la causa es mental, y advierte del riesgo de cronificar la dependencia sin abordar el patrón de pensamiento subyacente. En España, la prescripción de benzodiacepinas e hipnóticos ha sido objeto de atención de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), que en los últimos años ha advertido sobre el uso prolongado más allá de las recomendaciones de las guías clínicas, generalmente limitadas a tratamientos de corta duración por el riesgo de tolerancia y dependencia.
El precedente: dos décadas de autoayuda psicológica superventas
Santandreu no es una voz nueva en este terreno. Con títulos anteriores sobre ansiedad y bienestar, el psicólogo se ha consolidado como uno de los divulgadores de terapia cognitivo-conductual más populares en España, en una corriente editorial que en las últimas dos décadas ha situado de forma recurrente a autores de autoayuda psicológica en las listas de más vendidos. Ese fenómeno refleja una demanda social creciente de herramientas para gestionar el estrés, la ansiedad y, ahora, el insomnio, que su nuevo libro aborda como manual práctico según lo presenta la propia entrevista.
Una dimensión social y laboral que trasciende lo individual
Los problemas de sueño no son solo una cuestión privada: la falta de descanso se asocia habitualmente con el absentismo laboral, la accidentabilidad y el gasto sanitario derivado de trastornos vinculados al insomnio crónico, como la ansiedad o la depresión. Organismos como Eurostat y los institutos nacionales de estadística incorporan la salud mental y la calidad de vida entre sus indicadores, pero una comparación europea rigurosa exigiría cifras homologadas que no figuran en el material de esta entrevista y que este periódico no atribuye a la fuente.
Reacciones pendientes y cautela editorial
Este periódico no ha podido recabar, al cierre de esta pieza, la reacción de sociedades médicas españolas especializadas en medicina del sueño ni de otros psicólogos clínicos sobre las declaraciones concretas de Santandreu. Dado que tanto la cifra de prevalencia como la crítica a la higiene del sueño proceden de una única fuente periodística, El Hemiciclo trata la información con cautela y no la presenta como consenso científico mientras no sea corroborada por estudios contrastables o por una segunda cabecera.
Qué cabe esperar en el debate
La publicación de «Dormir cuando no puedes dormir» se inscribe en un ciclo mediático en el que la salud del sueño ocupa un espacio creciente en España, y es previsible que las tesis de su autor generen nuevas entrevistas y respuestas desde el ámbito de la medicina del sueño en las próximas semanas. La discusión de fondo —el peso relativo de los factores mentales frente a los conductuales y fisiológicos— seguirá siendo objeto de debate clínico, y cualquier diagnóstico generalizado sobre la población española debería contrastarse con fuentes estadísticas oficiales antes de asumirse como dato consolidado.

