La economía española creció un 0,6% en el primer trimestre de 2025, dos décimas por debajo del 0,8% registrado en el trimestre precedente, según confirmó el Instituto Nacional de Estadística (INE). El dato certifica una desaceleración cuyo origen principal no es interno sino exterior: las exportaciones retrocedieron un 2,3% en el periodo, una caída que las autoridades vinculan al encarecimiento del transporte marítimo derivado del cierre del Estrecho de Ormuz como consecuencia del conflicto armado en Irán.
El sector exterior pasa de amortiguador a lastre
La magnitud del giro es significativa si se atiende a la descomposición del PIB publicada por el INE. La demanda externa restó 0,7 puntos porcentuales al crecimiento en el trimestre, mientras que la demanda nacional aportó 3,4 puntos. La diferencia entre ambas cifras —cuatro puntos de brecha— describe una economía en la que el motor exportador no solo ha dejado de sumar sino que actúa como freno neto, un patrón infrecuente en las fases de expansión sostenida que España había encadenado en trimestres anteriores.
El Estrecho de Ormuz es el corredor por el que transita aproximadamente el 20% del comercio global de petróleo y una porción relevante del tráfico de contenedores con destino a Europa. Cualquier interrupción en ese paso se traduce con rapidez en un shock de oferta: encarece los fletes, alarga los plazos de entrega y eleva los costes tanto de exportación como de importación para las economías europeas abiertas, entre ellas la española.
Posición del Gobierno y ausencia de réplica formal
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, admitió el impacto del conflicto sobre las cifras macroeconómicas españolas y defendió que España resiste mejor que sus socios europeos. El Ejecutivo ha empleado esa misma comparativa europea en anteriores episodios de turbulencia exterior —subida de tipos del BCE en 2022-2023, guerra en Ucrania— para enmarcar datos que, tomados de forma aislada, apuntan a deterioro. El material verificado disponible no recoge réplica formal de la oposición ni posición pública de organismos como el Banco de España o la AIReF sobre esta valoración concreta del primer trimestre.
El consumo interno sostiene el ciclo, pero con base estrecha
Que la demanda nacional aporte 3,4 puntos al crecimiento trimestral es, en términos aritméticos, una fortaleza. En términos estructurales, es también un indicador de concentración de riesgo: cuando el consumo privado opera como único sostén del ciclo, la economía queda expuesta a cualquier deterioro de la renta disponible, al endurecimiento del crédito o al alza del desempleo. Este patrón —expansión liderada por demanda interna con sector exterior en negativo— es reconocible en las fases maduras del ciclo expansivo. Los datos del INE correspondientes al primer trimestre no permiten desglosar si el dinamismo del consumo procede del crédito, del ahorro acumulado en años anteriores o de la evolución del empleo.
Un precedente reciente: el Mar Rojo en 2023-2024
El impacto de las rutas marítimas interrumpidas sobre la economía española tiene un precedente inmediato. A finales de 2023 y durante el primer semestre de 2024, los ataques de milicias hutíes en el Mar Rojo obligaron a decenas de armadores a desviar sus rutas en torno al Cabo de Buena Esperanza, lo que añadió entre siete y diez días a los tránsitos entre Asia y Europa y disparó los costes logísticos globales durante varios trimestres consecutivos. El episodio demostró que una perturbación en un corredor marítimo estratégico puede trasladarse a los precios industriales y a los márgenes exportadores europeos en un plazo de semanas. El cierre del Estrecho de Ormuz, si se consolida, afecta a un volumen de tráfico energético superior al del Mar Rojo y con menor capacidad de desvío alternativo.
España es, según datos estructurales del Banco de España y Eurostat, una economía cuyo sector exterior representa una parte sustancial del PIB. Los shocks sobre el comercio global —crisis financiera de 2008, pandemia de 2020, guerra en Ucrania desde febrero de 2022— se han transmitido históricamente a la economía española con rapidez a través de la caída de la demanda externa y el encarecimiento de la energía y los insumos importados. En todos esos episodios, la capacidad del consumo interno para compensar la pérdida exterior resultó transitoria y dependió en buena medida de la respuesta fiscal y monetaria.
Marco normativo y mecanismos de seguimiento aplicables
El seguimiento oficial de estas cifras se encuadra en el ciclo de publicaciones de Contabilidad Nacional Trimestral del INE, cuya metodología sigue el Sistema Europeo de Cuentas (SEC 2010), de obligada aplicación en todos los Estados miembros de la UE. La AIReF tiene atribuida por ley la función de evaluar las previsiones macroeconómicas del Gobierno que sirven de base a los Presupuestos Generales del Estado; si la desaceleración se prolonga, sus próximas revisiones de escenario cobrarán relevancia directa para el cumplimiento de los objetivos de déficit pactados con la Comisión Europea bajo el marco del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, reformado en 2024.
Plazos y variables que definirán los próximos trimestres
La evolución del PIB en el segundo y tercer trimestre de 2025 dependerá en buena medida de tres variables: la duración e intensidad del conflicto en Irán y su efecto sobre el Estrecho de Ormuz; la persistencia o corrección de los costes logísticos globales; y la capacidad del consumo interno para mantener su ritmo de aportación sin deterioro del empleo ni contracción del crédito. Si los fletes se mantienen elevados, las exportaciones españolas seguirán bajo presión y la aportación negativa del sector exterior podría prolongarse más allá del primer trimestre. El INE publicará los datos provisionales del segundo trimestre en el tercer trimestre de 2025, momento en que se podrá confirmar si el patrón de desaceleración se consolida o si el freno exterior resulta transitorio.

