El modelo de la empresa se sustenta en la biología marina aplicada a la oncología: la exploración de organismos como esponjas, tunicados o moluscos en busca de moléculas con actividad antitumoral que después se sintetizan en laboratorio para su desarrollo farmacéutico. Esta aproximación, minoritaria en el sector mundial, sitúa a la compañía española como una referencia dentro de un nicho poco explotado por las grandes multinacionales farmacéuticas, centradas mayoritariamente en química de síntesis o terapias biológicas convencionales.
El 37% de investigaciones con resultados positivos que reivindica la compañía contrasta con el elevado índice de fracaso habitual en el desarrollo de nuevos fármacos oncológicos, donde solo una fracción reducida de los compuestos que entran en fase de investigación llega finalmente a comercializarse. La extracción y el procesamiento de estos principios activos exige expediciones científicas en distintos puntos del planeta y procesos posteriores de síntesis química que permitan reproducir a escala industrial moléculas presentes de forma natural en cantidades mínimas.
El recurso a organismos marinos como fuente de nuevos principios activos no es exclusivo de esta empresa, pero sí resulta infrecuente como eje central de una estrategia de investigación sostenida durante cuatro décadas. La oncología concentra una parte sustancial de la inversión en investigación y desarrollo farmacéutico a escala global, ante el aumento sostenido de la incidencia del cáncer vinculado al envejecimiento poblacional.
España cuenta con un tejido de empresas biotecnológicas que, aunque de menor tamaño que el de potencias como Estados Unidos, Alemania o Reino Unido, ha ganado peso en los últimos años, con compañías que han logrado proyección internacional en el desarrollo de terapias innovadoras. La trayectoria de la empresa coincide con los debates recurrentes del sector sobre la necesidad de incrementar la inversión pública en I+D+i para evitar la fuga de talento científico hacia otros países europeos con mayores recursos.
El impacto declarado en más de 150.000 pacientes a lo largo de cuatro décadas sitúa a la compañía como un actor relevante dentro del ecosistema farmacéutico español, en un momento en que la industria biotecnológica nacional busca consolidar su posición en los mercados internacionales frente a la competencia de gigantes con mayor capacidad de inversión en investigación oncológica.

