El hallazgo llega en un momento en que Groenlandia concentra la atención informativa internacional por motivos ajenos a la oceanografía: el presidente estadounidense, Donald Trump, ha reiterado desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025 su interés en que Estados Unidos se haga con el control de la isla, actualmente territorio autónomo bajo soberanía danesa. El estudio de la NASA, en cambio, se enmarca en un programa de investigación climática ajeno a esa disputa geopolítica y responde a preguntas científicas planteadas desde hace más de una década sobre el comportamiento de los fiordos groenlandeses.
El glaciar Jakobshavn, laboratorio natural del deshielo
El glaciar Jakobshavn, conocido también por su nombre en groenlandés, Sermeq Kujalleq, es uno de los más estudiados del planeta por su velocidad de retroceso. Según los datos citados por la NASA en su comunicado oficial, esta masa de hielo pierde unos 293.000 millones de toneladas al año, cifra que lo sitúa entre los mayores contribuyentes individuales a la pérdida de masa de la capa de hielo groenlandesa. Su ubicación en la costa occidental y su acceso desde estaciones científicas cercanas lo han convertido en referencia para monitorizar los efectos del calentamiento ártico desde finales del siglo pasado.
La capa de hielo de Groenlandia, la segunda más extensa del mundo tras la Antártida, ha experimentado una aceleración de su deshielo en las últimas tres décadas, según sucesivos informes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) y de servicios de monitorización como el Programa Copernicus de la Unión Europea. Ese proceso, ampliamente documentado como motor del aumento del nivel del mar, es el que ahora los autores sitúan también en el origen de un fenómeno biológico menos conocido: el afloramiento inducido por la descarga glaciar.
Un superordenador para simular un sistema oculto bajo el hielo
Para reconstruir un proceso que ocurre en gran parte bajo el hielo y en fiordos de difícil acceso, el equipo liderado por Wood y por el oceanógrafo Dustin Carroll, también de la Universidad Estatal de San José, recurrió a computación de alto rendimiento. Según explican los autores en declaraciones recogidas por la NASA, construyeron «un modelo biogeoquímico de alta resolución integrado en una estimación del estado global» para evaluar cómo el afloramiento impulsado por la descarga influye en la productividad primaria y en los flujos de carbono, simulando la interacción entre corrientes, temperatura, nutrientes y organismos marinos a escalas espaciales muy reducidas.
Carroll resumió el reto metodológico señalando que el equipo se enfrentaba «al problema clásico de intentar comprender un sistema tan remoto y enterrado bajo el hielo», por lo que necesitaban «un modelo informático excepcional» capaz de reconstruir dinámicas casi imposibles de medir directamente sobre el terreno con la frecuencia necesaria. El comunicado de la NASA subraya que los oceanógrafos buscan comprender qué impulsa a estos organismos, que «absorben dióxido de carbono y sustentan la pesca mundial».
Más fitoplancton, pero menos absorción de CO2 de lo esperado
El estudio concluye que el afloramiento provocado por la descarga de agua de deshielo incrementa la productividad de fitoplancton en verano entre un 15% y un 40% en Qeqertarsuup Tunua, la bahía de Disko, en el oeste de Groenlandia. Los autores describen además la aparición de una floración estival adicional a la floración de primavera ya documentada en trabajos anteriores. Wood advierte, no obstante, un matiz decisivo: «La absorción anual de dióxido de carbono aumenta solo en un ~3% debido a la menor solubilidad en las aguas aflorantes de la pluma», porque las masas que emergen desde las profundidades disuelven peor ese gas que las aguas superficiales.
El fitoplancton, organismos microscópicos que realizan la fotosíntesis en el agua, constituye la base de la cadena trófica marina y desempeña un papel relevante en la absorción de dióxido de carbono atmosférico. La distancia entre el fuerte repunte de productividad y el escaso incremento de captación de CO2 rebaja, según el propio estudio, cualquier lectura del fenómeno como un sumidero de carbono relevante frente al calentamiento.
Posibles efectos en la fauna marina, sin conclusiones cerradas
Los autores apuntan que ese incremento de la productividad primaria «podría alterar la productividad costera de Groenlandia y el ciclo del carbono en futuros escenarios climáticos», con potencial impacto en cascada sobre poblaciones de peces y mamíferos marinos que dependen del fitoplancton, directa o indirectamente, como base alimentaria. No obstante, el artículo evita conclusiones definitivas sobre pesquerías o biodiversidad y sitúa esa verificación en el terreno de futuras campañas de muestreo.
Cómo se mide el deshielo groenlandés
La monitorización del deshielo en Groenlandia se apoya en fuentes independientes con validación cruzada: los satélites de la misión GRACE y su sucesora GRACE-FO, gestionados por la NASA y el Centro Aeroespacial Alemán, miden variaciones de masa de hielo mediante gravimetría desde 2002; el Programa Copernicus de la Unión Europea complementa esos datos con altimetría y temperatura superficial. Estas fuentes coinciden en que la pérdida de masa de hielo groenlandesa se ha acelerado de forma sostenida desde comienzos de siglo, con variaciones anuales ligadas a las condiciones meteorológicas de cada temporada.
El interés por los fiordos árticos desde los años noventa
El interés científico por los fiordos groenlandeses y su papel en la circulación oceánica no es nuevo: desde los años noventa, expediciones oceanográficas europeas y estadounidenses han documentado cómo el agua de deshielo, más dulce y menos densa, altera las corrientes profundas de estas zonas. La novedad del trabajo de Wood y Carroll reside en la cuantificación mediante modelos de alta resolución del efecto concreto sobre la productividad biológica, un paso que hasta ahora resultaba difícil de establecer con precisión por la escasez de mediciones directas en aguas remotas e inaccesibles durante buena parte del año.
Conviene subrayar que la difusión de este hallazgo procede, por ahora, del comunicado de la propia NASA y de la publicación original en Nature Communications: Earth & Environment, sin que otras cabeceras científicas independientes hayan aportado aún un análisis propio o una revisión crítica adicional de la metodología.
Qué queda por confirmar
Los propios autores remarcan que sus conclusiones se basan en simulaciones y no en observaciones directas continuadas, por lo que plantean como siguiente paso la validación del modelo con campañas de muestreo en la bahía de Disko y en otros fiordos de dinámica similar. La comunidad científica someterá previsiblemente el trabajo al escrutinio posterior a la publicación, un proceso que podría matizar, confirmar o ampliar las cifras difundidas hasta ahora.

