Quince días después del inicio del bloqueo — cuya fecha exacta de inicio es objeto de disputa: Irán considera que el «cierre por seguridad» del estrecho comenzó el 29 de abril, mientras que la comunidad internacional fija la interrupción real del tránsito comercial en el 28 de abril — la geometría geopolítica de la crisis no ha mejorado en ninguna de sus dimensiones. La reunión de «coordinación técnica» que diplomáticos de Irán y Omán mantuvieron este miércoles en Mascate, capital del sultanato que históricamente ha actuado como mediador entre Teherán y Occidente, concluyó sin comunicado oficial. Fuentes diplomáticas europeas en el Golfo describen la reunión como «constructiva» pero advierten de que Irán no ha modificado ninguna de sus exigencias nucleares previas a cualquier reapertura.
La geopolítica del petróleo tiene en Ormuz su punto de máxima presión. Por este estrecho de 38 kilómetros de anchura en su punto más estrecho transita, en circunstancias normales, entre el 20% y el 21% del petróleo que se consume en todo el mundo, y aproximadamente el 17% del gas natural licuado (GNL) global, principalmente de Qatar. Para España, la dependencia es especialmente elevada: según datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), el 60% de las importaciones españolas de crudo provienen de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Iraq, todos ellos con salida natural por Ormuz. Las reservas estratégicas españolas, que por normativa comunitaria deben cubrir 90 días de consumo, se sitúan actualmente en 94 días, según el último informe de CORES publicado el 7 de mayo.
El tráfico marítimo en la zona muestra los primeros signos de lo que los analistas denominan «puentes alternativos de alto coste». Al menos tres petroleros de muy gran porte (VLCC, Very Large Crude Carriers, con capacidad superior a 2 millones de barriles) de bandera china han transitado el estrecho en las últimas 72 horas, lo que los observadores interpretan como una señal de que Pekín ha negociado algún tipo de corredor preferencial con las autoridades iraníes que le permite mantener el suministro a sus refinerías sin las interrupciones que padecen los cargamentos europeos y estadounidenses. El tercer VLCC confirmado, el Yuan Hua Hu, identificado por el sistema de seguimiento satelital MarineTraffic a las 14:37 UTC de este miércoles, transporta aproximadamente 2 millones de barriles de crudo árabe ligero con destino a la refinería de Zhoushan en la provincia de Zhejiang.
La Agencia Internacional de la Energía ha adoptado esta tarde una posición de mayor urgencia que en sus comunicados anteriores. El director ejecutivo, Fatih Birol, ha convocado para el viernes 15 una reunión extraordinaria del Comité Permanente del Petróleo de la OCDE para valorar la activación coordinada de las reservas estratégicas de los países miembros. El mecanismo, conocido como IEA Collective Action, se ha activado en tres ocasiones anteriores: en 1991 tras la invasión iraquí de Kuwait, en 2005 tras el huracán Katrina y en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania. En los tres casos, la liberación coordinada de reservas consiguió amortiguar el pico de precios, aunque no revertirlo completamente mientras persistió el factor de perturbación.
La respuesta de la administración Trump ha sido dual: retórica agresiva y acción diplomática limitada. El presidente ha publicado esta tarde en su red Truth Social un mensaje en el que califica la postura iraní de «totalmente inaceptable» y amenaza con «consecuencias que Irán no puede imaginar» si el bloqueo no cesa en 72 horas. En paralelo, el Departamento de Estado ha enviado una nota a través del canal de los intereses suizos — el conducto diplomático que Washington utiliza con Teherán en ausencia de relaciones directas — reiterando la disposición a «dialogar» sobre el programa nuclear iraní si se restablece la libertad de navegación. Los analistas del mercado de derivados energéticos interpretan la combinación de amenaza y oferta como un signo de que la Casa Blanca no tiene voluntad real de intervención militar a corto plazo, lo que reduce la probabilidad de una resolución rápida por la vía del garrote.
Los mercados europeos han recibido mal la semana. El IBEX 35 ha cerrado este miércoles a 17.573 puntos, con una caída diaria de 278 puntos (-1,56%), acumulando una pérdida del 5,87% desde el inicio del bloqueo el 28 de abril. Los sectores más castigados han sido las aerolíneas — IAG, matriz de Iberia, cede un 3,2% en la semana — y las empresas intensivas en energía: Acerinox (-4,1%), ArcelorMittal España (-3,8%), Repsol (-2,7%). Paradójicamente, Repsol se comporta mejor que el mercado porque sus ingresos upstream (extracción y producción) se benefician del alza del precio del barril, compensando parcialmente el encarecimiento de sus costes en el segmento downstream (refino y distribución). El Euríbor a 12 meses ha subido esta semana dos puntos básicos adicionales, hasta el 2,83%, anticipando que el BCE podría revisar su senda de bajadas de tipos si la inflación repunta por el encarecimiento energético.
Las empresas energéticas españolas han activado sus planes de contingencia. Repsol ha confirmado que el 70% de su cartera de contratos de crudo tiene cláusulas de fuerza mayor activables para el suministro del Golfo Pérsico y que está negociando contratos spot de crudo norteafricano y del Mar del Norte para compensar la reducción del flujo de crudos árabes. Naturgy, que importa GNL de Qatar a través de Ormuz para sus plantas de regasificación en Barcelona y Huelva, ha activado contratos de contingencia con proveedores de GNL estadounidense y australiano, a un coste estimado de 15 a 20 dólares adicionales por MBtu. La Comisión Nacional de Mercados y la Competencia (CNMC) ha emitido una circular recordando a las comercializadoras eléctricas que el encarecimiento del gas no puede trasladarse automáticamente a los consumidores de tarifa regulada antes de la revisión trimestral del precio.
El escenario de riesgo extremo que los analistas contemplan pero que nadie quiere verbalizar públicamente es el de un bloqueo prolongado más allá de 30 días. En ese caso, las reservas estratégicas de la OCDE caerían por debajo del umbral operativo y la activación del mecanismo de la AIE sería insuficiente para estabilizar los precios sin un racionamiento coordinado entre países consumidores. La última vez que Europa afrontó un racionamiento energético fue en el invierno de 2022-2023, con el gas ruso, y la gestión de aquel episodio — con su combinación de solidaridad interestatal, ahorro obligatorio y diversificación de emergencia — sigue siendo el manual de referencia que los ministerios de energía europeos están leyendo esta semana con renovada atención.
El contexto geopolítico más amplio añade capas de incertidumbre adicionales. Arabia Saudí ha dicho que está dispuesta a aumentar su producción para compensar parcialmente la interrupción del tránsito iraní, pero que cualquier incremento de bombeo necesitará entre cuatro y seis semanas para llegar a los mercados europeos por rutas alternativas al Cabo de Buena Esperanza. Los cálculos de tiempo y distancia son reveladores: un superpetrolero que sale del Golfo Pérsico con destino a Rotterdam tarda normalmente 20 días por Ormuz y el canal de Suez; por el Cabo de Buena Esperanza, la misma ruta requiere entre 35 y 40 días. La diferencia no es solo de tiempo sino de coste: el seguro de los superpetroleros en la ruta del Cabo está subiendo exponencialmente, y el precio del flete spot para VLCCs se ha multiplicado por 3,2 desde el inicio del bloqueo.

