La cotización de Nokia sigue todavía lejos de su máximo de las últimas 52 semanas, 14,92 euros, pero la secuencia alcista ha devuelto a la empresa a niveles que no visitaba desde 2008, año previo a la crisis financiera global. El precedente histórico da la medida del vuelco: Nokia fue durante más de una década el mayor fabricante de teléfonos móviles del mundo antes de que la irrupción del smartphone —con Apple y Samsung a la cabeza— la relegara a un actor secundario en el negocio de consumo tras el estallido de la burbuja puntocom, obligándola a reinventarse como proveedor de infraestructura de redes.
La reconversión actual tiene un nombre propio: Nvidia. En octubre de 2025, la compañía dirigida por Jensen Huang anunció una inversión de 1.000 millones de dólares en Nokia, con la que se hizo con en torno al 3% del capital de la finlandesa. La operación, más allá de su componente financiero, se interpretó en los mercados como un espaldarazo estratégico: Nvidia identificó en Nokia un socio con el que desplegar infraestructura de inteligencia artificial dentro de las propias redes móviles, un segmento en el que el gigante de los semiconductores carecía de presencia directa.
El resultado de esa alianza es la arquitectura conocida como AI-RAN, que integra cargas de trabajo de inteligencia artificial en la infraestructura de telecomunicaciones. Nokia aporta el software que gestiona las redes de acceso radioeléctrico, mientras que Nvidia suministra los chips y los sistemas de computación acelerada necesarios para ejecutar los modelos de IA directamente en los nodos de red, sin necesidad de enviar los datos a centros de proceso externos. Según la explicación de la compañía, la red puede así repartir de forma automática la capacidad disponible entre los usuarios y optimizar el uso del espectro radioeléctrico, un recurso escaso y regulado por los organismos nacionales de telecomunicaciones.
Esa optimización permitiría ganar velocidad y reducir la latencia sin necesidad de levantar nuevas antenas, un factor que la industria considera determinante de cara al despliegue futuro del estándar 6G, todavía en fase de definición técnica a nivel internacional. El impacto de la alianza se refleja también en las previsiones de la propia Nokia, que elevó su estimación de crecimiento anual del mercado de infraestructura de IA y nube al 27% para el periodo 2025-2028, frente al 16% que manejaba antes del acuerdo con Nvidia. Esa revisión al alza del guidance —la orientación que las cotizadas ofrecen a los inversores sobre su evolución futura— ha sido uno de los factores que ha alimentado el optimismo bursátil de los últimos meses.
La retirada de China, un lastre convertido en palanca
Mientras el mercado premia la apuesta por la inteligencia artificial, Nokia ha ejecutado en paralelo una reducción discreta pero sostenida de su presencia en China. Los ingresos de la compañía en ese país cayeron de 2.200 millones de euros en 2018 a 913 millones en 2025, un retroceso superior al 58% en siete años que refleja la pérdida de cuota frente a los fabricantes locales Huawei y ZTE, que dominan hoy el mercado chino de telecomunicaciones. La cuota de Nokia en ese mercado se estima por debajo del 3%, una posición que la compañía considera insostenible a la luz de su nueva orientación estratégica.
Esa asimetría, sostenida durante años por razones de presencia global, se ha vuelto cada vez más difícil de justificar a medida que Nokia estrecha lazos con Nvidia, compañía sometida a restricciones de exportación de semiconductores a China por parte del Gobierno de Estados Unidos. Mantener una posición relevante en el mercado chino mientras se profundiza la alianza con un proveedor estadounidense sujeto a controles de exportación habría supuesto, según el análisis que traslada la propia dirección, un riesgo geopolítico creciente para la finlandesa.
La compañía ha ido despejando ese riesgo mediante una serie de movimientos corporativos. En diciembre de 2025 compró el 100% de su filial Nokia Shanghai Bell, hasta entonces participada de forma conjunta, para simplificar su estructura societaria en el país. Siete meses después, en julio de 2026, anunció una dotación de 350 millones de euros destinada a reestructurar sus operaciones chinas, que incluye el cierre de su centro de investigación y desarrollo en Hangzhou y la eliminación de aproximadamente 1.600 puestos de trabajo.
Ese proceso añade costes extraordinarios a los resultados trimestrales, en forma de indemnizaciones y gastos de cierre de instalaciones, un desgaste contable que la dirección de Nokia asume como precio necesario para alinear el negocio con sus prioridades en inteligencia artificial y reducir su exposición a un mercado cada vez menos rentable. La operación exige una disciplina de caja estricta para no comprometer la inversión en la nueva línea de negocio con Nvidia.
El trasfondo de esta retirada conecta con una disputa tecnológica de mayor calado entre bloques. China ha convertido el desarrollo del estándar 6G en un objetivo estratégico nacional, con el respaldo de Huawei y ZTE, ambas señaladas en el pasado por Estados Unidos y varios socios europeos por presuntos riesgos de seguridad en sus equipos de red, acusaciones que las compañías chinas han negado reiteradamente. La Unión Europea, a través de instrumentos como la caja de herramientas 5G aprobada por la Comisión Europea en 2020, ha impulsado a sus Estados miembros a limitar la presencia de proveedores considerados de alto riesgo en infraestructuras críticas, un marco que beneficia indirectamente a fabricantes europeos como Nokia y la sueca Ericsson.
En ese contexto, la apuesta de Nokia por convertirse en un proveedor central de infraestructura para la inteligencia artificial en redes occidentales adquiere una dimensión que trasciende lo puramente bursátil. La compañía finlandesa, con sede en Espoo, compite no solo por cuota de mercado frente a Ericsson, Huawei y ZTE, sino por posicionarse como socio de referencia de la industria estadounidense de semiconductores en un momento en que Washington y Bruselas refuerzan sus políticas de resiliencia tecnológica frente a China.
Los próximos hitos que marcarán la evolución de esta estrategia incluyen las próximas presentaciones de resultados trimestrales de Nokia, en las que el mercado seguirá el impacto de los costes de reestructuración en China frente al avance de los ingresos derivados de la alianza con Nvidia. También pesará el ritmo de adjudicación de contratos de despliegue de AI-RAN por parte de operadoras móviles en Europa, Estados Unidos y Asia, así como los avances en la definición del estándar 6G, cuyo calendario los organismos internacionales de estandarización prevén completar hacia finales de esta década.

