La cifra contrasta con los 1,2 millones de especies de insectos que los taxónomos han descrito y nombrado formalmente hasta ahora. Según el estudio, la inmensa mayoría de las especies calculadas sigue sin catalogar, sin descripción científica y, en muchos casos, sin que nadie sepa todavía que existen.
El equipo analizó el código de barras genético de 1.633.855 insectos capturados con 15 trampas Malaise en el Área de Conservación Guanacaste, en el noroeste de Costa Rica, una zona protegida que combina bosque seco, bosque nuboso y selva húmeda. Esta técnica secuencia un fragmento corto del material genético para distinguir especies que la simple observación morfológica no logra diferenciar entre sí.
Los investigadores emplearon un grupo concreto de avispas parasitoides de la subfamilia Microgastrinae como referencia para calcular cuántas especies quedaban sin detectar en cada muestra. A partir de 21.669 ejemplares de estas avispas, recogidos con trampas y también criados a partir de orugas parasitadas, calcularon un ratio de infrarrepresentación que después aplicaron al resto de los insectos capturados en la reserva.
Ese cálculo elevó la cifra de especies de insectos solo en Guanacaste hasta casi 333.000, partiendo de las 53.945 especies detectadas directamente en las trampas. Para extrapolar el dato de una reserva de Costa Rica al planeta entero, el equipo comparó esa cifra con el número de especies de árboles en la misma zona y con el número de árboles conocidos en todo el mundo, un método que ya se había aplicado antes con anfibios, mamíferos y polillas de la familia Saturniidae.
Guzman explica que cada nuevo esfuerzo de muestreo saca a la luz especies distintas, lo que confirma que la biodiversidad real permanece muy por debajo de lo documentado hasta ahora. Los autores insisten en que su estimación de 14 a 20 millones es un suelo conservador y no un techo, ya que las trampas usadas en el estudio no llegan al dosel de los bosques ni capturan bien a todos los órdenes de insectos.
El hallazgo llega en paralelo a los informes que alertan de un declive acelerado de las poblaciones de insectos en distintas regiones del planeta. Guzman advierte de que muchas especies podrían estar desapareciendo antes de que la ciencia llegue a describirlas, lo que impide calcular con precisión el alcance real de esa pérdida.
Los insectos polinizan cultivos, descomponen materia orgánica y sostienen buena parte de las cadenas alimentarias terrestres. Los autores del estudio en PNAS sostienen que duplicar o triplicar la cifra aceptada durante cuatro décadas obliga a revisar los planes de conservación, centrados hasta ahora en una fracción mínima de la diversidad de insectos que existe en realidad.

