La confluencia de cuatro factores de riesgo simultáneos — la sentencia del caso Koldo a las diez de la mañana, el ultimátum de Trump a Irán que expira a las seis y cuarto de la tarde, la crisis orgánica del PSOE y la muerte del primer paciente de hantavirus en España — configura un escenario de volatilidad que los modelos cuantitativos de las principales gestoras españolas califican como el de mayor incertidumbre desde la pandemia. Bankinter emitió a las nueve de la noche una nota dirigida a sus clientes institucionales en la que, por primera vez en esta legislatura, recomendaba reducir exposición a valores cíclicos españoles hasta que se despejara al menos uno de los cuatro frentes abiertos. La nota, a la que ha tenido acceso El Hemiciclo, utilizaba un lenguaje inusualmente directo para el conservadurismo habitual de la banca de inversión española: la simultaneidad de riesgo político doméstico, riesgo geopolítico, riesgo sanitario y riesgo regulatorio crea un perfil de incertidumbre que excede los parámetros normales de gestión de carteras.
El desplome semanal de Grifols ilustra cómo la acumulación de riesgos amplifica los movimientos de valores individuales. La farmacéutica catalana perdió un 4,2% en la sesión de hoy tras una rebaja de recomendación de Goldman Sachs, que pasó de neutral a vender citando la exposición de la compañía al mercado estadounidense en un contexto de aranceles crecientes y la incertidumbre sobre la integración de la filial china. A esa rebaja se sumó la de Morgan Stanley la semana pasada, que había reducido el precio objetivo un veintidós por ciento. El resultado neto es un desplome del 7,8% semanal que ha situado el título en su nivel más bajo desde febrero y que ha provocado un goteo de ventas de fondos indexados que se retroalimenta con las posiciones cortas especulativas. Los analistas de Renta 4 advirtieron esta noche de que, si el Brent supera los cien dólares mañana, Grifols podría perder un tres por ciento adicional por el impacto de los costes logísticos en sus márgenes de plasma.
En el extremo opuesto del selectivo, Repsol emergía como la única gran beneficiada de la crisis de Ormuz, con una revalorización semanal del 3,2% impulsada por la escalada del crudo. La petrolera española, que produce aproximadamente setecientos mil barriles equivalentes de petróleo al día, ve cómo cada dólar de subida del Brent se traduce en aproximadamente doscientos millones de euros adicionales de beneficio neto anualizado. Pero incluso Repsol enfrenta riesgos en este escenario: si la crisis de Ormuz escala hasta un conflicto abierto que interrumpa el tráfico marítimo por el Estrecho, las operaciones de la compañía en el Golfo Pérsico — que representan un quince por ciento de su producción — se verían directamente afectadas. El mercado, con su habitual miopía de corto plazo, celebra la subida del precio sin calcular el riesgo de interrupción operativa.
El dato del euríbor al 2,87% merece un análisis separado porque su impacto llega directamente al bolsillo de millones de familias españolas. El indicador, que mide el tipo de interés al que los bancos se prestan dinero entre sí a doce meses, ha subido treinta y dos puntos básicos en las últimas cuatro semanas, impulsado por la expectativa de que el BCE retrase la próxima bajada de tipos ante la subida de los precios energéticos. Para una hipoteca variable media de ciento cincuenta mil euros a veinticinco años revisada con euríbor más un diferencial del uno por ciento, la subida se traduce en un incremento de sesenta y ocho euros mensuales respecto a la cuota de enero. Multiplicado por los aproximadamente cuatro millones de hipotecas variables vigentes en España, el impacto agregado es de unos doscientos setenta millones de euros mensuales de poder adquisitivo que desaparece de las familias y migra al sistema bancario. La paradoja es brutal: los bancos ganan más pero sus clientes gastan menos, lo que a medio plazo termina deteriorando la calidad de los activos hipotecarios.
SEAT confirmó oficialmente esta noche el segundo Expediente de Regulación Temporal de Empleo en su planta de Landaben, Navarra, que afectará a mil doscientos trabajadores desde el 9 de junio. La compañía citó dos factores: la caída de pedidos del modelo Tarraco por la incertidumbre arancelaria de Trump — que amenaza con un arancel del 35% a los automóviles europeos desde el 4 de julio — y el encarecimiento de componentes importados de Asia por la subida de los costes de transporte marítimo derivada de la crisis de Ormuz. ANFAC, la patronal del automóvil, elevó esta noche a catorce mil millones de euros su estimación del impacto potencial de los aranceles Trump sobre el sector automovilístico español, dos mil millones más que la estimación de la semana pasada. La cifra incluye tanto el impacto directo en exportaciones a Estados Unidos como el efecto indirecto de la reordenación de cadenas de suministro globales que los aranceles provocarían.
El mercado de deuda soberana española enviaba señales mixtas que reflejan la complejidad del momento. El bono español a diez años cerró en el 3,42%, con una prima de riesgo frente a Alemania de 98 puntos básicos, ligeramente por debajo de los 102 que alcanzó el viernes. La ligera mejora se debe a que los inversores internacionales, pese a la incertidumbre política doméstica, siguen considerando que España es un activo relativamente seguro dentro del universo periférico europeo, especialmente comparado con Italia, cuya prima ha escalado a 147 puntos. Pero los credit default swaps — los seguros contra impago de la deuda española — subieron un doce por ciento en la semana, una señal de que el mercado de derivados, generalmente más sofisticado que el de contado, está empezando a poner precio a un escenario de deterioro fiscal si la crisis política se prolonga y los presupuestos de 2026 siguen sin aprobarse.
El sector inmobiliario, que lleva meses mostrando signos de agotamiento del ciclo alcista, recibió esta noche un golpe adicional con la publicación por parte del INE de los datos de transacciones de vivienda de abril, que mostraron una caída del ocho por ciento interanual en las operaciones de compraventa. Los expertos del sector atribuyen el descenso a la combinación del euríbor al alza — que encarece las hipotecas y reduce la capacidad de endeudamiento de los compradores — y la incertidumbre general que disuade las decisiones de compra de gran calado. El dato es particularmente preocupante en las comunidades autónomas con mayor peso del turismo residencial — Baleares, Canarias, Costa del Sol —, donde la crisis de Ormuz y la alarma sanitaria del hantavirus podrían provocar cancelaciones de reservas que a su vez debiliten la demanda de vivienda vacacional.
A las diez de la noche, los operadores de las mesas de Londres y Frankfurt que cubren valores españoles preparaban sus posiciones para una jornada que promete ser histórica. El consenso entre los estrategas consultados por El Hemiciclo es que la apertura del IBEX mañana jueves se producirá con un gap bajista de entre cien y doscientos puntos, dependiendo de cómo evolucionen el Brent y los futuros estadounidenses durante la madrugada. El nivel técnico clave es el 17.400, un soporte que, si se pierde, abriría la puerta a una corrección hasta los 17.000 puntos, un nivel no visto desde marzo. Pero los mercados, como bien saben los que viven de ellos, tienen la costumbre de sorprender tanto al alza como a la baja. Si mañana a las seis y cuarto de la tarde Irán acepta el acuerdo de Ormuz y la sentencia del Koldo resulta más leve de lo esperado, el rebote podría ser tan violento como la caída. La volatilidad, en definitiva, no es solo riesgo: también es oportunidad. Pero esta noche, en los despachos de los gestores españoles, pesaba más el riesgo que la oportunidad.


