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El IBEX vive la sesión más volátil del año: se desploma un 3,1% tras la sentencia del Koldo, recupera con el acuerdo de Irán y cierra en 17.645 mientras el Brent se derrumba cinco dólares y Grifols sufre un nuevo golpe de Morgan Stanley

La confluencia de la sentencia judicial, la crisis del PSOE, el brote de hantavirus y el acuerdo in extremis con Irán ha generado una sesión de volatilidad histórica que los analistas comparan con los días posteriores a la invasión de Ucrania. Los bancos han sido los más castigados, con Sabadell perdiendo un 4,2% y CaixaBank un 2,8%. Repsol, única beneficiada por la mañana, ha retrocedido tras el desplome del Brent. Gold retrocede desde su récord de 2.792$ a 2.752$.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid· · Actualizado:
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Fotografía de archivo · Bolsa de Madrid con fachada neoclásica de columnas dóricas y reloj, rodeada de árboles en otoño
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Los operadores de la Bolsa de Madrid llevan décadas conviviendo con la volatilidad, pero lo que ocurrió el jueves 22 de mayo entre las 09:00 y las 17:30 no tenía precedente en la memoria reciente del parqué. La sesión comenzó con los futuros del IBEX 35 en 17.480 puntos, un nivel que ya incorporaba el nerviosismo por la lectura de la sentencia del Koldo, pero lo que vino después superó las previsiones más pesimistas de los gestores de riesgos. A las 10:00, cuando Reuters y Bloomberg lanzaron el primer flash confirmando la condena de Ábalos, el IBEX comenzó una caída libre que lo llevó hasta los 16.920 puntos a las 11:30, un desplome del 3,1% que activó los protocolos de alerta de volatilidad en las principales plataformas de negociación europeas. Los bancos españoles, percibidos por los inversores internacionales como los activos más expuestos al riesgo político doméstico, lideraron las caídas con pérdidas que llegaron al 6,8% en el caso de Sabadell.

La primera fase de la sesión, entre las 09:00 y las 10:00, fue de tensión contenida. Los operadores sabían que la sentencia del Koldo se leería a las 10:00 y que la sesión estaría dominada por su contenido. Los futuros indicaban una apertura ligeramente negativa, en torno al -0,3%, pero los volúmenes de negociación previos a la apertura eran anormalmente altos, con un 40% más de órdenes acumuladas en el libro que en una sesión media. Los fondos de inversión extranjeros habían colocado órdenes condicionadas de venta (stop-loss) en niveles inusualmente próximos al precio de apertura, una señal de que estaban preparados para salir del mercado español a la primera señal de inestabilidad. Bankinter había publicado la noche anterior una nota de precaución que recomendaba reducir exposición a cíclicos españoles — la primera vez en la legislatura que un banco español hacía una recomendación de este tipo citando simultáneamente riesgo político y geopolítico — y Goldman Sachs había elevado su modelo de volatilidad para España al 2,8%, un nivel que no se veía desde marzo de 2022.

A las 10:00, cuando Marchena comenzó a leer la sentencia, el IBEX cotizaba en 17.420 puntos. A las 10:07, cuando el magistrado pronunció la palabra «culpable» por primera vez, el índice cayó 80 puntos en tres minutos. A las 10:15, cuando Reuters distribuyó un despacho titulado «Ábalos condenado a 22 años», la caída se aceleró hasta alcanzar los 100 puntos en un solo minuto. Los algoritmos de trading de alta frecuencia, que representan aproximadamente el 45% del volumen negociado en la Bolsa de Madrid, amplificaron el movimiento al detectar la cascada de órdenes de venta de los fondos extranjeros. A las 10:30, el IBEX había perdido 300 puntos y cotizaba en 17.120. Los operadores veteranos describen los minutos entre las 10:15 y las 10:30 como «un pánico ordenado»: no hubo interrupción de la cotización porque las caídas se mantuvieron dentro de los umbrales de suspensión automática del 5%, pero el ritmo de las ventas era tan intenso que varias acciones — Sabadell, Grifols, Merlin Properties — sí sufrieron suspensiones técnicas individuales de cinco minutos.

El mínimo intradiario llegó a las 11:30 con el IBEX en 16.920 puntos, un nivel que no se veía desde febrero. La confluencia de factores negativos era abrumadora: la sentencia del Koldo alimentaba las ventas de los fondos que consideraban que la condena de un exministro del partido del Gobierno desestabilizaba el marco político; la crisis interna del PSOE, con el comunicado de Page y la cascada de adhesiones al bloque crítico, añadía incertidumbre sobre la gobernabilidad; el Brent seguía en 99,80 dólares, presionando a los valores industriales y de transporte; y la noticia del quinto caso de hantavirus sin contacto con el Hondius generaba un ruido adicional que, aunque menor en términos de impacto directo sobre los beneficios empresariales, contribuía al clima de incertidumbre generalizada. Los bancos fueron los más castigados: Sabadell alcanzó una caída del 6,8% a las 11:00, CaixaBank del 4,5% y Bankinter del 3,2%. La prima de riesgo española se amplió 12 puntos básicos hasta los 98, acercándose al umbral psicológico de los 100.

Grifols vivió su propia pesadilla particular, desconectada del ruido político pero igualmente dolorosa. A primera hora de la mañana, antes de la apertura del mercado europeo, Morgan Stanley había publicado una rebaja de recomendación del valor de «mantener» a «vender», con un precio objetivo revisado a la baja de 12,50 euros a 8,80 euros. El informe de Morgan Stanley, de 42 páginas, se centraba en tres preocupaciones: el nivel de endeudamiento de la compañía tras la fallida OPA de Brookfield, las dudas sobre la contabilidad planteadas por el informe de Gotham City el año anterior y la posible pérdida de cuota de mercado en plasma en el mercado estadounidense frente a CSL Behring. La acción de Grifols abrió con una caída del 3,8% y amplió las pérdidas hasta el 5,3% al cierre, acumulando un -7,8% semanal. Los pequeños accionistas de Grifols, que representan aproximadamente el 35% del capital flotante, vivían una pesadilla prolongada: desde los máximos de 2021, la acción había perdido más del 60% de su valor.

La segunda fase de la sesión, entre las 11:30 y las 17:45, fue de estabilización tensa. El IBEX encontró soporte en la zona de los 17.000-17.100 puntos, donde los fondos de inversión soberanos del Golfo —Kuwait, Abu Dabi y Qatar— comenzaron a comprar selectivamente valores bancarios e industriales a precios que consideraban de ganga. El fondo soberano de Noruega, el mayor inversor institucional del mundo, incrementó su posición en Inditex y Ferrovial según los registros de la CNMV publicados a las 15:00. La intervención de los fondos soberanos estabilizó el mercado pero no lo recuperó: a las 17:00, el IBEX seguía en 17.300, con una caída del 1,8% que los gestores habían asumido como el precio inevitable de una jornada de cuatro crisis simultáneas. El euríbor se mantuvo estable en el 2,87%, un dato que los analistas hipotecarios interpretaban con alivio relativo dado el contexto de turbulencia.

Entonces llegó Mascate. A las 17:45, cuando los flashes de Reuters y Bloomberg anunciaron el acuerdo preliminar entre Irán y Estados Unidos, los mercados reaccionaron con una velocidad que sorprendió incluso a los operadores más experimentados. Repsol, que había sido la única gran empresa en positivo durante la mañana gracias a la escalada del Brent, giró a negativo al cerrarse la prima de riesgo petrolero: la caída del crudo de 99,80 a 94,50 dólares eliminaba la ventaja del margen de refino que había sostenido al valor. Los bancos, por el contrario, fueron los más beneficiados por el rally: Sabadell recuperó desde el -6,8% hasta el -4,2%, y CaixaBank desde el -4,5% hasta el -2,8%.

El cierre del IBEX quedó en 17.645 puntos, una caída del 1,35% respecto al cierre anterior. La cifra, leída aisladamente, podría parecer una corrección menor, pero escondía una historia de volatilidad extrema: entre el mínimo de las 11:30 (16.920) y el máximo del rally vespertino (17.680), el índice había recorrido 760 puntos, una amplitud que representaba el 4,4% del valor del índice. Los analistas de Bankinter, que habían sido los primeros en alertar de la sesión volátil, publicaron una nota de cierre que describía la jornada como «la tormenta perfecta con un final inesperado» y mantenían su recomendación de prudencia para las próximas sesiones, argumentando que el acuerdo de Mascate era provisional y que los factores de riesgo doméstico — la ejecutiva del PSOE del viernes, el recurso de Begoña Gómez, la evolución del hantavirus — seguían plenamente activos.

El mercado de deuda español reflejó la jornada con una ampliación de la prima de riesgo que se moderó al cierre pero no se revirtió completamente. El diferencial entre el bono español a 10 años y el alemán pasó de 86 puntos básicos al cierre del miércoles a un máximo intradiario de 98 a las 11:30, para cerrar en 91. La ampliación de 5 puntos respecto al cierre anterior era significativa pero no alarmante, y los analistas la atribuían más al componente de riesgo político de la sentencia del Koldo y la crisis del PSOE que al impacto económico directo. El Tesoro Público, que tenía programada una emisión de bonos para la próxima semana, monitorizaba la situación con preocupación: una prima de riesgo por encima de 100 encarecería la financiación del Estado y complicaría la negociación presupuestaria de otoño.

El oro, que había sido el gran beneficiado de las últimas semanas de crisis, retrocedió desde su récord de 2.792 dólares —marcado el miércoles— hasta los 2.752 dólares al cierre del jueves, una caída del 1,4% provocada por la reducción del riesgo geopolítico tras el acuerdo de Mascate. Sin embargo, los analistas de metales preciosos advertían de que la corrección era técnica y que los factores estructurales que habían impulsado al oro — incertidumbre geopolítica, compras de bancos centrales, debilidad relativa del dólar — seguían vigentes. Si las negociaciones de Irán fracasaban o el brote de hantavirus se agravaba, el oro retornaría rápidamente a la zona de los 2.800 dólares. El bitcoin, por su parte, se comportó como refugio alternativo durante la mañana, subiendo un 3,2% hasta los 71.400 dólares, pero devolvió las ganancias por la tarde y cerró prácticamente plano en 69.100.

La jornada dejaba una lección clara para los gestores de fondos: España había entrado en un régimen de volatilidad elevada que no obedecía a un solo factor sino a una combinación inédita de riesgos políticos, judiciales, geopolíticos y sanitarios. Los modelos tradicionales de valoración del riesgo, diseñados para escenarios donde un shock domina y los demás permanecen estables, no funcionaban en un entorno donde cuatro shocks interactuaban simultáneamente. La sesión del jueves 22 de mayo sería estudiada en las escuelas de negocios como un caso de estudio sobre la dificultad de gestionar carteras en un entorno de riesgo sistémico multidimensional. Y para los inversores particulares españoles, la montaña rusa del jueves fue un recordatorio brutal de que los mercados pueden destruir y reconstruir la confianza en el lapso de una sola sesión.

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